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febrero 06, 2026

Debate por prohibición de redes sociales a menores llega a Quintana Roo

Quintana Roo

Debate por prohibición de redes sociales a menores llega a Quintana Roo

Manuel Baeza / Grupo Cantón

¿Muro digital o vacío legal? El debate por la prohibición de redes sociales en menores llega a Quintana Roo.

Cancún.- Mientras naciones como España marcan una línea tajante al prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, México —y particularmente Quintana Roo— navega en un silencio legislativo que mantiene a la infancia en una vulnerabilidad digital sin precedentes.

La iniciativa global, impulsada por el temor a la trata de personas y la pornografía infantil, plantea una interrogante que sacude las estructuras familiares y políticas: ¿es la prohibición la cura definitiva o simplemente un paliativo ante la falta de supervisión humana?

En la entidad, el vacío de análisis sobre el tema contrasta con la realidad de las aulas y hogares, donde dispositivos electrónicos se han convertido en los “cuidadores” principales de las nuevas generaciones.

La discusión no es menor, pues se centra en si las plataformas digitales son herramientas que potencian el aprendizaje o si, por el contrario, inhiben el desarrollo cognitivo al sustituir la interacción humana por algoritmos.

Ante este escenario, especialistas advierten que el riesgo no reside únicamente en la tecnología, sino en la estructura neuronal que se está formando bajo su influencia.

Especialistas alertan sobre efectos neurológicos y emocionales

La especialista en salud mental, Sandybel Robaldino, ofrece una perspectiva científica crucial al señalar que la infancia es el periodo donde se construyen las redes neuronales básicas.

Según la experta, si el aprendizaje, el vínculo afectivo y la regulación emocional quedan en manos de un algoritmo, se corre el riesgo de formar seres condicionados por la tecnología en lugar de individuos racionales y sensibles.

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La relación entre lo aprendido en los primeros años y la vida adulta es estructural y determinante, lo que justifica una valoración urgente sobre las restricciones de acceso.

Lo más central de la etapa de infancia es cómo aprender, cómo vincularse y cómo regular emociones; si estos ejes se encuentran en manos de un aparato electrónico, tendremos seres formados por aparatos tecnológicos y no por humanos racionales y sensibles

La experta sostiene que toda prohibición debe estar anclada a una medición real de riesgo psicosocial, que va desde el discurso de odio y la discriminación hasta violencias más graves como la emocional y la sexual.

Sin embargo, aclara que prohibir por prohibir no elimina la curiosidad ni erradica las vulnerabilidades propias de la edad.

El éxito de cualquier medida restrictiva depende intrínsecamente de un acompañamiento de educación emocional desde el hogar y un refuerzo constante en las esferas escolar y social.

Desde la óptica de las políticas públicas, el reto para Quintana Roo radica en fortalecer instituciones como el SIPINNA y los servicios de salud mental para implementar una verdadera alfabetización digital.

No se trata solo de bloquear aplicaciones, sino de crear un marco de protección que contemple los riesgos de ansiedad, depresión y adicción comportamental que el ciberacoso y el contenido inapropiado están generando en la juventud quintanarroense.

Un punto crítico en esta problemática es la confusión entre “presencia” y “supervisión”.

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La especialista critica la tendencia de los adultos a usar las pantallas como “asistencias de cuidado económicas”.

Estar en la misma habitación que un menor con un iPad no garantiza seguridad; la supervisión real implica ser la “sombra de esa conducta”, guiando el uso de la tecnología en lugar de permitir que esta supla la responsabilidad de crianza.

La realidad es que el acceso descontrolado facilita la difusión de contenido nocivo, pero la existencia de la violencia no depende de la red social misma, sino del entorno que permite su escalada.

Por ello, la discusión en el Congreso del Estado y en las mesas de salud debe trascender la simple prohibición para enfocarse en la prevención de riesgos psicosociales que ya están afectando el tejido social de Cancún y el resto del estado.

Riesgos digitales y desarrollo cognitivo infantil

Finalmente, el debate sobre el desarrollo cognitivo pone sobre la mesa si el aprendizaje digital actual es apto para un crecimiento integral.

La ciencia sugiere que, aunque el daño no es absolutamente irreversible, la plasticidad cerebral de los menores está siendo moldeada por estímulos que no siempre favorecen la empatía o el pensamiento crítico, dejando a la infancia en un estado de vulnerabilidad que la legislación actual aún no alcanza a cubrir.

La urgencia es clara: mientras el mundo pone límites, México sigue evaluando el costo de la conexión permanente.

La pregunta para las autoridades y padres de familia en Quintana Roo permanece en el aire: ¿estamos protegiendo el futuro de la niñez o estamos entregando su desarrollo al mejor postor digital por la comodidad de un silencio tecnológico?

Supervisión, no restricción: Derechos Humanos defiende acceso digital de menores

Ante la creciente tendencia global de prohibir el acceso a redes sociales a menores de edad, la Dirección de Derechos Humanos de Benito Juárez advirtió que una restricción total en México vulneraría el derecho fundamental al acceso a la información.

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Mientras países europeos endurecen sus leyes, en el contexto local se propone un modelo basado en la responsabilidad parental y el uso de herramientas tecnológicas de control, en lugar de leyes prohibitivas que segreguen a las infancias y adolescencias del entorno digital necesario para su desarrollo.

Supervisión parental, eje del debate en Quintana Roo

Edgar Ricardo Mora Ucán, titular de la dependencia, señaló que los adolescentes son sujetos de derechos plenos y que negarles el uso de plataformas digitales por su edad es una medida discriminatoria.

El ombudsperson municipal destacó que internet es hoy una herramienta estructural para la comunicación y el aprendizaje, por lo que la solución no debe ser el bloqueo, sino la implementación de softwares de control parental y la educación constante sobre los riesgos de la red.

Restringírselo sería negarle un derecho que le corresponde igual que a cualquier otra persona; le estaríamos quitando un sistema de información necesario”.

 

Debemos apostar por la supervisión de los tutores y la conciencia sobre los riesgos de contenido violento o contactos desconocidos para garantizar su libre desarrollo“, Finalmente, el funcionario enfatizó que tanto el servicio público como las escuelas y el hogar deben reforzar la alfabetización digital.

La estrategia debe centrarse en la vigilancia activa para prevenir riesgos de explotación o contenido inapropiado, asegurando que la tecnología sea un puente de conocimiento y no un espacio de vulnerabilidad desatendido por los adultos responsables.

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