Manuel Baeza/Grupo Cantón
El obispo Salvador González encabezó la celebración del Domingo de Ramos en Cancún, marcando el inicio de la Semana Santa con un mensaje de fe.
Cancún.- Con decenas de fieles y en un ambiente de profunda devoción, el obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, Salvador González, encabezó la celebración del Domingo de Ramos, marcando así el inicio formal de las actividades de Semana Santa en este destino turístico.
La jornada religiosa comenzó con una procesión que partió de la Parroquia Sagrada Familia y avanzó por diversas calles hasta llegar a la Catedral de Cancún, donde se llevó a cabo la misa principal.
Durante el recorrido, los asistentes portaron palmas y entonaron cantos litúrgicos, recreando uno de los momentos más significativos de la tradición cristiana.
El Domingo de Ramos conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, evento que simboliza humildad, esperanza y el reconocimiento del pueblo hacia su figura.
Este acto marca el inicio de la Semana Mayor, periodo en el que la Iglesia católica recuerda la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
En su mensaje, el obispo exhortó a los fieles a vivir estos días con reflexión, fe y compromiso espiritual, destacando la importancia de fortalecer los valores familiares y comunitarios.
Asimismo, hizo un llamado a mantener la unidad y la paz en medio de los desafíos sociales actuales.
Con esta celebración, la comunidad católica de Cancún se prepara para una serie de actividades litúrgicas que se desarrollarán a lo largo de la semana, incluyendo misas, viacrucis y ceremonias especiales que congregarán a miles de creyentes en distintos puntos de la ciudad.
El trabajo es bendición y redención: Obispo de Cancún
Monseñor Salvador González, obispo de la Diócesis de Cancún-Chetumal, emitió un mensaje de reflexión dirigido a la comunidad, destacando que la espiritualidad de estos días debe trascender los templos y manifestarse en la vida cotidiana, especialmente a través del trabajo.
El jerarca católico reconoció las particularidades de Cancún como destino turístico, donde una gran parte de la población se ve imposibilitada de asistir a las celebraciones litúrgicas debido a sus compromisos laborales.
Ante este panorama, el líder religioso enfatizó que el desempeño de las labores diarias no es un impedimento para la fe, sino una extensión de la misma.
González subrayó que el esfuerzo realizado en los centros de trabajo constituye una forma de entrega y servicio hacia la familia, lo cual dignifica al ser humano.
Según sus palabras, quienes laboran en este periodo pueden encontrar un sentido sagrado en sus acciones al emular el ejemplo de entrega de Jesús hacia los demás, calificando el trabajo como una “bendición y redención”.
Finalmente, el obispo hizo un llamado a quienes gozan de días de asueto para que aprovechen el descanso como una oportunidad de introspección.
Exhortó a los fieles a participar en los signos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, recordando que fortalecer la fe es el objetivo primordial de esta temporada para toda la comunidad cristiana.
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