Manuel Baeza / Grupo Cantón
La Candelaria llenó de fe y tradición las parroquias de Cancún con la bendición de velas y la presentación del Niño Dios.
Cancún.- Bajo el cobijo de una fe inquebrantable, que desafió los vientos frescos del amanecer, Cancún se transformó este 2 de febrero en un santuario de luz y esperanza.
La celebración de la Candelaria no fue solo una fecha en el calendario, sino un reencuentro espiritual donde las familias locales, portando sus imágenes con la ternura de quien carga un tesoro, convirtieron las parroquias en el epicentro de una devoción que trasciende generaciones.
En la histórica Parroquia de Cristo Rey, el incienso y los cánticos marcaron el ritmo desde las 7:00 horas.
El momento cumbre ocurrió al mediodía, cuando el ritual de la bendición de las velas encendió una llama simbólica en el altar; cada cirio bendecido representa ahora la guía divina que los creyentes llevan a sus hogares para iluminar el resto del año.
La emoción alcanzó su punto máximo con la presentación del Niño Dios.
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Los fieles presumieron ajuares meticulosamente elaborados, desde ropajes de seda blanca hasta vestimentas de advocaciones específicas, demostrando que el esmero en el vestir de la imagen es un reflejo del amor y la gratitud de cada familia por los favores recibidos.
Afuera, la mística religiosa se fundió con la calidez de la verbena popular. El aroma a maíz y hojas de plátano anunció el inicio de la tradicional “tamaliza”, cerrando el ciclo iniciado con la Rosca de Reyes.
Así, entre rezos y convivencia, Cancún reafirmó que su identidad comunitaria sigue tan firme como la fe que llenó sus templos.

