Juan R. Hernández / Grupo Cantón
La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que ningún partido puede servir de escudo para delinquir al referirse a la detención del alcalde de Tequila
Ciudad de México.- El sol apenas rompía la neblina en el 12 Batallón de Infantería, en Michoacán, cuando la mañanera tomó un tono más severo.
Uniformes verde olivo, filas impecables y, al centro, un mensaje que no dejó margen a interpretaciones.
Al hablar de la detención del alcalde de Tequila, Diego Rivera, de filiación morenista, la presidenta Claudia Sheinbaum fue tajante:
“Ningún partido puede ser paraguas para delinquir, y menos Morena”.
No fue un desmarque retórico.
La mandataria relató que las investigaciones surgieron de denuncias directas de empresarios y ciudadanos, algunas de ellas recibidas por ella misma, que terminaron en carpetas abiertas en la FGR y, finalmente, en las aprehensiones.
“Malo sería que hubiera denuncias y pruebas y no se hiciera nada”, remató, al insistir en la política de cero impunidad.
A su lado, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, puso el acento en el trabajo silencioso: inteligencia militar, de la Marina y del Centro Nacional de Inteligencia.
Años de seguimiento, dijo, que desembocaron en cuatro detenciones.
Con el mismo tono firme, desestimó un “artículo ficcional” de The New York Times, al que acusó de repetir señalamientos sin pruebas desde el sexenio pasado.
“No tendríamos una reducción del 40 por ciento en homicidios si hubiera colusión”, sentenció.
El caso Tequila volvió a la mesa cuando se preguntó cómo alguien presuntamente ligado al crimen pudo ser postulado.
Sheinbaum explicó que, en su momento, Morena consultó a fiscalías federales y estatales y no existían antecedentes.
La diferencia, subrayó, es actuar cuando aparecen las pruebas.
La mañanera cambió de registro con otra imagen incómoda: la de colaboradores agachados limpiando los zapatos del ministro presidente de la Corte, Hugo Aguilar, en Querétaro.
Sin estridencias, Sheinbaum habló de humildad en el servicio público y calificó como “muy loable” que el ministro ofreciera disculpas.
“Lo malo sería que no hubiera dicho nada”, reflexionó, al atribuir la polémica al descontento por la reforma judicial.
El cierre fue institucional. La presidenta presentó al general Guillermo Briseño como nuevo comandante de la Guardia Nacional.
Se levantó, recibió el reconocimiento y el acto siguió su curso.
Entre disciplina castrense y mensajes políticos, la escena dejó claro que, al menos desde Michoacán, la línea es una sola: nadie por encima de la ley.

