Juan R. Hernández / Grupo Cantón
La presidenta de México anunció que enviará al Congreso una reforma electoral para reducir costos y fortalecer la representación ciudadana
Ciudad de México.- La conferencia avanzaba con ese ritmo de reloj que marca Palacio Nacional cuando la presidenta Claudia Sheinbaum cambió del tablero político al mapa carretero sin levantar la voz.
Primero, la democracia; luego, el asfalto.
Dos temas distintos, pero un mismo hilo: ordenar lo que, dijo, se volvió caro, ineficiente o lejano a la gente.
“Que se tenga la certeza”, pidió al arrancar el tema electoral, mientras acomodaba los papeles frente a ella.
La reforma que enviará al Congreso adelantó no busca borrar a nadie del mapa legislativo, sino poner freno a las listas de plurinominales “de las burocracias partidarias”, esas que nadie vota y casi nadie reconoce.
La pregunta flotó en el salón como eco conocido: ¿por qué en México la democracia tiene que ser la más cara del mundo?
La respuesta, prometió, vendrá en una propuesta “racional”, armada con foros, encuestas y el pulso ciudadano.
Sheinbaum habló de partidos, de representación proporcional, de mexicanos en el exterior que quieren elegir a quien los represente y no recibirlo por lista.
Negó negociaciones en lo oscurito con el Verde o el PT.
“No es un toma y daca”, insistió, mientras anunciaba que tres encuestadoras respaldan una misma exigencia: elecciones menos costosas y una democracia más cercana.
Incluso la inteligencia artificial entró en escena, con la advertencia de regular su uso para que nadie juegue con la voluntad popular desde una pantalla.
El giro vino después, cuando el micrófono pasó al terreno de los baches.
Jesús Antonio Esteva, titular de la SICT, tradujo la política en cifras duras: 50 mil millones de pesos, 18 mil kilómetros de carreteras, 100 mil empleos.
El “Megabachetón” 2026 empezó a dibujarse como una red que conecta Toluca con Cihuatanejo, Acapulco con Veracruz, el Altiplano con el Golfo y el sur-sureste con el resto del país.
Tramos en negro para modernizar, en rojo para repavimentar; trenes de pavimentación que avanzan un kilómetro diario y máquinas que raspan, rellenan y sellan lo que por años se dejó romper.
Democracia participativa arriba, microcarpetas abajo.
Así transcurrió la mañana: entre votos que buscan valer más y carreteras que buscan durar más.
En Palacio, la consigna fue clara: ordenar la casa, desde las urnas hasta el pavimento.

