Daniela Balbuena / Grupo Cantón
Lo que comenzó la noche del viernes y concluyó la madrugada del sábado fue un maratón musical donde el público cantó de principio a fin.
Cancún.- Los Tigres del Norte ofrecieron tres horas y media ininterrumpidas de música, corridos, fiesta y conexión total con el público que les coreó todas sus canciones en la plaza de toros.
Lo que comenzó la noche del viernes y concluyó la madrugada del sábado fue un maratón musical donde el acordeón marcó territorio, el saxofón sonó impecable y potente, y el público cantó de principio a fin sin que la energía decayera.
Desde el primer disparo sonoro —“El Avión de la Muerte”— quedó claro que la noche arrancaba con fuerza. Lo que siguió fue un recorrido generoso por corridos clásicos, himnos imprescindibles, canciones migrantes y un homenaje sentido a Vicente Fernández.
Ritmo, color, tradición y una comunión absoluta con el público marcaron una velada que terminó mucho después de lo previsto.
Primer acto: golpe directo desde el inicio
Abrir con “El Avión de la Muerte” fue una declaración. El corrido entró seco, contundente. La Plaza respondió de inmediato: celulares en alto, gritos, el techo metálico y las gradas vibrando con cada golpe de batería.
Después llegaron los pilares del repertorio: “La Banda del Carro Rojo”, “Ni Parientes Somos” y “La Mesa del Rincón”.
“La Manzanita” convirtió los pasillos en pista improvisada; “Aquí Mando Yo” levantó brazos; “Golpes en el Corazón” se cantó con intensidad; “La Puerta Negra” fue un coro multitudinario.
El sonido fue robusto y limpio, con un saxofón que lloraba impecable, inconfundible, potente sin estridencias. En “Jefe de Jefes” y “La Reina del Sur”, el sax no acompañó: lideró. Su timbre cruzó el recinto y terminó de sellar la identidad sonora de la banda.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando subieron al escenario a una persona que cumplía 96 años. El aplauso fue largo y respetuoso, recordando que estas canciones han acompañado generaciones completas.
Migración y memoria compartida
En una ciudad construida por quienes llegaron de lejos, los temas migratorios resonaron con fuerza especial. “La Jaula de Oro”, “Tres Veces Mojado”, “El Muro” y “De Paisano a Paisano” se cantaron con una carga distinta, más profunda.
Hubo abrazos, miradas húmedas, manos al pecho. La fiesta se mezcló con memoria.
Segundo acto: “La Lotería”, mariachi y homenaje
En la segunda parte apareció “La Lotería”, eje conceptual de la gira y celebrada como símbolo de permanencia.
El escenario cambió de atmósfera con la entrada del Mariachi Mexicanísimo. Trajes blancos impecables, trompetas firmes, violines envolviendo el ambiente bajo luces tricolores.
Con el mariachi interpretaron “Tonta”, “De un Rancho a Otro” y “Por Tu Maldito Amor”, esta última coreada con fuerza colectiva. Fue también el momento del homenaje a Vicente Fernández, evocando al “Charro de Huentitán” con respeto y emoción.
El ballet folclórico aportó imágenes vibrantes: faldas girando, zapateado firme, una bailarina elevada sobre los hombros de un danzante que arrancó ovaciones prolongadas.
“Miles de Sueños” sonó amplia y solemne.
Tercer acto: complacencias
Después de casi tres horas de concierto, lejos de despedirse, la agrupación se dedicó a satisfacer peticiones. El ambiente se volvió más cercano.
“La Tumba Falsa” mantuvo la intensidad. Luego vinieron “Señor Locutor”, “Directo al Corazón” y “Mi Fantasía”. Cada una fue pedida y coreada como si fuera la última.
Superadas las tres horas, se despidieron. Las luces bajaron.
Pero nadie se movió.
El grito comenzó en un rincón y se volvió unánime “¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!”
Y regresaron.
El encore fue contundente: “José Pérez León”, “Carrera Contra la Muerte”, “Morir Matando” y “La Fuga del Rojo”. El sax seguía firme, el acordeón sólido, la energía intacta pese al paso del tiempo.
Tres horas y media después del primer acorde, ahora sí, el concierto terminó.
Cancún fue coro, pista de baile y celebración.
Los Tigres del Norte demostraron que no sólo conservan vigencia: conservan fuerza, resistencia y una conexión con el público que no se desgasta.

