Redacción / Grupo Cantón
Una tenista australiana de 25 años anunció su retiro del circuito profesional con un mensaje explosivo en el que denunció racismo, misoginia y homofobia dentro del tenis.
Londres.— El mundo del tenis profesional ha recibido un impacto directo a su estructura de valores. Lo que comenzó como un anuncio de retiro prematuro, terminó convirtiéndose en una carta de denuncia incendiaria que ha dejado al circuito de la WTA (Women’s Tennis Association) en silencio.
La tenista australiana Destanee Aiava ha decidido colgar la raqueta a los escasos 25 años, pero no lo hizo con los protocolos habituales de agradecimiento, sino con un demoledor: “Váyanse a la mierda”.
Detrás de esa frase, que ya es viral, se esconde una realidad sistemática de abusos, discriminación y abandono que la atleta decidió no callar más.
Este es un retiro por lesiones en el alma. En su comunicado, la joven atleta describió un entorno laboral tóxico donde el talento parece ser lo de menos. La denuncia es clara y tripartita: racismo, misoginia y homofobia.
“He pasado años intentando encajar en un molde que no me pertenece, soportando insultos por quién soy y por cómo me veo. Me retiro porque no quiero ser parte de una industria que premia el silencio y castiga la autenticidad”
Una industria bajo la lupa
La tenista no se limitó a señalar a los “trolls” de internet, sino que apuntó directamente a las instituciones. Según el reporte, la falta de apoyo ante ataques discriminatorios y la presión por mantener una imagen “comercialmente aceptable” fueron los detonantes que la llevaron a tirar la toalla en la cúspide de su juventud física.
El eco del “Váyanse a la mierda”
Este exabrupto no es un acto de mala educación, sino un acto de supervivencia. Mientras figuras del tenis mundial comienzan a reaccionar, el mensaje queda flotando como una mancha imposible de ignorar para la WTA y la ITF.
La jugadora, que tenía por delante al menos una década de competencia al más alto nivel, ha preferido la libertad fuera de las canchas que la gloria dentro de un sistema que, según sus palabras, está “podrido”. Hoy el tenis no pierde a una jugadora por falta de puntos, la pierde por falta de humanidad.

