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29 noviembre, 2021

Letras de cambio

“No veo mal expresidentes en la vida pública”: AMLO

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, aceptó que los expresidentes participen en la vida pública, es decir en política.  En su peculiar lenguaje, también quiso decir que el que se lleva, se aguanta.

Porque participar en la “vida pública” en este sexenio, es aceptar ser sujeto de respuestas presidenciales.  De señalamientos por parte de funcionarios públicos.  De exhibición de sus historias personales.  De investigación de sus riquezas.

Es, en pocas palabras, jugar a lo público.

Obvio, hablamos de los dos exmandatarios que están presentes en redes sociales, en protestas, en la creación de partidos políticos.  O sea, se asumieron como una oposición vigente.

La tradición remitía a los exmandatarios al silencio.  A un retiro voluntario de todo evento político.  Esta tradición rota, en una medida risible a la distancia, ocasionó la frase “Ya lo besó el Diablo”, con referencia a las visitas hechas a la casa de San Jerónimo de Luis Echeverría Álvarez.

López Obrador se refirió a la participación abierta, medios de comunicación de por medio, de Felipe Calderón Hinojosa, que además podría ser candidato a diputado o senador en las próximas elecciones.

El Presidente no se dijo agobiado o sorprendido siquiera por esta incursión abierta en la vida pública, asumió que es parte de la “normalidad democrática”.

Participación abierta a la que habrá de responder, porque López Obrador no ha actuado nunca como “manco”.

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El tema, supongo, es que como afirma Felipe Calderón, sus respuestas serán las de un mandatario que tiene “… un poder que se ha acumulado como no hemos visto en cuarenta años”.

Poder, imposible negarlo, que el Presidente, el Congreso, MORENA, obtuvieron a través de un proceso democrático, de una elección que fue ganada con una inmensa diferencia de votos.  El poder, inmenso o no, lo otorga el pueblo.

La pregunta es por qué esa nueva oposición, tan virulenta, no ejerció su derecho de votar en contra.

Dice Felipe Calderón que se defiende porque es “atacado desde el poder”. Lo cierto, al menos en el conflicto con los policías federales, cuya protesta siempre defendió, es que han sido voces ajenas al gobierno quienes lo señalan.  Fue un policía quien pidió que fuese su líder.  Así, abierto, directo.  De donde, Alfonso Durazo lo señaló.

¿Vida democrática?  Insisto, el que se lleva se aguanta.

Durante muchos años Andrés Manuel fue el gran enemigo, el monstruo a vencer, para Vicente Fox y Felipe Calderón, como también para los priistas.  Ahora, como dice, está en el poder, en el inmenso poder de su popularidad, del Congreso a favor, de presidentes municipales y gobernadores a favor, de grandes sectores sociales a favor.

¿Quién gana, quién pierde?

¿Pueden convertirse tanto Fox como Calderón en oposición?  El problema que tienen, ambos, es que ya fueron.  Que ya estuvieron en el poder, distinto, complicado, pero poder presidencial. Y la gente tiene memoria selectiva, recuerda poco lo bueno, y mucho lo malo.

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Tal vez por eso, por esta memoria social vigente, es que López Obrador dice que son bienvenidos… bienvenidos como el viento a Juárez…

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