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16 septiembre, 2021

Lo que bien se dice... bien se entiende

Disrupción

Hace un cuarto de siglo se empezó a usar el término “disruptivo” con un enfoque de emprendedurismo. Fue acuñado por Clayton M. Christensen, catedrático de Harvard Business School, y presentado en 1995 con su artículo Disruptive Technologies: Catching the Wave, escrito en conjunto con el también profesor Joseph Bower, pero luego ha sido usado, en exceso, en el ámbito económico, político, educativo y tecnológico.

Pareciera que la palabra disrupción se ha convertido en moda, la moda del siglo XXI, al igual que ha sucedido con otras palabras que se ponen de moda, como sinergia, huachicol, corrupción, vallenato, bioenergía, sustentable, entre otras. Se trata de términos fuerza o conceptos clave que parecen encerrar la solución a los problemas propios de cada contexto o, que al menos, suministran nuevos elementos con los que armar el pensamiento.

El uso del concepto es muy amplio, y tanto se aplica al funcionamiento orgánico o psicológico como a las ideas, los productos o los modelos sociales. Se emplea cuando se quiere señalar un cambio brusco o significativo.

Probablemente el significado que se le da a la disrupción sea como adjetivo o sustantivo o se está en la búsqueda del significado real, o tal vez no lo tenga y sólo se use como sentido figurado para nombrar a aquello que produce una ruptura brusca, ya que, por lo general, el término se usa en un sentido simbólico, en referencia a algo que genera un cambio muy importante o determinante.

Si así fuera, ante tantos cambios que se están viviendo en el mundo de manera brusca, como el cambio climático que ha traído como consecuencia el sargazo, o el deshielo de los glaciares, estaríamos hablando de una disrupción ecológica provocada por el ser humano o disrupción mundial que seguramente traerá como consecuencia nuevas especies y formas de vida; ¿será acaso la disrupción humana?

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