Tejiendo patria
La salud pública no es solo una política social: es una política económica de alto impacto. Los países que invierten en sistemas de salud sólidos no solo mejoran la calidad de vida de su población, también elevan su productividad, reducen costos estructurales y fortalecen su crecimiento económico de largo plazo.
Diversos estudios internacionales coinciden en un punto central: una población sana produce más. La Organización Mundial de la Salud estima que cada dólar invertido en salud preventiva y atención primaria puede generar entre 2 y 4 dólares en retorno económico, gracias a la reducción del ausentismo laboral, el incremento de la productividad y la disminución del gasto futuro en enfermedades crónicas.
En México, este vínculo ha sido históricamente subestimado. Durante años, el rezago en infraestructura hospitalaria, la saturación de servicios y la falta de planeación convirtieron a la salud en un cuello de botella para el desarrollo. Por eso resulta relevante que, bajo el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum, la salud vuelva a colocarse como un eje estratégico del Estado mexicano. El sector ha superado el billón de pesos anuales de inversión federal, reflejando una visión clara: sin salud no hay bienestar, pero tampoco hay crecimiento.
Instituciones como el ISSSTE, que atiende a más de 13 millones de derechohabientes, son clave en esta transformación. La recuperación de clínicas y hospitales que permanecieron años en abandono no solo corrige una deuda social; impacta directamente en la economía cotidiana de millones de familias trabajadoras. Menos días de incapacidad, mayor estabilidad laboral y mejor atención médica se traducen en mayor ingreso, consumo y dinamismo económico.
En Quintana Roo, este enfoque adquiere una dimensión especial. Somos uno de los estados con mayor crecimiento poblacional y movilidad laboral del país, lo que ejerce una presión constante sobre los servicios de salud. Fortalecer la infraestructura médica no solo atiende una necesidad social urgente, también protege la productividad del estado, particularmente en sectores estratégicos como el turismo, los servicios y el comercio.
La coordinación con el gobierno estatal ha sido determinante. El trabajo de la gobernadora Mara Lezama, con una agenda social clara y una gestión enfocada en cerrar brechas, ha permitido que las decisiones federales se traduzcan en resultados tangibles para la población. Cuando Federación y Estado avanzan en la misma dirección, la política pública se convierte en bienestar real.
Desde el ámbito legislativo, acompañar estas acciones es asumir que invertir en salud es prevenir desigualdad, reducir pobreza y fortalecer la economía. No se trata solo de construir clínicas, sino de construir futuro.
Porque una sociedad sana, vive mejor, trabaja mejor, crece con mayor estabilidad y bienestar y al final, ese es el verdadero sentido de los gobiernos de la cuarta transformación.