Respeto a la vida

He aquí un dilema moral y existencial, ¿es el ser humano amo y dueño del resto de los seres vivos y el entorno?, ¿quién dice? Se llama, antropocentrismo, el más vulgar y adictivo.

13

Escuche mientras lee: “En el Claro de la Luna”, de la incansable creatividad de Silvio Rodríguez: “sueña talismán querido, sueña mi abeja y su edad, sueña y si lo he merecido, sueña mi felicidad”
Respeto. Respeto a uno mismo. Un concepto que, contrario a lo que muchos piensan, es una visión tan universal que trasciende, y por mucho, el micro grano de arena de la individualidad, que sin embargo, cabe perfecto. ¿Por qué odias corazón mío?, ¿por qué lloras alma mía?; ¿por qué negar la luz que te define en medio de la inmensa oscuridad? Cuerpo opaco que refleja luz, que se ignora en la oscuridad; ¿por qué condenarte, negarte, denigrarte? ¿Por qué tanta violencia deambulando en la síntesis más pura del amor: mi hermoso planeta azul?

¿A qué le suena esto amable lector?: “Para ponerlas feroces (a las ‘fieras’), se muestran ante ellas en el último momento atormentando a sus crías. Y he aquí que la naturaleza feroz de las fieras se triplica y el amor hacia sus cachorros las hace del todo indomables y las empuja como enloquecidas contra las lanzas de los cazadores”. Es esta una descripción de Lucio Anneo Séneca del espectáculo que se presentaba en el año 80DC., en el Coliseo de Roma. 1 mil 939 años de apología a la violencia; odas, veneraciones al extremo de quitar de su lugar los altares paganos o monoteístas y suplirlos con inmensas pantallas que transmiten 24 horas de violencia desde el cable o la consola, el dvd o la memoria y en el patio de la casa, el perro que voltea los ojos a sitios más llanos, allende las paredes que le encierran; las aves en las jaulas y en la plaza, el astado que dobla las manos para exhalar por última vez mares de sangre, con las banderillas calvadas en el lomo, en medio del morbo de la chusma que aplaude a su verdugo; o los gallos o perros “de pelea”, los cuales, además de ser “entrenados” para morir, se les tortura obligándolos a beber alcohol, consumir chiles, drogas y sobre todo, ser expuestos al máximo estrés que representa la turba sobrexcitada, alcoholizada, drogada y anhelante de violencia.

He aquí un dilema moral y existencial, ¿es el ser humano amo y dueño del resto de los seres vivos y el entorno?, ¿quién dice? Se llama, antropocentrismo, el más vulgar y adictivo.

Así como los legisladores de Quintana Roo ‘chimoltrufean’ –“como dicen una cosa dicen otra”, respecto de las reformas a la Ley de Protección y Bienestar Animal-, la vida y dignidad de los seres vivos pende de un delgadísimo hilo, el del avaro, pragmático y miserable interés de quienes pretenden vestir togas romanas y desde luego, el infaltable guante blanco en la diestra, cual asesino del Batallón Olimpia: el “dios omnipotente”.

SALUTI AMICI