Radio y TV: favores para 2018

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Con la mira puesta en el 2018, y mientras la atención pública estaba centrada en el tema del fiscal para delitos electorales, arbitrariamente destituido, el mismo segmento trampeador, el priistaverdecalderonista (PVC), sacó adelante en el Senado, de última hora, reformas a la ley federal de telecomunicaciones que lesionan los derechos de las audiencias, benefician el engaño y la manipulación informativas en programas de difusión electrónica y, a fin de cuentas y de cuentos, preparan la agradecida ayuda desde medios de comunicación masiva a la cada vez más desvergonzada preparación del intento de fraude en las elecciones por venir.

Burdas y arbitrarias fueron las maniobras realizadas por el PVC (no se habla, con estas siglas, del policloruro de vinilo, el dúctil y reciclable derivado del plástico, tan utilizado en las cañerías, sino de la nueva alianza senatorial: PRI, Verde y los calderonistas que más que rebeldes han terminado por ser los maiceados del PAN). A la pizca de votos para dar este golpe regresivo en términos del interés público, y tan positivo para los planes peñista-meade-zavalistas (PeMeZa), se sumaron 10 senadores felipefílicos que aún se mantienen en Acción Nacional (con el propiciatorio Ernesto Cordero por delante) y uno de la franja del Partido del Trabajo-Morena, ya desde 2014 acusado por Manuel Bartlett de favorecer los intereses de Televisa (https://goo.gl/fG7VVd), Marco Antonio Blázquez, legislador por Baja California (los datos de la sesión de ayer, no las opiniones y referencias astilladas, en la nota de Andrea Becerril y Víctor Ballinas, en La Jornada https://goo.gl/S4gebJ).

Más allá del beneficio económico que esta madrugadora modificación legal significará a las grandes empresas electrónicas de comunicación social, habrá de verse el impacto político y, en específico, el electoral para el año entrante. Una de las graves distorsiones del ejercicio periodístico y de entretenimiento en programas de radio y televisión es la mezcla de opiniones con información (con conductores autodesignados como fiscales, jueces y verdugos, que ofrecen datos y noticias pasadas por filtros de interpretación o afinidades personales). Separar esos segmentos no será posible con la modificación realizada ayer, de tal manera que continuará la distorsión de lo informativo, en perjuicio del interés público.

Por otra parte, se mantienen las puertas abiertas para la inserción de propaganda política en los espacios noticiosos y de cualquier índole, sin expresa notificación al público y dejando la regulación de esos convenios a los códigos de ética de cada organización empresarial (los leones decidiendo cuando deben ser vegetarianos y proponiendo para sí mismos algún tipo de castigo si violan sus propias reglas íntimas).

Las reformas aprobadas ayer por el PVC restan facultades al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT, ahora más desdentado: DIFT) bajo la falsa bandera del respeto a la libertad de expresión, que en su momento han enarbolado con vehemencia varios de esos conductores o informadores que usan sus programas para beneficiar o descalificar, muchas veces en términos ofensivos y desproporcionados, a quienes son de su contentillo o sufren su rechazo, por razones genuinas o promovidas externamente.

Las maniobras de este jueves tendrán densas consecuencias en el proceso electoral ya en curso, que se vaticina como altamente competitivo y, desde ahora, cargado de firmes indicios de que los grupos en el poder se atrincheran para repetir modelos de adulteración al estilo de lo vivido en 2006 y 2012 y refinados el año en curso en el Estado de México y Coahuila.

En otro tema de telecomunicaciones, ayer se formalizó el rediseño directivo que en los hechos ya se estaba viviendo en Televisa, donde Emilio Azcárraga Jean pasará de la dirección general, que ejerció durante veinte años, desde que su padre falleció, a la presidencia ejecutiva del consejo de administración de la empresa, con Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez como copresidentes ejecutivos. José Bastón, quien junto con Angoitia y Gómez como vicepresidentes formaron la trinidad directiva que acompañó estos años a Azcárraga Jean, dejará Televisa con el último día del mes que corre, aunque se mantendrá en el consejo de administración.

The Wall Street Journal, al dar ayer el adelanto de esta información, comentó que el movimiento de Azcárraga tiene como contexto la “lucha contra los desafíos planteados por la era de Internet. Muchos jóvenes espectadores se han aburrido con el formato obsoleto de telenovelas de bajo presupuesto de Televisa, y han abandonado a la emisora en favor de los servicios de transmisión profunda como Netflix, que ahora ofrece series de televisión en español”.

Al señalamiento específico de Netflix y las telenovelas debe agregarse que ha menguado el poderío tradicional de Televisa en cuanto al manejo informativo y la influencia política. Las vías de información alterna, llamadas redes sociales (Twitter, Facebook y YouTube, sobre todo) han socavado el histórico imperio de los noticieros al estilo de Jacobo Zabludowsky y Joaquín López-Dóriga y han propiciado remozamientos como el arribo de Denise Maerker al noticiero nocturno de lo que antes se llamaba el Canal de las Estrellas y una abierta incursión en los dominios de internet (por ejemplo, la adquisición del cincuenta por ciento de las acciones de SDP Noticias, el portal dirigido por Federico Arreola que ha tenido un notable éxito cuantitativo en la pelea cibernética y, luego, la compra de la empresa de sátira informativa, El Deforma).

Todo, pues, son realineamientos y preparativos rumbo al 2018. Peña Nieto nunca modificó la relación entre los medios y el poder político, como prometió en su campaña. No se corrigieron las tradicionales desviaciones que convierten el presupuesto de comunicación social en mecanismo de control de medios, sino todo lo contrario, se acentuó esa relación de dependencia. Tampoco se cambiaron las reglas en materia de telecomunicaciones. Aliados, pues, para lo que viene. ¡Hasta el próximo lunes!