¿Se va Pech?

La suerte está echada. Al menos en términos políticos, el gobernador Carlos Joaquín ya dejo sólo al fiscal Miguel Ángel Pech.

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La suerte está echada. Al menos en términos políticos, el gobernador Carlos Joaquín ya dejo sólo al fiscal Miguel Ángel Pech.

No puede entenderse de otra manera su declaración de que corresponde al Congreso quitarlo.

O, si se prefiere, la falta de una defensa.

¿Qué está pasando con Pech? De entrada, un pésimo manejo de comunicación. Con gente tan discapacitada como necia en sus manejos, sin profesionalismo alguno. Una suma infinita de malas declaraciones y peores magnificaciones en medios. Parecería que su gente de prensa han sido sus enemigos.

A Pech, además, no le ayuda el carácter.

Pero, sobre todo, no le ayuda la realidad.

Quiero suponer que a sabiendas aceptó encabezar una fiscalía donde no hay recursos, donde falta de todo, incluso voluntad de los que ahí trabajan. Si no fue así, que pena que lo descubriese cuando ya era tarde.

No tiene presupuesto, pero tampoco tiene gente que le ayude, ni policías ni ministerios públicos. ¿No se deja ayudar? ¿No los manda? ¿No ha propiciado los cambios internos indispensables?
Y si todo está mal dentro de la fiscalía, basta ver lo que ha sucedido en semanas recientes en Cancún, en Playa del Carmen, en Tulum, para comprobar que fuera está peor. A la violencia desatada, a los crímenes de todos los días, se ha respondido con cero. Cero detenciones. Cero investigaciones. Cero éxitos. Cero compromisos para enfrentar los problemas.

O, por lo menos, eso percibe la sociedad quintanarroense.
No hemos visto a Pech en las escenas del crimen, no lo hemos visto junto a los cadáveres, no lo hemos visto deteniendo criminales, no lo hemos visto enjundioso y arrebatado contra esta realidad de violencia imparable.

Tal vez piensa que ese no es su trabajo; pero tampoco hemos entendido miles y miles de quintanarroenses cuál es su verdadero trabajo, otra vez pésima comunicación.

Cuando dijo, de cara al asesinato de un joven en el estacionamiento de una universidad en Cancún, que era responsabilidad de las universidades poner controles de seguridad, capituló. Sin darse cuenta envió el mensaje de que es responsabilidad de cada individuo, de cada casa, de cada comercio, cuidarse. ¿Y entonces el fiscal? ¿Quién va a detener a los asesinos?

Ha declarado que no va a renunciar. Ese no es el problema. Con o sin renuncia el Congreso, el gobernador, la gente toda puede quitarlo. Ningún puesto es inamovible en ninguna población del mundo.

Si no renuncia Miguel Ángel Pech tendría que volver a tomar posesión de la fiscalía y dar resultados, y comunicar esos resultados, y cambiar a casi todos sus colaboradores para que miles y miles de quintanarroenses pensemos que debe seguir siendo el fiscal.

Una pena. Tal vez es muy buen juez, en su escritorio, pero el trabajo de la Fiscalía es otro, y lo que le demandan cada día con mayor enojo los ciudadanos es que tenga resultados. O, por lo menos, que lo veamos trabajando para conseguirlos.
Por eso para muchos, Pech ya se fue…
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