Otra vez los taxistas…

Los señores taxistas, tan soberbios y agresivos, podrían estar escribiendo la última página de su historia.

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Los señores taxistas, tan soberbios y agresivos, podrían estar escribiendo la última página de su historia.

Que el gobernador, personalmente, los haya “recibido” en palacio de gobierno está cargado de significados que no deberían descuidar. Después de todo, las placas que utilizan son una concesión.  Y por encima de todo, quien ordena es el gobernador.

¿Intentaron chantajear a Carlos Joaquín?  Obvio. Con una saña inaceptable por el daño que hicieron a la imagen turística del estado, de por sí tan maltratada. No poder llegar al aeropuerto para tomar sus vuelos, cuando la mayoría de los viajeros vienen con una salida fija pagada de antemano, que no admite cambios, es razón de sobra para no viajar a Quintana Roo. Con todo lo que significa en pérdidas económicas.

Resulta que se enojaron por la nueva Ley de Movilidad, que tal vez ni siquiera han leído. Que vieron amenazado su monopolio por la llegada de UBER y otras empresas de transportación. Creyeron que estaban en otros tiempos, que presionar, que paralizar el tránsito era suficiente para echar atrás la ley. No fue así.

¿Hubo negociación? Me inclino a pensar que lo que sucedió en Palacio de Gobierno fue una lectura realidades, un poner a cada cual en su sitio, un recordatorio de cuáles son los riesgos que corren si insisten en agraviar a los turistas con sus paros.

¿Evitarán que UBER entre a Quintana Roo? No lo creo. La modernidad no puede ignorarse por razones políticas. Es cuestión de tiempo. Los viajeros lo demandan, están acostumbrados a estos servicios. ¿Qué razonamientos pudiese existir para evitarlo?

¿Qué harán los taxistas en represalia? Lo que hagan no prosperará, no tendrá el efecto amedrentador que pretenden.

Que tiemblen los candidatos que quieren o necesitan el apoyo de los taxistas, el gobernador Joaquín está muy por encima de esto. A eso se acostumbraron, elección tras elección, a utilizarse mutuamente. Y las consecuencias las pagaron, las pagamos los ciudadanos que requerimos un transporte eficiente y confiable.

Los gobernadores en turno, de hace varios sexenios a la fecha, otorgaron placas de taxis como pago de favores políticos o por contubernio con los beneficiados. Los taxistas, los líderes de los sindicatos, se acostumbraron a esta relación viciada con el gobierno. Que, sobran evidencias, se terminó a la llegada de Carlos Joaquín.

¿Qué sigue? Que se pongan a trabajar.

Que dejen de vender droga. Que arreglen sus vehículos. Que se bañen los choferes. Que conozcan las ciudades. Que den un servicio amable y eficiente. Que cobren lo justo.

Y que entren en la competencia. Como sucede en todas las ciudades del mundo.

Lo de antes como antes, lo de ahora como ahora, debe haberles dicho Carlos Joaquín…

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