El gobernador (2)

Invitar a un Premio Nobel para hablar del “Cambio Climático” es una de las acciones de Carlos Joaquín que demuestran, imaginación aparte, que desde el gobierno del estado se puede hacer mucho, en verdad mucho si se toma la decisión perspectiva.

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Invitar a un Premio Nobel para hablar del “Cambio Climático” es una de las acciones de Carlos Joaquín que demuestran, imaginación aparte, que desde el gobierno del estado se puede hacer mucho, en verdad mucho si se toma la decisión perspectiva.

Si se entiende gobierno como capacidad de transformación. E, indispensable, se trabaja.

Gobernar Quintana Roo fue, hay que poner la perspectiva, tan fácil que gobernantes en turno asumieron que cualquiera podría ser el sucesor, con el control político que tuvieron. Los resultados están en nuestro universo más inmediato.

El arte de gobernar pasa, obligadamente, por la innovación. Y tiene que contemplar la realidad.

Esto que parece tan sencillo, fue lo que tuvimos. Ignorar la realidad por estar ocupados en temas personales o en frivolidades todavía más personales, nos impuso, a todos, precios muy altos. El tema era de esfuerzo, de gobierno pues.
A Carlos Joaquín le han tocado realidades peores, mucho peores que cualquier huracán. Confrontar la peor crisis de violencia, más de 370 asesinatos violentos en Cancún en lo que va del año, con la policía y las autoridades menos capaces para enfrentar, solucionar esto. Y en mucho, hay que admitirlo, porque así se las dejaron. Porque el descuido en este ámbito, de seguridad, de aplicación de justicia, fue inherente a la abstracción de la realidad, a contarse a sí mismo cuentos de varios gobernadores.

Porque, no podemos negar, se veía venir. Sólo que ellos no veían.

Se cedieron espacios que hoy parecen irrecuperables al crimen organizado, se olvidaron de las policías, se negaron a modernizar las instituciones, se sepultaron las cárceles en la peor ignominia, como si los temas de seguridad fuesen violentos. Así, en años pasados, se sumaron todas las negligencias a una verdad, una realidad que presagiaba la violencia presente.
Nos preparamos, pues, al revés.

A Carlos Joaquín le ha tocado, además, la pesadilla interminable de la arribazón del sargazo. Un asunto incierto en la naturaleza, en las corrientes marinas que puede venir a destruir el auge infinito del destino turístico que tiene, en medida muy importante, sustento en sus playas.

Frente a estos dos temas, no solamente estos dos temas, ha tenido que hacer malabares. Que pocos le reconocen porque, justamente, son malabares frente a condiciones adversas superiores.

Para estos dos temas, para muchos otros, se necesita dinero. Y apenas se ha conseguido poner orden en las finanzas que le dejaron en un miasma sin calificativos.

Así, Carlos Joaquín va caminando con la adversidad cotidiana a cuestas, imaginando, aterrizando opciones para los olvidados de las comunidades mayas; para los necios que quieren seguir viviendo en el Sur del estado; para los jóvenes que buscan un espacio propio, para los que llegaron a iniciar una nueva vida de todo el país y todo el planeta. ¿Cómo responder a tantas necesidades?
Hoy por hoy, así lo vemos, con imaginación. Y levantándose temprano…
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