Desplazamiento forzado de periodistas

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Ser periodista en México es sinónimo de asumir riesgos en tu vida, con tu equipo de trabajo e, incluso, con tu familia.

Una labor apasiónate sin duda, pero peligrosa en este país.

Hacer periodismo inteligente, ha pasado a ser en México, del ejercicio de una profesión, a un trabajo casi penado.

Doce periodistas asesinados en el 2017 dan ejemplo de las sentencias.

En un país violento, impune y corrupto como el nuestro, el ejercicio periodístico delira, está herido y el desplazamiento forzado es un fenómeno cada vez más recurrente.

Son muchos los profesionales de la pluma quienes dejan el lugar donde residen en busca de seguridad.

A veces lo hacen solos; otras, lo hacen con sus familias.

Lo que buscan es salvaguardar vidas: la de compañeros, la de fuentes que se negaron a ocultar la verdad, la de hijos que han sido amenazados.

Así, abandonan sus hogares, buscan otra trinchera, una plaza más tranquila.

Muchos ya no quieren saber nada de las letras; dejan atrás la profesión y a los conocidos, quienes no vuelven a saber más de nosotros.

Así se deja todo cuanto se ha construido, para volver a comenzar.

Antes de dar vuelta a la página, quedan las amenazas de muerte como puntos suspensivos que nunca tendrán final. Hay periodistas que viven con el testimonio más cercano de la muerte de un compañero, un mejor amigo.

Los que tienen suerte relatan como al atestiguar una ejecución salieron con vida.

Son periodistas que saben el significado de “delincuencia organizada”. Una sentencia.

Martín Durán, en una entrevista que le hiciera el portal español ElDiario.es, dice: “Los que trabajamos en estos temas tenemos siempre la conciencia de que algún día nos van a matar”.

Martín era compañero y amigo de Javier Valdez, reportero asesinado en 15 de mayo de 2017 en Sinaloa.

Hoy Martín es víctima del desplazamiento forzado en México.

El pasado 4 de diciembre tuve la oportunidad de reunirme con Edison Lanza, quien es un relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, órgano autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), encargado de la promoción y protección de los derechos humanos en el continente americano.

De origen uruguayo, carismático y experto en temas de libertad de expresión, hizo un compromiso no sólo con México, al decirme: “Los periodistas desplazados son una denominación que no sabíamos que existía, no la teníamos en el mapa, agradezco profundamente saberlo ahora, porque iré en su búsqueda en estos países latinoamericanos”.

Conocemos la represión, la Ley Mordaza, las amenazas, el pago de favores, el precio del silencio; ahora México vive un nuevo fenómeno social que atañe a los que ejercemos el periodismo, un tipo de exilio.

El desplazamiento forzado de periodistas existe y el gobierno mexicano lo oculta.

Los que lo vivimos en carne propia sabemos que aunque debamos dejar atrás un lugar, nunca nos alejarán de la pluma.

Seguimos en busca de esa libertad que nos dan las palabras, la escritura, la reflexión, las charlas con los camaradas.

Sabemos que no somos los únicos, que las amenazas del narco junto con las dictaduras de gobernadores –aunque hoy estén prófugos o encarcelados–, nos relegaron al punto en el que ahora nos encontramos, dispersos en el mundo.

Sé que existimos y cada vez somos más.

El 5 de diciembre de 2017 leí el tweet de Edison (@EdisionLanza) al salir de México: “Nunca olvidaré las reuniones con familiares de periodistas que perdieron la vida en el ejercicio y con los periodistas desplazados por la violencia en #México que perdieron sus trabajos y su vida cotidiana. Toda nuestra solidaridad y compromiso con ellos”.