El clóset en las fuerzas armadas

No importa si con botas militares, si son machines, de pelo corto, morenos, macizos, con ropa civil, solteros o casados, lo que sí resulta importante es lo que se estima por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina, al afirmar que en sus filas probablemente deben haber soldados diagnosticados con VIH

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No importa si con botas militares, si son machines, de pelo corto, morenos, macizos, con ropa civil, solteros o casados, lo que sí resulta importante es lo que se estima por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina, al afirmar que en sus filas probablemente deben haber soldados diagnosticados con VIH y muchos hombres que practican sexo con otros hombres (HSH) metidos en un cl óset forzado, ocultos y con pleno conocimiento de que el ambiente de la milicia es uno de los más homofóbicos donde se privilegian los rasgos de la masculinidad y es el sitio predilecto para todo aquel que quiera asociarse como un “verdadero combatiente”.

En México, a partir de la Reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos del 2011, el principio de NO discriminación prevalece en el Artículo 1° como un derecho que garantiza a todo aquel que nace en este país a ser igual ante la ley y ante las instituciones. Por lo que este precedente y ante los datos duros que Organizaciones civiles con trabajo en Salud y Seguridad como las Comisiones de Seguridad de la Cámara de Diputados y Senadores que en el año 2017 señalaron, tendríamos que estar considerando que probablemente dentro las filas de nuestro Ejército mexicano y de la Armada deben de haber más de 45,000 homosexuales entre capitanes, tenientes, sargentos, cabos y soldados rasos distribuidos entre los 267 mil 500 miembros activos y los 76 mil 500 en reserva, algunos en las 32 entidades de nuestro país conduciendo vehículos, aviones y embarcaciones de combate y otros después de las cinco de la tarde y abandonando su closet de cristal, saliendo a ligar a ansiosos jovencitos de los alrededores de los cuarteles con los que pudieran tener un arrebato pasional y con otros el aceptarles una cerveza o una invitación a bailar en uno de los muchos antros gays establecidos en toda la geografía del país.

Ante esta realidad que el Ejército Mexicano insiste en invisibilizar y no reconocer, existe una importancia que no le está dando al respeto como institución a que no solo reconozca los derechos humanos de cualquier aspirante que desee ingresar al Ejército, sino también a que su orientación sexual como condición de vida no permanezca en el limbo para que no se continúe siendo estigmatizado ni que pueda ser sujeto de despido por el simple de hecho de revelar el ser distinto o vivir con un diagnóstico VIH.

Si la orientación sexual no es una información solicitada en el proceso de entrevistas psicológicas, la obligación de revelarla no debe tampoco ser compartida ante la probable posibilidad de resultar incómodo y de poder padecer por ello constantes hostigamientos y una persecución por el resto de sus compañeros heterosexuales situación que lo pondría ante un riesgo y a peligrar su vida.

Recordemos que ayer 19 de febrero se conmemoró en todo México el Día del Ejército Mexicano como respuesta a aquel plan de Guadalupe del Presidente Carranza presentado en 1913, que fijaba por decreto la creación de un Ejército Constitucionalista y de un Ejército Mexicano al que debiera reconocérsele cada año su gran labor, entrega y coraje, como el patriotismo de todos sus miembros que lo integran.

¿Por lo que a 105 años de este decreto mi estimado lector, considera usted que, con la Reforma constitucional, nuestros soldados han conquistado libertades y hoy se les reconoce sus derechos humanos?

¿O cree que el Ejército y la Armada deben ser solo para machines?