López Obrador permanecerá sin cambios

La serie de controversias en las que ha caído el gobierno federal se deben a la informalidad que ha imperado en el régimen

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La serie de controversias en las que ha caído el gobierno federal se deben a la informalidad que ha imperado en el régimen, producto de la inconsistencia y la falta de planeación del esquema presidencial que ha querido desaparecer todo lo que considera nocivo y herencia del pasado “corrompido”.

Con el fallido operativo de Culiacán, el sistema dejó entrever que solo justificará las acciones que conlleven lucimiento y aplausos del “pueblo bueno”, -como lo llama López Obrador- que persistirá en alabar todas las determinaciones que se adopten desde Palacio Nacional y que resalten casi de forma natural cualquier declaración que esgrima el jefe del ejecutivo federal.

Luego de transcurrir dos semanas de los hechos sangrientos y confusos en la capital sinaloense, los mexicanos todavía nos cuestionamos qué ocurrió en realidad en el noroeste de México, donde ni el mismo jefe de la Guardia Nacional, Alfonso Durazo Montaño, menos el presidente López Obrador, atinan a ponerse de acuerdo para ofrecer una satisfacción a más de 130 millones de mexicanos.

Lo lamentable de todo es que cuando alguien osa preguntarle algún asunto o tema de interés al presidente, la determinación de algunas medidas adoptadas, incluso la mayoría de ellas en sentido contrario a lo proyectado, acaban por desinformar al grueso de la población.

Y ya sean los calificados por el Mandatario como fifís o conservadores, la verdad es que López Obrador no ha tenido ni la forma, menos la sensibilidad, para argumentar algo que en realidad conlleve al país a un clima de certeza.

No podemos vivir más en el tiempo de las pruebas de laboratorio como “conejillos de indias o ratones”, porque la confusión en las propuestas gubernamentales solo acrecentan el temor y la incertidumbre, dos de los temas de mayor incidencia que el gobierno ha adoptado como bandera o salida fácil.

Lo lamentable es que quienes han enfrentado al sistema gubernamental por razón de género o incomprensión, son juzgados de forma lacerante en las conferencias de prensa denominadas, Las Mañaneras, en las que el propio presidente de México se mofa y destierra a quienes incluso le han mostrado con estadísticas en la mano de que en varios de sus dichos -sus otros datos- está equivocado.

Si no existe congruencia en la actuación del titular del ejecutivo federal y las medidas que adoptará para tal o cual programa, los conflictos seguirán multiplicándose sin freno y causará mayores conflictos y resentimientos entre la población, que ya no está dispuesta a quedarse cruzada de brazos ante los feroces embates del mismo gobierno.

Ahora a esperar más definiciones de López Obrador porque en tanto sea el mandatario de México, no aceptará ni frenos ni chantajes porque considera que lo imperante tendrá que ser de una sola pieza, donde todo se regirá por su mandato y su verdad.

Para el no caben “otros proyectos”. Transcurrieron 12 años para que al final llegara a la presidencia de México. En ese lapso de casi tres lustros, de estar en el ojo del huracán, Andrés Manuel López Obrador aprendió a vivir en la adversidad y en la crítica insana, ¿por qué habría de cambiar cuando en las elecciones del 2018 arrasó y se impuso con todo?