Cancún, destino de alto riesgo

El desastre económico que provoca en Quintana Roo el colapso de la industria turística a consecuencia de los efectos de la pandemia mundial del Covid-19, ha comenzado a causar estragos en la clase trabajadora

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El desastre económico que provoca en Quintana Roo el colapso de la industria turística a consecuencia de los efectos de la pandemia mundial del Covid-19, ha comenzado a causar estragos en la clase trabajadora, la maquinaria generadora de dólares se ha paralizado y miles se han quedado sin empleo y sin poder salir de casa por las restricciones sanitarias.

La dependencia en un 90 por ciento del turismo como motor de la economía, ha generado una preocupante depresión económica  en miles de familias principalmente del norte del estado donde la millonaria actividad turística ha quedado inerte.

En menos de 15 días cientos de miles de trabajadores perdieron sus empleos, sus salarios, sus propinas y su único sustento familiar. Las grandes cadenas hoteleras cerraron sus complejos y en muchos casos dejaron abandonados a sus trabajadores, quienes indefensos luchan por sobrevivir y darles sustento a sus familias.

Cancún, la “joya turística” de México, la máquina generadora de divisas, colapsó producto del cierre de fronteras en todo el mundo, la cancelación de vuelos y vacaciones del turístico mundial por el impacto y miedo al Coronavirus. Bastaron dos semanas para que 100 mil habitaciones de Cancún y la Riviera Maya se vaciaran y para que miles de empleados se fueran a la calle, sin que el gobierno tuviera un plan de contingencia para atenuar la crisis económica, el desempleo, el hambre y hacer frente a los riesgos sanitarios de la pandemia.

La falta de diversificación económica  golpea hoy a Quintana Roo; con todos los “huevos en la misma canasta”, la crisis es mayor y el impacto al final de la contingencia será severo para hoteleros y sobre todo para pequeñas empresas que no podrán sobrevivir a la magnitud de la catástrofe.

Los gobiernos en turno no apostaron nunca por la diversificación económica del estado, la zona centro y sur que tienen esa vocación no han tenido el apoyo y la inversión necesaria para convertir a esa región en el soporte de la industria turística en tiempos de crisis. Una premisa fundamental en negocios, es que las ganancias de unos pueden compensar la pérdidas de otros.

La diversificación económica de una región o estado, es la mejor forma de reducir el riesgo; en Quintana Roo esto no ha sucedido, en la zona sur también se apuesta por el turismo y los pocos proyectos de diversificación en el ramo industrial y agropecuario han sido un auténtico fracaso.

TRISTE 50 ANIVERSARIO

Cancún cumplirá 50 años en menos de 15 días y lo hará en medio de la peor crisis de su historia. El destino alcanzó el éxito en cinco décadas, se consolidó y se convirtió en la plataforma que impulsó el desarrollo de la Riviera Maya y sur del Estado.

Pero la estrategia global por Quintana Roo ha sido fallida, esta crisis la pega lo mismo el norte que el sur, aunque en la zona norte el impacto es preocupante el desempleo, hambre y los riesgos sanitarios porque concentran más del 70 por ciento de la población del estado. 

Sirva esta crisis para reinventar Cancún, diversificar la economía del Estado y tener siempre un plan emergente para contingencias que repliegan al turismo, un sector vulnerable ante cualquier amenaza.

El problema no se resuelve con despensas, ni con dádivas una población que sabe trabajar y que no se conforma con esperar en casa, sino con estrategia, creatividad, diversificación económica, alternativas de trabajo e infraestructura.

Ya quedó claro que el Estado requiere de una infraestructura hospitalaria de mayor nivel, con equipo e insumos que permitan responder durante este tipo de pandemias al turismo y a la población local que hoy busca un diagnóstico a su gripa, una prueba rápida, a su calentura y no tiene donde atenderse porque son rechazada en todos los hospitales del sector salud. No vamos a resolver la emergencia sanitaria disfrazando el Covid-19 de influenza o neumonía atípica. Los tiempos han cambiado y es hora de responder de manera diferente.