Los grilletes económicos

Tres temas, con sus especificaciones y modalidades, han concentrado la atención pública en estos días: lo que se ha denominado Austeridad Republicana, la Reforma Educativa y la gestión de Rosario Robles Berlanga.

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FMI, petroleras, NAICM
Avance en otros temas
Austeridad, Robles y RE

 

Tres temas, con sus especificaciones y modalidades, han concentrado la atención pública en estos días: lo que se ha denominado Austeridad Republicana, la Reforma Educativa y la gestión de Rosario Robles Berlanga. En el abordamiento de ellos, está impresa la huella del movimiento obradorista que ya gobierna el congreso federal y que estará en Palacio Nacional dentro de dos meses y medio.

Pero, mientras estos y otros temas de claro impacto político y social están en el debate, los grilletes económicos tratan de imponerse, silenciosamente, en temas sustanciales como el manejo fiscal (con “asesoría técnica” del Fondo Monetario Internacional, los contratos petroleros, la construcción del nuevo aeropuerto internacional en Texcoco y la “confianza de los mercados” con vista al retiro o el mantenimiento de inversiones en México.

La cámara de diputados aprobó, en lo general, la ley de remuneraciones que obliga a que ningún servidor público pueda ganar más de lo asignado al presidente de la república. Con insistencia, ciertos medios y determinados comentaristas han advertido del riesgo de que tales restricciones salariales estén provocando, ya, preparativos para retiros voluntarios de personajes de alto nivel técnico y operativo que no están dispuestos a percibir sueldos recortados.

Las medidas de austeridad que ha impulsado el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, buscan ahorros puros pero, también, la eliminación de prácticas de abusos y corrupción que han caracterizado a la mayor parte de la élite política pluripartidista (por cierto, durante ya casi doce años, esta columna y este opinante se han negado a referirse a los respectivos ocupantes fraudulentos de Los Pinos, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, como presidentes).

El punto de la reforma educativa ha sido igualmente cantado con toda anticipación. El propio López Obrador lo remarcó semanas atrás ante Peña Nieto. Ahora, ambas cámaras legislativas han emitido puntos de acuerdo (que históricamente han sido similares a las llamadas a misa) para exhortar a la administración actual a que incumpla la normatividad vigente y se abstenga de continuar con la evaluación de profesores.

El jefe político de San Lázaro, Mario Delgado, ha hecho saber con énfasis que no quedará ni una coma de la dizque reforma educativa que él mismo apoyó cuando era senador a nombre del Partido de la Revolución Democrática. Para efectos políticos inmediatos, la demolición avanza, aunque los segmentos más duros del magisterio no oficialista desconfían de la verdadera dimensión y profundidad del trabajo morenista con mazas y picos.

Rosario Robles Berlanga, por su parte, se colocó por voluntad propia como candidata de primer turno al ejercicio justiciero que la tribuna reclama desde ahora al gobierno por entrar. Ejemplo consolidado del ejercicio del poder público como fuente de estafas y pillerías, el paso de ella por dos secretarías de estado ha dejado suficientes muestras como para activar mecanismos judiciales contra la corrupción a partir del próximo uno de diciembre. Buen servicio indeseado ha hecho Robles al obradorismo, aunque ayer mismo el presidente electo dijo que no llevará a la cárcel a ningún “famoso” de la política ni el empresariado.

En tanto, el forcejeo sustantivo y contundente se está dando en el terreno económico. Las “fuerzas del mercado” están condicionando el próximo actuar del obradorismo. El futuro jefe de la oficina presidencial, Alfonso Romo, empresario derechista que ha sido la pluma final del proyecto de nación ganador de las recientes elecciones, ha anunciado que se han revisado los contratos petroleros signados hasta ahora y se ha visto todo bien, al grado de que ese obradorismo se sentiría “cómodo, muy cómodo” con esos textos y los negocios que amparan, si acaso con preocupación para ver cómo el próximo gobierno federal puede ayudar a que dichos negocios caminen pronto y bien. Al mismo poder del “mercado” ha dejado Romo la definición de las tarifas de venta de las gasolinas en el país.

Arturo Herrera, futuro subsecretario de hacienda, participó en un foro sobre asuntos económicos en el que confirmó que el Fondo Monetario Internacional asesorará al equipo económico del gobierno obradorista, durante dos semanas, en temas fiscales, macroeconómicos, financieros y de combate a la corrupción.

Expresamente, el FMI ha declarado su interés en saber cómo va a financiar el obradorismo sus promesas de campaña y plan de gobierno. Históricamente, esa institución ha impuesto criterios de operación a los gobiernos que, de rechazar tal normatividad neoliberal, caen en una clasificación que dificulta o niega créditos y buenas calificaciones internacionales. El rechazo al tutelaje del FMI ha estado presente a lo largo de décadas en las manifestaciones de izquierda de Latinoamérica.

También hay una fuerte presión para que la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México se realice donde el peñismo y sus beneficiarios lo habían decidido, en el Lago de Texcoco. Ayer, el secretario de turismo en funciones, Enrique de la Madrid, planteó que frenar el proyecto texcocano significaría frenar el proyecto del Tren Maya que impulsa López Obrador. Empresarios también señalan en privado el “desaliento” que causaría en inversionistas el que se rechazara el proyecto original del NAICM.

En las calles de la capital del país, por su parte, miles de personas marcharon en silencio para recordar lo sucedido cincuenta años atrás, en el contexto del movimiento estudiantil que fue reprimido en la plaza de Tlatelolco. La caminata se hizo en orden y en paz (tal era el reporte a la hora de cerrar esta columna), con demandas específicas del ámbito de la Universidad Nacional Autónoma de México pero, en el fondo, con el mismo ánimo social de medio siglo atrás, cuando se buscaba corregir a fondo un sistema injusto y excluyente. ¡Hasta el próximo lunes!