SIN GAFETE

La escenografía era para festejar.  Cifras, de las que no le gustan, que se traducían a una mayor cantidad de pensión para los aportadores a sus afores

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MAÑANERA 1

La escenografía era para festejar.  Cifras, de las que no le gustan, que se traducían a una mayor cantidad de pensión para los aportadores a sus afores.  Explicación técnica difícil de entender porque Arturo Herrera, el secretario de Hacienda, habla con una voz bajita y tan aguda que necesita traductor.  Invitados de palo, vestidos formalmente, mudos como tragarse una escoba, en primera fila para enojo de los reporteros que llegamos a las 5.30 am a formarse para alcanzar lugar en ese espacio.

Es decir, para permanecer más de una hora parados en la calle de Moneda. O sea, levantarse a las 3.45 de la madrugada para medio recomponerse, regaderazo de por medio.

Y los ejecutivos de quién sabe qué historia apoltronándose en los lugares deseados, en esa plataforma para escuchar y, aspiración periodística permanente, preguntar.

El dueño de los números, chaparrito e ininteligible hablaba de un grupo de privilegiados, que dentro de veinte o treinta años tendrán unos pesos más en su retiro.  Futuro que no comparte el presidente.

Porque nuestra generación, la de nacidos de 1950 a 1954, más menos, no conoció la palabra afore.  Y muy pocos, no los meseros, no López Obrador, no una periodista “independiente”, no trabajadores del campo, no ingenieros o médicos, pueden hablar de haber tenido, ahora sí pasado, un solo empleador que los hubiera dado de alta en el IMSS.

Por lo que ni siquiera la paupérrima pensión de trabajador podemos recibir. Como López Obrador. Y peor, no hubo respuestas satisfactorias sobre la enmienda de nuestra pobre realidad. Herrera aceptó que el estado está en deuda con una generación trabajadora que lleva más de 45 años en la joda diaria. Y que debemos seguir chambeando por aquello del recibo de la luz y demás. Después nos felicitaría, a mí y a él, los únicos de edad presentes, por el día del adulto mayor.

MAÑANERA 2

Llegó tarde el entrevistado.  Y me eligió para la primera pregunta.  Que uno debe tener, por si sí, en la punta de la lengua, padeciendo el síndrome de abstinencia de café.  Mi pregunta era buena: ¿Cuál considera que haya sido el mayor impedimento que encontró, en estos meses de gobierno, para impedirle gobernar como se le había planteado en tantos años de candidato?  Sin referirse a la corrupción o al mugrero que encontró…

Y como López Obrador es el maestro de la comunicación, el mejor experto en decir siempre lo que quiere decir, tomó un camino transversal para aceptar que lo más le preocupa, y ocupa, es la inseguridad.  A partir de ahí, dio una catedra sobre lo que él considera, los graves problemas inherentes a esto, que tienen que ver con la descomposición familiar, con el olvido oficial de los jóvenes, con la llamada torpeza de Felipe Calderón para iniciar una guerra…

Conclusión, que expresé en voz alta, Con la realidad hemos topado…

Luego insistió en que él es diferente. Imposible contradecirlo. Diferente y sin posibilidad de retirarse con una pensión medianamente digna…