Manuel Baeza / Grupo Cantón
Cancún.- Aunque no existe una cifra real sobre el número de personas en situación de calle, en Cancún cada vez es mas común verles, sin que hasta ahora se tomen las riendas para una verdadera solución.
La psicóloga Sandybel Robaldino, especialista en salud mental, alertó sobre la compleja realidad que enfrentan las personas en situación de calle en este centro vacacional, particularmente aquellas sin familia y con padecimientos psiquiátricos.
Desde una perspectiva profesional, describió este fenómeno como un problema biopsicosocial de alta complejidad, donde interactúan múltiples factores de riesgo acumulativos que agravan la exclusión y dificultan cualquier proceso de reintegración.
Estas personas viven una exclusión social extrema marcada por la falta de vivienda, ausencia de redes de apoyo, imposibilidad de acceder a servicios de salud —debido a requisitos como el comprobante de domicilio— y condiciones de pobreza extrema sin ingresos estables.
Robaldino enfatizó que esta situación no es pasajera, sino que tiende a cronificarse por barreras sistémicas que bloquean el retorno a la dinámica social normal.
El grupo vulnerable es multifacético y transversal: incluye niñas, niños, adolescentes, mujeres, hombres, familias y adultos mayores expuestos a pobreza extrema, desintegración familiar, adicciones, problemas de salud y discriminación constante.
En Quintana Roo, pese a ser un grupo de atención prioritaria en legislaciones, esta vertiente se ha dejado de lado durante años. Es común verlos en semáforos, el centro y andadores turísticos, mientras que en un hospital céntrico se instalaron rejas permanentes para impedir que pernocten allí y usen el espacio como dormitorio temporal.
La evidencia clínica y epidemiológica nacional e internacional muestra que las personas sin hogar presentan tasas mucho más altas de trastornos mentales graves que la población general, incluyendo esquizofrenia y otros psicóticos, trastorno bipolar, depresión mayor, trastornos por uso de sustancias, estrés postraumático, ansiedad y depresión.
La vida en la calle actúa como agravante: el estrés crónico, la violencia, la inseguridad, la desnutrición y el aislamiento intensifican síntomas preexistentes, generan comorbilidades y provocan nuevos cuadros psiquiátricos.
La especialista subrayó que la calle no solo mantiene, sino que empeora gravemente los padecimientos mentales, convirtiendo la supervivencia diaria en un ciclo de deterioro progresivo.
Esta realidad visible en las calles de Cancún demanda una respuesta urgente y estructural, más allá de medidas paliativas o asistenciales aisladas.
Finalmente, Robaldino insistió en que la inversión en un hospital psiquiátrico público no es un capricho ni un deseo aislado de especialistas en salud mental, psiquiatría, psicología y neuropsicología.
Se trata de una necesidad esencial para erigir servicios especializados al alcance de la población del estado, especialmente de los grupos más vulnerables que hoy carecen de atención adecuada y digna en Quintana Roo.