Paola Jurado, la superheroína del colegio Rébsamen

Paola Jurado tenía 7 años y era alumna en el colegio Rébsamen. A un año de su muerte, así la recuerda su papá.

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Paola, de ojos rasgados y sonrisa de labios gruesos, era la superheroína de su escuela: a sus 7 años ganaba medallas en taekwondo, iba a clases de matemáticas y de lectura en una escuela Kumon; nadaba como un pez, bailaba igual jazz que ballet y cantaba, cantaba mucho, cantaba del pop de Sia o de Dua Lipa hasta del rock-grunge de los Stone Temple Pilots.

Ecléctica, enérgica, sonriente y traviesa, Paola Jurado Rodríguez murió hace 365 días bajo los escombros del Colegio Enrique Rébsamen. Su cuerpo, con la gruesa y espesa coleta de cabello negro y piel morena, fue el último en ser recuperado.

Pasaron 16 horas y múltiples visitas a puntos de controlhospitales morgues para que sus papás pudieran ver a su hija una vez más.

“Tenía que tener la certeza de encontrar a mi hija a como diera lugar”, relata Alejandro, su papá, un hombre moreno de cara amable que el día del sismo tardó cuatro horas en poder llegar a la escuela de Paola.

“Desafortunadamente, el único lugar donde podía estar era el colegio y teníamos la esperanza de que estuviera viva, pero lamentablemente no fue así”.

La risa de Paola lo inundaba todo y sus pasitos decididos resonaban por toda la casa. Con todas las actividades que tenía, la energía le alcanzaba para hacer travesuras. A veces, recuerda Alejandro, tomaba monedas de la alcancía familiar y en los recreos compraba yogur y bebidas que llevaba a su hermano, su cómplice dos años mayor que ella, y sus amigas. 

Era una niña saludable, era una niña contenta, feliz; tenía muchas amigas, muchas niñas la seguían”, dice Alejandro, y se toma un momento para dar un suspiro profundo y esbozar a su hija antes de continuar la descripción, “era muy amable con su hermano, igual como todos tenían sus discusiones, pero era normal, eran hermanos, y a pesar de que se llevaban dos años ella lo cuidaba, le llevaba postres a su habitación para compartir y hacía travesuritas”.

“El sismo no mató a los niños” 

Todos los días, desde el 10 de agosto de 2010, cuando nació, hasta el 19 de septiembre de 2017, cuando murió, Paola se supo amada por sus papás y su hermano. No hubo un día en que la superheroína del colegio Rébsamenno escuchara un te amo y recibiera abrazos y besos.

Ahora, la vida sin Paola ha provocado una reestructuración en la pequeña familia. La ausencia es compañera, pero también un tesón bravío que desconocían.

Ellos no murieron por el sismo, ellos murieron por la corrupción, la impunidad, la negligencia y la omisión de los funcionarios públicos, y también por la omisión de la señora Mónica García Villegas”, responde Alejandro, a quien le cambia la voz y la postura. El dolor puede ser aplastante, pero también infunde valor, “todo este movimiento es en búsqueda de justicia, eso es lo que realmente buscamos”.