La sentencia a Mimenza

Muchos, con su soberbia a cuestas, piensan que amenazar a un periodista es un chiste.

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Muchos, con su soberbia a cuestas, piensan que amenazar a un periodista es un chiste. Por eso la lección dada, por un juez, a Carlos Mimenza es tan importante. Que lo hayan encontrado “culpable” de ataques a la libertad de expresión sienta un precedente inmensamente sano.

Que va a cubrirnos a todos, periodistas y sociedad.

Además, el juez halló culpable a Mimenza del delito de “amenazas”.

Hay que festejar. Hay que reconocer la voluntad, el valor de Amir Ibrahim Mohamed para denunciarlo, para acudir a todas las instancias, para contratar a un abogado, para asistir a todas las citas con la autoridad. Hay que reconocerle que se comportó como decían las clases de civismo que los ciudadanos debían hacerlo.

Y por eso consiguió que se rompiese el círculo vicioso de impunidad.

A partir de esta decisión del juez, sin importar cuál sea la pena que le impongan, no será tan fácil amenazar a un periodista, y por lo tanto tampoco será simple atacar contra su integridad. Insisto en que esto es una lección.

Mimenza es muy payaso; ni siquiera meditó en el alcance de los mensajes por celular que envió a Ibrahim para amenazarlo. Por eso insistió: “Primera advertencia, guarda la pantalla para que guardes las pruebas de mi promesa”. Y debe haber pensado que con estas amenazas iba a callar las críticas.

Sin la mínima conciencia sobre lo que hacía o decía, sin reconocer que cualquier ciudadano que tenga actividades públicas y/o políticas está sujeto al escrutinio público, debe haber imaginado que con estas amenazas callaba a Amir. Y lo que consiguió fue una sentencia en su contra.

El juicio no fue sencillo. No suelen serlo cuando intervienen celulares o redes sociales. El abogado de Mimenza objetó 23 pruebas y 17 testimonios que presentó el ofendido. Intervinieron peritos de todo tipo.

El esfuerzo que realizó Amir Ibrahim para documentar la acusación no fue en vano. La jueza condenó a Mimenza por “su plena responsabilidad penal en el delito de amenazas, agravado por tratarse de ataques a la Libertad de Expresión, lo cual está probado más allá de toda duda razonable”.

No queda sino congratularnos. Todos. En Plural.