La política arancelaria en México

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Lo aranceles, como instrumento de política económica, tienen una larga historia y han estado influidos por la situación política, las doctrinas económicas en boga y la implantación de instrumentos de política económica alternativos. Varias veces se les ha satanizado como obstáculos para el crecimiento económico, pero en la historia han sido usados por los países desarrollados, que ahora abogan por su erradicación.
En los últimos decenios del siglo XIX, nuestro país era importador de bienes de consumo, en particular los derivados de la industria textil, y la mayoría de éstos tenían como lugar de procedencia el continente europeo. Iniciado el siglo XX, el comercio internacional del país experimentó un fuerte crecimiento y el componente de las importaciones se modificó para dar paso a una mayor cantidad de bienes de producción, sobre todo por las necesidades de expansión de las vías férreas, indispensables para el avance de la industria local. Durante esa época, casi el 50% de los ingresos estatales provenían de los aranceles y su aplicación era más por motivos fiscales que por un intento proteccionista.
Los aranceles surgen como un medio de protección de la industria nacional, con objetivos recaudatorios. A lo largo de la historia han sido usados tanto por los países industrializados como por aquellos en desarrollo para impulsar su industria nacional, además de que su amplio uso ocurrió ante la falta de otros instrumentos de política económica. Ante la implantación de nuevos instrumentos y el surgimiento del neoliberalismo, el uso de los aranceles pierde importancia para el desarrollo de la industria local o para recaudar ingresos gubernamentales y se aplican sólo con fines de competencia, ecológicos, políticos y de protección social y cultural.
En nuestro país se originó esta situación en el siglo XX, durante la etapa pos revolucionaria y al seguir las tendencias mundiales se usaron los aranceles con fines de protección de la industria nacional. Lo anterior hasta la época de los ochenta, cuando la crisis económica obligaron a replantear el modelo económico y se abandonó el uso de los aranceles como instrumento de promoción industrial.
Los resultados de esta política han sido positivos para el comercio internacional de México, el cual se ha incrementado tanto en importaciones como en exportaciones. Se ha logrado una reducción de los costos de importación, con lo que se ha favorecido a ciertas industrias, como la maquiladora.
No obstante, los resultados de equilibrar la balanza comercial no se ha logrado y se presenta un déficit agudo, además de que se ha incrementado la dependencia comercial con Estados Unidos. En este sentido, la firma del TLCAN ofrecía una ventaja competitiva a los productores mexicanos, la cual erosionó rápido ante la firma de nuevos tratados comerciales del vecino país del norte con otros socios. Es por ello que una sola política de liberación comercial (aranceles bajos o cero) parece insuficiente, por lo que recuperar el uso de otros instrumentos económicos y reconsiderar el uso actual de los aranceles se convierte en un opción importante para impulsar el desarrollo de la industria nacional.
Ahora bien, con la reciente firma del T-MEC, México tiene una enorme oportunidad de continuar con el impulso a las actividades estratégicas en materia de exportación e importación, principalmente con sus socios comerciales (EUA y Canadá).
Finalmente, es importante mencionar que en México la política arancelaria la rigen diversas disposiciones empezando en primer lugar por la Constitución Mexicana y tratados internacionales; en segundo lugar por diversas leyes mexicanas, entre otras: Ley del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios, Ley del Impuesto Sobre Automóviles Nuevos, Ley Federal de Derechos, Ley del Impuesto al Valor Agregado, Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, Ley de Comercio Exterior, Ley del Procedimiento Administrativo, Ley Aduanera, Código Fecal de la Federación y también intervienen dependencias como la Secretaría de Economía, por mencionar alguna.

Pablo Gutiérrez Laguna