Entre invasores te veas

Respecto del concepto “invasión”, hay mucho para revisar en la historia universal, de hecho, el concepto apunta frecuentemente, a la intervención militar de un pueblo para someter a otro

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Escuche mientras lee: “Scooby Snacks” de la banda Fun Lovin Criminals.

Respecto del concepto “invasión”, hay mucho para revisar en la historia universal, de hecho, el concepto apunta frecuentemente, a la intervención militar de un pueblo para someter a otro. Hablamos inclusive de invasiones pacíficas, por ejemplo, la intervención de la música inglesa en el resto del mundo y en años recientes, la enajenación nos lleva a creernos todo lo que nos vendan como “verdades” respecto de una o miles de diferentes y muy variadas invasiones de extraterrestres o “aliens”; pero la peor de ellas, la invasión que un sujeto hace de la propiedad de otro; más patético aún, la invasión de los derechos de vía federal, con el objetivo de que la administración pública le resuelva sus problemas básicos.

En Quintana Roo tenemos cualquier cantidad de ejemplos; las invasiones a tierras propiedad de la Nación, en el entendido de que, la permanencia en ellas, de forma pacífica genera derechos de enajenación legal; las invasiones a humedales, las cuales están prohibidas en el artículo 5 de la Ley General de Bienes de la Nación y por el Reglamento para el Uso y Aprovechamiento del Mar Territorial, Vías Navegables, Playas, Zona Federal Marítimo Terrestre y Terrenos Ganados al Mar, invasiones esas con las que se enriqueció fraudulentamente Francisco Rangel Castelazo y su familia y luego, las invasiones fomentadas por políticos; desde la colonia Colosio, ordenada por el ex gobernador Mario Villanueva que tenía el objetivo de frenar la ambición de los Rangel Castelazo y que terminó beneficiando, no sólo a Francisco Rangel, sino al Negro Hendricks; las invasiones en Cancún encabezadas por un tal Hugo Morales quien se mantiene prófugo de la justicia, y las que usufructúa y hasta regentea Juan Carlos Pereyra, en fin, cualquier hijo de vecina pues.

Pero las más recientes, apuntan a que cualquier parásito viva del Erario Público, bajo el argumento de que, el actual gobierno federal prefiere la mediación; hablar con las progenitoras o cualquier otra cosa antes de actuar con apego irrestricto a la ley. Así, por ejemplo en Quintana Roo, cada vez son más las personas que invaden zonas denominadas “Derecho de Vía Federal”, que considera las orillas de carreteras y, desde luego, la parte inferior de cables conductores de energía eléctrica, sobre todo ahora que se pretende que por allí transite el celebérrimo, pero aún inexistente Tren Maya.

Resulta más que interesante que la gente que llega a invadir esos espacios, condiciona, amenaza, sentencia y hasta lucra con tierras que, evidentemente no les pertenece, que se las han “agandallado” porque es una forma muy efectiva de hacerse mantener por el gobierno federal. Ahora resulta que ‘los patos les tiran a las escopetas’, ahora cualquier vago o provocador a sueldo puede gozar de la libertad de afectar, infectar, ofender y más aún, de imponerse en tierras que no le corresponden y aún así, actuando fuera de la ley, ponerse en el plan de amenazar, exigir e intransigir.

Este extrañamiento no tiene absolutamente ninguna relación con la geografía política; no es que sean de izquierda, ultraizquierda o de la derecha recalcitrante, vaguitos contratados por enemigos políticos al sistema, o mercenarios pagados para desestabilizar, no, sólo se trata de parias, de lúmpenes que ahora resulta que han encontrado en la administración pública actual, la mejor manera de resolver sus problemas sin esfuerzo alguno.

Hay que tener cuidado, el mismo Rangel Castelazo era uno de éstos y mírenle ahora, todo un potentado, un cacique, un Señor Feudal. Llama la atención cómo se extiende por todo el sureste; ahora resulta que en el derecho de vía de lo que será el Tren Maya, inmediaciones de Chiapas y Tabasco, ya hay más de varios miles de vivales que se han apropiado del derecho de vía, con conocimiento de causa y hasta ponen a la venta esos terrenos que, desde luego, no son suyos.

Claro que ya condicionaron al gobierno federal: “o nos pagan unos 8 mil pesos por terreno invadido, o no nos vamos a mover de aquí”. ¿Pagarles para que se vayan?, ¿con el dinero de la ciudadanía?, ¿por qué no mejor, fincarles responsabilidad y llevarlos detenidos ante un juez? Pero igual en Quintana Roo; ¿por qué no encerrar al líder de los invasores de “In House” –Juan Carlos Pereyra-, por ejemplo y luego a cada uno de los parias que habitan allí?, ¿por qué tendrían que condicionarnos y vivir en ventajas evidentes los invasores, si no son personajes o aliens holliwoodenses?

Buongiorno.