El principio de la incomunicación

En sí, el primer mandatario es un comunicador nato. Con el encanto de su desparpajo tabasqueño, que sigue sin perder. Con una gran naturalidad.

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¿Qué se hace cuando el jefe es un excepcional comunicador?

Cuando está difícil seguir las formas que ha adquirido a través de muchos años puebleando, echando discursos, consiguiendo un espacio político con palabras.
El reto es inmenso.

Sin embargo, es obvio que el fracaso también lo será.

Basta la comparación. Y ninguno de los colaboradores de Andrés Manuel López Obrador tiene su capacidad para comunicarse, provocando empatía. Para decir lo que quiere decir de muchas formas. Todas eficientes.

En sí, el primer mandatario es un comunicador nato. Con el encanto de su desparpajo tabasqueño, que sigue sin perder. Con una gran naturalidad.

Durante los primeros días de su gobierno , hemos visto fracasar en esto de la comunicación a casi todos sus colaboradores. Excepto, diríase, a Marcelo Ebrard cuando no le gana su autosuficiencia académica que suele acartonarlo, o agregarle un tono de soberbia.

Marcelo habla bien. Ha conseguido elegir sus temas, en los que no hay resbalones. Y se salva del caos de las “Fake News” doblemente falsas. De las graves torpezas de comunicación de sus compañeros. Como la señora Olga Sánchez Cordero, presumiendo que el problema de los migrantes centroamericanos en la frontera se había solucionado.

O la señora Irma Sandoval que quiso enderezar un entuerto, un guiño al socialismo que le ganó, una definición de vida, gritando que los periodistas habían inventado la nota.

Lo cierto es que declaró, palabras más o palabras menos, que el tema no era subir salarios, sino que la iniciativa privada, el “mercado” asumió, bajarse los suyos, o en sus palabras que se “adecuasen” a la nueva moral y austeridad vigentes.
Más claro ni el agua.

Sin embargo, en sus “aclaraciones” hizo exactamente lo que cualquier experto en comunicación le habría aconsejado no hacer. Cometió todos los errores de un principiante. Y creó más confusión sobre lo que está confuso, sobre lo que muchos tienen temores: que el actual gobierno vaya caminando hacia el socialismo.

Si bien es cierto que la secretaria viene de una familia de activistas sociales, no había necesidad de echar agua a la inundación.

¿Habrá jefes de prensa, asesores, responsables de imagen? ¿Qué ayuda van a tener los colaboradores de López Obrador? ¿Quién va a dar la línea oficial de comunicación sin que se filtre a los medios, sin obviedades? ¿Cómo se va a ejercer la transparencia de este gobierno? ¿Quién va a garantizar el acceso de los periodistas a información y, sobre todo, funcionarios? Porque se trata de esto, de tener el mismo trato que tiene la fuente presidencial. De poder hablar con los responsables de todas las áreas oficiales y tener respuestas.

Hoy por hoy vivimos en los tiempos de poco entendimiento entre periodistas, analistas políticos y funcionarios públicos de primer nivel. De uno que comunica mucho. De muchos que comunican poco.

A ver cómo se ponen las cosas en enero…

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