Shen Yun, el espectáculo que China no quiere que nadie vea

A punto de iniciar su gira en México, la compañía Shen Yun denuncia hostilidades e intentos de bloqueo por parte del gobierno chino.

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El espectáculo de artes tradicionales chinas más grande del mundo es perseguido por Beijing. Y la persecución ha llegado a México.

En entrevista con El Financiero, Rosaura Pliego, presidenta de la Asociación Falun Dafa en México, promotora del montaje Shen Yun, pide a las autoridades del país velar por la seguridad de los bailarines y coreógrafos de la compañía Shen Yun Performing Arts, quienes desde 2006 —año de su fundación—han sido víctimas de agresiones del Partido Comunista de China, desde ataques cibernéticos y robos de pertenencias personales, hasta acosos y espionaje.

“Tuvimos información de que la gente de la Embajada de China en Méxicohabló al Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla para evitar que Shen Yun se presentara en ese estado. En 2013 sucedió algo similar. Hablaron alAuditorio Nacional para convencerlos de que no se llevara a cabo el montaje. La amenaza es real porque la hemos visto en otros países. No nos gustaría que hubiera algún tipo de problema con los bailarines. En ocasiones anteriores incluso solicitamos el apoyo de seguridad pública, pero ahora no hemos tenido respuesta”, comenta.

Para el régimen de Xi Jinping, Shen Yun no es espectáculo de danza tradicional: es una amenaza de Estado. Muchos de los bailarines de la compañía asentada en Nueva York son practicantes de Falun Dafa, disciplina espiritual prohibida por las leyes chinas desde 1999.

Si alguien la ejerce en China, puede ir a la cárcel. Eso en el mejor caso: estudios de distintas ONGs apuntan que los adeptos a esta disciplina están expuestos a la tortura o la venta de órganos. De acuerdo con un estudio hecho por los activistas canadienses David Kilgour y David Matas, más de 40 mil personas han muerto en China por practicar Falun Dafa. El Informador Especial de la ONU señala que, desde 2000, han sido identificados 314 casos de tortura en ese país. Y en 2009, The New York Times informó sobre una ola de represión que había cobrado la vida de al menos 2 mil personas.

De acuerdo con la vocera de la Asociación Falun Dafa en México, Ilona Ilea, el objetivo artístico de la agrupación es el rescate de un legado de 5 mil años de antigüedad, que fue eliminado de la historia oficial china tras la Revolución Cultural. Y es por ello que, dice Ilea, el Partido Comunista ha difundido la idea de que Shen Yun es “un espectáculo de mal gusto” que “pervierte los valores auténticos del pueblo chino”.

A donde quiera que va la compañía, el gobierno chino la persigue: en abril de 2014, funcionarios del consulado chino en Españase acercaron a las autoridades del Teatro Nacional de Cataluña para evitar que el show se presentara, bajo la amenaza de que “las relaciones entre China y España podrían verse comprometidas”, según informó el diario El Mundo. En diciembre pasado, The Guardian publicó un reportaje en el que reveló la serie de ataques que sufrieron los bailarines en Estados Unidos durante la gira de 2015. En Chicago, por ejemplo, uno de los autobuses de la producción fue rociado con sustancias corrosivas. En Nashville, las llantas de varios vehículos fueron robadas. Los miembros del grupo aseguran que también les han sido hurtados pasaportes, celulares y toda clase de objetos personales.

“Los regímenes comunistas funcionan en sociedades ateas o que ellos quieren volver ateas. La Revolución Cultural de Mao destruyó 5 mil años de cultura ancestral china. Borró el pasado de su pueblo al grado de que hoy muchos jóvenes chinos no conocen su historia. El sistema de educación pública siembra en los alumnos un odio hacia todos los grupos que disienten del partido. Los niños crecen creyendo que Falun Dafa es una secta. Y eso no es cierto: ningún practicante paga, y nuestra práctica está basada en los principios de verdad, benevolencia y tolerancia. De hecho, ni siquiera éramos una asociación; se decidió formarla para tener un respaldo legal que nos protegiera de los ataques del gobierno”, comparte Pliego.

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Falun Dafa surgió en China en 1992 de la mano de Li Hongzhi. Sus ejercicios abrevan de dos grandes tradiciones orientales: el budismo y el taoísmo. El número de practicantes creció en poco tiempo. Para 1999, había entre 70 y 100 millones, según la Comisión Nacional de Deportes de China; muchos más que los afiliados al Partido Comunista. La gente hacía sus ejercicios en parques y plazas públicas. Los conocimientos se transmitieron de boca en boca y los resultados fueron inesperados: “los obreros de las fábricas de pronto dejaron de robar en sus trabajos e incluso altos funcionarios dejaron de corromperse”, comenta Pliego. Fue entonces cuando el ex presidente Jiang Zemin pidió a Li Hongzhi un yuan por cada practicante. Éste se negó y empezaron los problemas.

“Cuando comienza la persecución, los medios de comunicación adheridos al Partido Comunista, que son prácticamente todos los que existen en China, lanzaron difamaciones y mentiras sobre la Falun Dafa. Aunque ya eran muchos adeptos, recordemos que es un país con mil 200 millones de habitantes. La información difamatoria se desplegó por toda la sociedad y eso tuvo consecuencias graves. Es muy común que las familias excluyan a alguno de sus miembros si es practicante. Hay padres que tuvieron que separarse de sus hijos, hijos que tuvieron que irse de sus casas para proteger a sus padres, niños que dejaron sus escuelas porque sus papás practicaban. Las consecuencias fueron terribles”, dice Ilea.

En 2010, la Cámara de Representantes de Estados Unidos pidió a los organismos internacionales detener la persecución. En 2012, el expresidente Barack Obama recibió de manos de un hombre una carta en la que se detallaba la serie de abusos de los que han sido víctimas quienes ejercen esta disciplina. Semanas después, el mandatario pidió a Xi Jinping respetar los derechos humanos de su pueblo.

El 28 de abril comienza la gira de Shen Yun en México. Del 4 al 6 de mayo dará tres funciones en el Auditorio Nacional. Y sí: en el siglo XXI, las creencias espirituales vuelven a ser motivo de una feroz cacería de brujas.

No existe un país en Occidente que no haya visto Shen Yun. Pero la República Popular China, paradójicamente, es el único lugar en el que nunca se ha presentado. Ya lo dijo Ai Weiwei hace tiempo: “en China, ser un artista libre es igual a ser un criminal”.

Desde 2006, año en que fue fundada, la compañía Shen Yun Performing Arts es perseguida por el Partido Comunista Chino. La razón: los bailarines son practicantes de Falun Dafa, una disciplina espiritual que está prohibida en ese país desde 1999.

Las penas para quien la practica van desde encarcelamientos hasta torturas físicas, según han documentado Amnistía Internacional y el Parlamento Europeo.

La Asociación Falun Dafa en México pide al gobierno mexicano que durante su próxima visita al país, donde iniciará una gira desde el 28 de abril, se cuide la integridad de los bailarines.

“La amenaza es real porque la hemos visto en otros países”, dice Rosaura Pliego, presidenta de la organización.