Cultura

Enrique Pérez emociona al público en su regreso a Cancún

Jocelyn Díaz / Grupo Cantón 

El joven barítono mexicano Enrique Pérez regresó a Cancún para ofrecer el recital Romantic Opera Night en el Teatro de la Ciudad

Cancún.- El joven barítono regresó al estado donde dio sus primeros pasos de ópera, para ofrecer el recital Romantic Opera Night en el Teatro de la Ciudad, acompañado por invitados internacionales y la Orquesta Clásica de Cancún, confirmando que el talento joven mexicano brilla en los grandes escenarios del mundo.

El telón se levantó y con él, la emoción de volver a casa. Enrique Pérez, uno de los barítonos más jóvenes en presentarse en escenarios como el Carnegie Hall y ante la realeza europea, regresó a Cancún para compartir el fruto de una historia marcada por la disciplina, el apoyo familiar y una vocación descubierta desde la infancia, cuando sorprendía a sus padres cantando ópera en casa.

A los 14 años partió a Suiza y hoy continúa su formación en Viena.

Acompañado por la Orquesta Clásica de Cancún, dirigida por el joven maestro Francisco Hernández Bolaños (32 años), la velada abrió con Rhapsody in Blue de Gershwin (versión de cuerdas).

La voz de Pérez destacó con fuerza y madurez en obras como Votre toast (Toreador) de Bizet, despertando el asombro del público por su calidad interpretativa y proyección internacional.

El recital contó con la participación de talentos emergentes de talla mundial: el tenor japonés Kento Yu (20 años), la soprano ucraniana Anastasiia Zakharchuk (19 años) y la mezzosoprano rusa Irina Popova, quien cautivó con una intensa Habanera de Carmen.

Momentos de especial complicidad surgieron en el dúo Pa… Pa… Pa! de La flauta mágica, así como en Natalka Poltavka, obra fundamental del teatro ucraniano, interpretada por Zakharchuk junto a Anastasia Hedi al piano.

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El romanticismo cruzó fronteras con El amar y el querer de José José, en arreglos de Hernández Bolaños, y con El crucifijo de piedra, donde el requinto jarocho dialogó con la voz del barítono.

El clímax llegó con El fantasma de la ópera en voz de Irina y Enrique, y la despedida con Dicitencello Vuje, entre aplausos de pie.

Conmovido, Enrique agradeció a sus padres y al público antes de volver a Europa.

Una noche que dejó claro que la juventud, guiada por el trabajo constante y el amor al arte, puede conquistar el mundo y regresar para compartirlo, invitando a Cancún a seguir llenando sus teatros y celebrando al talento que nace, crece y vuelve a casa.

Publicado por
Javier