Web Analytics
Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
periodico basta
Somos parte de:
Martes 18 Junio del 2019
nubes dispersas 21°

Letras de cambio

Este gobernador tan singular que tenemos que… 

Vaya que somos especiales.  Pueblo y gobernante.

Por una parte 77 por ciento de los quintanarroenses en edad de votar, con credencial oficial para hacerlo, no fueron a su casilla.  Es decir, les valió sombrilla decidir sobre el futuro del Congreso.

Lo que, de entrada, habla pestes de todos los candidatos de todos los partidos políticos.  Ni eran populares ni lograron convencerlos.  Incluyendo en esto a los que repetían, a los que ya eran conocidos.

¿Qué paso?  Malos candidatos, hay que insistir, y peor organización partidaria.  Porque ninguno que no fuese de MORENA llevó a gente a votar.

Por la otra parte, nuestro gobernador, Carlos Joaquín, no metió las manos.  Ejercicio verdaderamente excepcional, al que no estamos acostumbrados.  No metió manos, apoyo oficial ni dinero.  Se paró en la puerta de Casa de Gobierno a ver el desfile, totalmente a salvo de cualquier condición.

Y, lo que es más importante, a sabiendas de que el Congreso que viene, el que se estaba eligiendo, pondrá obstáculos a priori a cualquier iniciativa de su gobierno.

Se la jugó, insisto, con total conocimiento, a sabiendas.

¿Por qué?  Quiero entender que, porque Carlos Joaquín ha comprendido, antes y mejor que muchos, el momento que vive la Nación.  Porque se ha sumado a nuevos usos y costumbres políticas. Y, sobre todo, porque no se parece a sus antecesores.

Fracasaron partidos políticos: PAN, PRD, PES, y demás.  Fracasaron ambiciones grandes como las de Chanito Toledo o Greg Sánchez, fueron derrotadas otras “ambiciones” peores como las del hermano Beristain en Solidaridad.

Pero, a entender para lo que viene, para las próximas elecciones, fracasó MORENA al impulsar a gente impresentable, que no entiende nada de leyes, por lo que su triunfo, que tiene la inercia de López Obrador, está sembrando un descalabro inmenso a futuro.  A un futuro muy cercano.

 

También hubo una derrota, inmensa, en comunicación.  Porque la gente no salió a votar porque no sabe, no le han comunicado con eficiencia, qué hacen realmente los diputados locales.  De qué manera su “trabajo” en el Congreso puede afectar su vida, para bien o para peor.

Debemos quedarnos con una pregunta a responder: ¿Cómo vencer, en todos los ámbitos, desde la misma casa, la escuela, los medios de comunicación, la apatía ciudadana que evitó que salieran a votar?

Los faltantes de comunicación social

El sexenio pasado no se pagó un centavo de publicidad sin que Andrés Chao, subsecretario de Gobernación autorizase.

Es más, ni siquiera una invitación a un evento presidencial podía enviarse sin que previamente fuese aprobada por él. Tanto le sirvió al verdadero poder de Los Pinos, no exactamente Peña Nieto, que fue inamovible seis años.

Ahora faltan, según la Auditoria Superior de la Federación, 2 mil 826 millones de pesos por comprobar en este rubro. Y seguramente se los querrán endosar a Miguel Osorio Chong que, por orden superior, ni siquiera se enteraba de lo que sucedía en esa oficina.

Chao vetó, por instrucciones de sus verdaderos jefes, sin ninguna anuencia de Peña Nieto que estaba ocupado jugando golf, a periodistas incómodos para ciertos funcionarios del Gobierno. Todos los que NO aparecen (aparecemos) en las listas que han comenzado a conocerse. Les decretó una especie de “muerte civil” donde estos, críticos en mayoría “incomprables”, estuvieron seis años proscritos no únicamente para obtener publicidad sino para cualquier tipo de trabajo lícito.

Es decir, esta “subsecretaría” se encargó de la peor censura, incluso contra derechos humanos. No se diga de libertad de expresión.

Para algunos elegidos, ya lo comprobamos, hubo millones de pesos. En los últimos meses del gobierno anterior se inventaron “campañas” para hacer un pago de marcha a periodistas afines.

Ahora falta algunos millones. Poca cosa si se analizan las cantidades gastadas. Tal vez por las prisas de final de sexenio, o porque se sintieron, así lo deben haber comunicado sus jefes, intocables. Con Andrés Chao hay que señalar a Eduardo Sánchez que no fue sino un peón de éste.

Es obvio que en todo momento tuvieron el “apoyo” de Luis Videgaray. De otra manera no se entiende que pudiesen disponer, con total libertad, de miles de millones de pesos. Sin dar resultados. Que es lo más dramático, gastar tales cantidades sin mejorar la imagen presidencial.

Supongo que las cuentas bancarias de estos funcionarios están limpias. ¿Hubo comisiones pagadas por los beneficiarios? Estamos hablando de periodistas que deben haber recibido más de diez millones de pesos mensuales, si sumamos la “publicidad” de las dependencias del Gobierno. Hasta de la Casa de Moneda…

No se sabrá nunca. Reglas del juego. Lo que sí debería investigarse, para que no vuelva a ocurrir, es el criterio que rigió el otorgamiento de publicidad oficial. Y si se compraron criterios. ¿Pagaban para que les pegaran? No lo creo.

Miguel Osorio Chong fue el titular de Gobernación. Y, por tanto, le corresponderá legalmente justificar dónde quedaron esos 2 mil 826 millones de pesos que están buscando. A ver cómo explica que Andrés Chao nunca se dignó informarle sus decisiones.

Tenemos ya las primeras listas del destino de muchos millones de pesos que salieron de esa Subsecretaría. Nos falta, por aquello de la salud de las instituciones, que vengan los responsables a contarnos su parte, a decirnos qué criterio, que manipulación, hubo para este alegre reparto de los dineros públicos.

¿Se arrepentirá Peña Nieto de haber prescindido de David López?

Los misterios de la “lista”

La lista de periodistas que recibieron dinero en el sexenio pasado tiene muchos misterios. Uno de ellos resuelto a la mitad: Quién la filtró. Mientras el Presidente negó que habían sido ellos, ésta fue entregada por su oficina de Transparencia.

O sea que López Obrador no fue consultado, no sabía, y algún empleado la envió en automático. Lo que pone en una pésima posición a Jesús Ramírez Cuevas. Sea por no enterarse, o por no haber “inventado” una explicación más creíble para justificar una filtración, no autorizada por su jefe.

En cualquiera de las opciones, el Presidente no sabía. De otra manera, hubiese sacado partido del tema, en lugar de negar toda intencionalidad.

Muchos periodistas respondieron con furia insólita, y se llamaron “víctimas”, “perseguidos”. Lo cierto, es que el gobierno anterior gastó muchos millones de pesos. Que algunos periodistas recibieron dinero por concepto de publicidad de la manera más legítima a imaginar, y que no puede haber señalamiento negativo en esto.

Todos se defienden. Corresponde a la sociedad creer o no sus argumentos.
Importante que no hayan dado a conocer los montos que entregaron las demás instancias de Gobierno, el Gabinete “ampliado”. Ahí está el gasto de muchos millones de pesos.
De la lista publicada hay que tomar un nombre, porque ejemplifica las torpezas y/o “colusiones” del gobierno anterior, porque tipifica un tema muy oscuro que puede ser de la mayor corrupción: Eunice Ortega Albarrán.

De entrada, no había escuchado su nombre. No estamos hablando del conocimiento público que existe para cualquier otro de los enlistados. Los ingresos que recibió fueron, aparentemente, por un portal de internet que ya desapareció, que tuvo 13 seguidores. A sus manos llegó dinero de todos lados, por ejemplo, en octubre de 2015, una factura que pagó la Casa de Moneda por 50 mil pesos por un “banner”, para este sitio sin seguidores, “Mesa Revuelta”, que ya cerró. Pemex le pagó 465 mil pesos en el sexenio pasado, por publicidad en ese inexistente portal. También la Secretaría de Turismo, cuando era público que su portal no tenía ni 100 visitas al día.

La Asamblea del entonces Distrito Federal firmó con ella un contrato, en mayo de 2015, para inserciones mensuales de hasta 200 mil pesos. Ese mismo año, el gobierno de Miguel Ángel Mancera le pagaba 320 mil pesos. En 2018 Liconsa le pagó, por una campaña de octubre a noviembre, 1 millón 293 mil pesos, contrato que dice a la letra: “Difusión a través de portales de internet”. En Infonavit consta que le dieron dinero, sin especificar monto.

Y podríamos seguir. O mejor aún: Revisar Compranet…
En la lista publicada consta que le “dieron” 10 millones 607 mil pesos en Presidencia, donde casualmente cubrió la fuente para el diario “La Razón”.

En Instagram tiene 130 seguidores. En Twitter tiene 2 mil 319.

Sería sano conocer las razones por las que el anterior gobierno, todo, además de Cámara de Senadores y Diputados, gobierno del Distrito Federal, Asamblea, le pagaron millones y millones de pesos a esta “periodista”…

Y que aparece Chetumal

Chetumal apareció, como cosa de magia, en el análisis que hace Skyscanner, una plataforma de búsqueda de lugares para viajar, en el cuarto lugar de las ciudades más buscadas en 2018.

Del mundo. Junto a Bogotá, Melbourne, Beijing, Dublín, Reikiavik, entre otras.
Es decir, que fue uno de los sitios con mayor número de interés para los viajeros.
El Chetumal nuestro. A donde no les gusta ir a los que viven en Cancún. La ciudad capital de Quintana Roo gobernada por ineptos, cuando no corruptos, desde hace muchos años, sin importar el partido político. La ciudad de los baches. La que no tiene playas. Donde se dice que el mejor lugar para comer es en tu casa. La que viven como “castigo” funcionarios estatales que provienen de otras ciudades.

La ciudad donde no llegan los empleados de la Secretaría de Turismo, pese al compromiso presidencial. La ciudad donde se venden cervezas en la calle para que los jóvenes las beban en la calle, con la complacencia de los policías. La ciudad donde la autoridad municipal no resuelve ni siquiera el problema de la basura.

Chetumal se puso de moda. Asombrosamente para muchos.
El número de viajeros que llegan a Chetumal por vía aérea aumentó exponencialmente, pese a que el aeropuerto parezca del “quinto mundo”, a que ni siquiera haya lugares suficientes para esperar los vuelos, siempre, retrasados.

Desde hace algunos meses, Chetumal se convirtió en el destino favorito de muchos mexicanos que visitan, también, Bacalar o Mahahual. Ahora también es lugar “interesante” para viajeros de todo el mundo.

Y yo, ingenuamente, me pregunto qué estamos haciendo para merecer esto. Y, también, más ingenuamente, me pregunto de qué manera vamos a responder a este “interés”… preguntas que uno se hace…

Todos tenemos un “1994”

Diego Enrique Osorno demostró con su documental “1994” una inmensa valentía.
Hurgar en las entrañas del año más complicado de nuestra historia reciente, en heridas que todavía están vivas, sin tomar partido, sin meter sus entrañas, sin confundir la memoria colectiva con el imaginario de muchos, tiene infinito mérito. Porque lo que vemos en pantalla, con ese narrador omnipotente que tiene todas las voces, es un fragmento de la verdad.

Y vaya que en nuestro país es complicado hablar de “verdad”, así, sin adjetivos.
Yo vi los cinco capítulos de la serie de Netflix, con la ventaja del sistema vigente, de corrido, en una noche insomne. Después, ya de mañana, no podía dormir. Muchos testigos de esos días han dicho que tuvieron una vivencia semejante, porque la intensidad de ver lo que sucedió, de mirar los personajes en pantalla, de escuchar voces de entonces y de ahora, tiene un sentido de catarsis. De las que duelen.

En varias escenas, al escuchar explicaciones incompletas, o al constatar la parcialidad de algunos, comencé a “filmar” mi 1994 sobre la pantalla. A decirme que faltaba esto, que había parcialidad, que no están los cadáveres de Chiapas, que lo que vivimos en esos días en San Cristóbal de las Casas fue diferente, que nos quedó a deber el “Error de Diciembre” a faltar… sí, pero esa es mi visión.

Los que vivimos ese caos, ese devenir apabullante, seguimos sin respuesta a muchas interrogantes, que no solamente tienen relación con Mario Aburto. ¿Y José Córdoba Montoya? Ya que hablamos de posibles autores intelectuales.

Sí, pero hay que insistir, esa es mi narrativa. Y creo que todos los que vivimos 1994 de cerca tenemos nuestro propio documental en la mente. Lo invaluable, todavía me impacta como lo logró Diego Osorno y su equipo, es que la serie de Netflix consiguió que nuestra memoria fuese sobrepuesta a las imágenes que vemos.

Me tranquiliza que Jesús Silva-Herzog haya escrito: “Luis Donaldo Colosio es retratado como un santo” porque esa fue mi percepción. O que se refiera a la participación de Carlos Salinas de Gortari como yo la vi: “… a ratos el documental parece el testimonio de Carlos Salinas sobre aquellos días, la versión del presidente impera sobre el resto de las voces”.

Tal vez porque las otras voces eran interesadas, excepto la de Federico Arreola, testigo privilegiado de la cercanía de Colosio. O porque Salinas se detiene, siempre, al borde de hacer parciales sus declaraciones.

El ahora secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, es otra voz de excepción en la narrativa de Osorno, que vale la pena entender, o analizar por lo menos. En la perspectiva de su nueva realidad.

Los que vivimos ese 1994 que nos regala Diego Osorno ya no somos los mismos. Ni siquiera cuando nos encontramos en esas tomas un poco oscuras, casi fuera de foco. Sin embargo, los que fuimos estamos ahí, presentes, casi en estado de shock frente a esa realidad que tanto define todos los vicios y virtudes de lo que llamamos, por tantos años, sistema político mexicano…

La seguridad de los “periodistas”

A los reporteros les estorba mucho, para ejercer su profesión, estar rodeados de policías. Quien haya tenido escolta sabe que es una de las relaciones más complicadas, para ellos y para ti. Que la sensación de agobio es lo común.

Sin embargo, hay que entenderlo, el tema es de seguridad. De verdad. De la necesidad de contar con alguien que ayude a “subir el precio” de tu vida, para que los sicarios se lo piensen dos veces. Para que quienes quieren matarte, tengan que pagar más, que contratar a más gente, que pensar que tu persona tiene interés para la autoridad. Y, por tanto, no cuentan con la misma impunidad.

Es un mensaje. Y, también, dos manos, dos pistolas… En el caso de Francisco Romero El Ñaca Ñaca, el reportero asesinado en Playa del Carmen la semana pasada, hubo una decisión. Personal, suya, por razones que no conocemos, de quedarse sin escolta.

Y aquí entran los viáticos que el señor Alberto Capella determinó quitarles a los escoltas. Sobre todo, antes que, a cualquiera, a los escoltas comisionados con periodistas. Es obvio que ni Romero, ni otros periodistas, tienen capacidad económica para pagarles este dinero “extra”.

Pagarles a policías que están “comisionados”, como era en su caso, fuera de su lugar de origen, Chetumal, donde está su familia y su casa.
Resulta común que el periodista, el que tiene a los policías comisionados, trate de compensar esto con jornadas menos intensas. Tal vez por esta razón Francisco Romero mandó a dormir a sus escoltas.

Habrá quienes piensen que tal vez se iba a encontrar con alguien que no quería que se supiera, pero lo cierto es que los periodistas siempre queremos “encontrarnos” con alguien sin que ninguna otra persona lo sepa. Nuestro trabajo se nutre de “información”.
¿Le habrían salvado la vida? No podemos saberlo.

Lo que sí sabemos, lo que, sí es seguro, es que el tema de la seguridad, de las amenazas, de las escoltas, debe tomarse por todos con mayor seriedad. Es de verdad. Te amenazan, te quieren matar y te matan.

La situación de los policías estatales comisionados como escoltas es algo que debería revisar Alberto Capella, el mismo gobernador. Los viáticos les son muy importantes, y no es justo que se los quiten sin ninguna justificación. Se necesita que haya disposición, de ambas partes, de los escoltados y de los policías, para entender que es un trabajo de 24 horas.

Ya lo vimos, tristemente, con el asesinato de Francisco Romero… Que alguien le explique a Capella.

Laura Beristaín irá, más pronto que tarde, al basurero de la historia. La controversia política en Quintana Roo

Las leyes que rigen Quintana Roo, su soberanía, dicen que el gobernador puede tomar el mando de las policías municipales en cualquier situación de emergencia.  Sin ninguna consulta previa.

En los hechos, Carlos Joaquín no necesitaba un decreto para enviar a la policía estatal a Playa del Carmen.  Está en  su derecho.  Es una de las potestades del mandato constitucional que tiene.

Lo demás es una inmensa discusión política donde intentaron, con torpeza extrema $$$, en una “Mañanera”, meter al presidente de la República.  No es tema que afecte al “municipio libre”.  Cualquier análisis imparcial nos va a remitir a esto.

Dos personajes alimentan el amarillismo: Laura Beristaín y Alberto Capella.  Los dos permanentemente en la opinión pública, los dos sin cumplir expectativas de la sociedad. Aunque hay niveles. Y la presidenta municipal lo rebasa en negativos.

El gobernador Joaquín nombró a Capella.  Y sus razones tendrá para sostenerlo el tiempo que quiera.  Lo cierto es que hoy es el secretario de seguridad pública.

Para muchos la apuesta es que, si Capella no da resultados en Playa del Carmen, le espera su “renuncia”. Por eso, hubiese sido sano que se hicieran públicas las expectativas que tiene el gobernador por haberle entregado el control de la seguridad municipal.

La inseguridad en un municipio, una población donde comenzaron una nueva vida ciudadanos de todos los países del mundo, de todo el país, había conformado una realidad muy peligrosa para todos. No olvidemos que es el municipio que tiene, o tenía, el mayor crecimiento económico del país.  Disparos contra los clientes de una Cervecería, seguramente porque no pagó “derecho de piso”, fue lo que derramó todos vasos llenos de todas las paciencias.

Laura Beristaín es lo que sigue de discapacitada para su responsabilidad. Ganó porque se metió, literalmente, entre las piernas de la líder de MORENA, porque su único mérito ha sido trapearle el piso a la hermana, que ha dado bandazos con todos los gobernadores. Consiguió ser “candidata” a la Alcaldía.  Y después ganó por el voto a favor de López Obrador.  No quiere aprender a gobernar.  Le gusta, lo he dicho antes, el miasma de la corrupción de sus policías.

No es secreto la contraposición de la señora con el gobierno, en todos sentidos, como tampoco que ella se ha rodeado de lacras identificadas con narcotraficantes y/o con los exgobernadores.

Esto, la mala imagen de Capella, la constante de incapacidad de Beristaín, son el telón de fondo de lo que sucede en Quintana Roo.  Un telón de fondo bastante dañado, por cierto.
Carlos Joaquín es un hombre respetuoso de las Leyes, y actuó de acuerdo con lo que estas dicen.  No hay “autonomía municipal” lesionada por esto.  Lo que obligó al gobernador a tomar la decisión fue un problema gravísimo de inseguridad.

La presidenta municipal irá, más pronto que tarde, al basurero de la historia.  Carlos Joaquín, por lo pronto, está haciendo su mayor esfuerzo. Está teniendo el valor de actuar…

En Tuiter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx  Página: isabelarvide.com

Vamos por la refinería

La apuesta es muy alta.
¿Y si gana? ¿Y si se puede construir la Refinería de Dos Bocas en ese tiempo, y a ese costo?

El reto le viene cortado a la medida al presidente López Obrador. Es uno de esos temas que pueden despertar la mayor solidaridad, el mejor orgullo patrio, la respuesta más apabullante. Porque a los mexicanos nos gusta que nos digan que no se puede, que no somos capaces, para demostrar lo contrario.

Las grandes fortunas que han hecho los mexicanos que cruzaron la frontera como ilegales, provienen justamente de poder hacer lo que otros no pueden. En los restaurantes de Nueva York los mexicanos, sobre todo los que vienen de Puebla, son los empleados más cotizados. Porque hacen los que otros no quieren o pueden hacer.

Porque trabajan más horas que ninguno. Porque no se cansan. Porque le ponen toda su voluntad en aprender y, así, poder ascender.

Los obreros petroleros mexicanos son expertos, todos, en lo que hacen. Saben del petróleo mucho más que cualquier experto extranjero.

Ya empleados petroleros jubilados se manifestaron a favor de trabajar, voluntarios, para construir esa refinería. De igual manera muchos ingenieros petroleros declararon que sí se puede construir, en ese tiempo.

Quien haya recorrido los pueblos de nuestro país, habrá visto esas casas de dos y tres pisos que fueron levantadas ladrillo a ladrillo. Pemex es, o era una empresa estatal que despertaba el mayor orgullo. Que, además, provoca una relación muy intensa, muy especial con sus empleados. Y son estos, obreros especializados, ingenieros, todos ellos, quienes ya dijeron que, contra la opinión de muchos extranjeros, sí se puede. ¿A quiénes les vamos a creer?

Tal vez haya que trabajar dobles turnos, hacer esfuerzos más allá de cualquier descripción, pero si el reto es construir una refinería que los extranjeros dicen que no podemos… se vale apostar.

Recordemos la expropiación petrolera. Como los extranjeros dijeron que no íbamos a poder, que los volveríamos a llamar en semanas, que no estábamos capacitados.
Y sí se pudo.

Tenemos doctores, académicos, matemáticos, físicos, ingenieros, de primera. Contamos con expertos en temas complicadísimos. Que alguien vaya al Hospital de Cardiología y vea de qué somos capaces. Tenemos mucho talento. Tenemos una voluntad mayor a cualquier otra, ya construimos pirámides que hoy parecerían imposibles de lograr en ese tiempo. Somos todo lo poderoso que podemos ser.

El proyecto, como lo ha venido manejando López Obrador, de Dos Bocas puede unir voluntades mexicanas por encima de temas políticos, o de simpatías personales. Puede lograr mucho más a su favor de lo que imaginan grandes sectores sociales incrédulos.

Hace muchos años que ninguno, desde el poder presidencial, nos decía que podemos crear proyectos inmensamente ambiciosos, que se nos permite soñar, que dentro de nosotros está la fuerza que puede transformar la realidad. Eso es lo que consigue, lo que hace López Obrador.

¿Qué pasa si millones lo escuchan, si logran vencer el reto, si logran construir Dos Bocas?…

La impecabilidad de Yohanet

En el análisis más simple, la secretaria de Finanzas es una mujer de números. Que sabe ordenarlos. Que entiende sus razones. Y, por lo tanto, que por eso fue nombrada en su puesto.

No hay que irse con la finta, porque el papel que juega Yohanet Torres es más complejo.
Si bien a Juan Vergara le tocó un desastre, un verdadero caos sin pies ni cabeza, en esa dependencia, es a Yohanet Torres a quien le corresponde avanzar sobre lo que había hecho, mucho, su antecesor y modernizar de verdad las finanzas. Como una avenida de doble sentido, tanto para los contribuyentes como para los proveedores. Para todo aquel que tiene relación con el dinero público.

Muchos recordarán el “viacrucis” de gobiernos anteriores. Donde el protagonismo de los señores del dinero era un castigo divino, donde todos tenían que hacer cientos de horas de antesala, e incluso sobornar a algunos colaboradores del titular para intentar que sus facturas fueran procesadas.

Justo como en los tiempos de la Colonia.
En pocos ámbitos hubo tantas irregularidades consentidas.
Hasta ahí todo entra en el esquema del gobierno de Carlos Joaquín: Modernización, transparencia, combate a la corrupción. Yohanet, sin embargo, va más lejos. Ya es de agradecer que no se haya subido a un ladrillo, que no “venda caro su amor”, que sea accesible. Con eso podíamos darnos por bien servidos.

Lo singular, que está definido en las fotografías que Carlos Joaquín divulgó sobre su reunión en la Ciudad de México la semana pasada, es que también esté entendiendo, mejor que casi todos sus compañeros de Gabinete, de qué lado ‘masca la iguana’. Es decir, conoce su momento y no lo desperdicia, no se promueve, pero aparece en la foto. Diría que en todas las fotos.

En otras palabras, es una de las cartas del futuro. En donde se ofrezca. Así de amplio: En donde se ofrezca.
Y no estamos hablando solamente de números.

Miles de quintanarroenses que pagan más fácilmente lo que tienen que pagarle al gobierno, la reconocen. Pero también otros muchos miles la han visto. Discreta, oportuna (ojo con esto, que es una falla de la mayoría de sus compañeros) y sobre todo leal, absolutamente leal a su jefe.

Comencemos a ver las fotografías, porque en Quintana Roo todavía hay que salir en la foto…

Los marinos contra el sargazo

Algo es algo, dicen en mi pueblo.

Por lo pronto nos mandaron a los marinos, supongo que para recoger físicamente el sargazo en las playas.

¿Es suficiente? No, definitivamente no.  Se necesita una solución integral, mucho dinero del gobierno federal, entender que estamos hablando de una emergencia nacional.

El inicio de la atención del gobierno federal, del mismo presidente de la república, es la orden para la Secretaría de Marina para su participación en el combate a esta alga maligna, para decir lo menos.

Al sargazo hay que pararlo en el mar.  Hay que tener la participación de otros países, hay que convocar a especialistas… hay que hacer muchas cosas donde, también, se necesita la colaboración y el dinero de la iniciativa privada.

Por lo pronto, algo es algo, escucharon al gobernador Carlos Joaquín y nos mandaron a los marinos que, obvio, tendrán que informar a su debido tiempo de su fracaso, o medio fracaso, de que no pudieron “aniquilar” a esta alga maloliente que tanto daño nos está haciendo.

Ya veremos qué sigue.

La Wallace, esa historia monstruosa

En un país en que cada año llegamos a una cifra “récord” de asesinatos, en que hablamos de un promedio, 2019, de 78 crímenes violentos cada día. En un país en que todos, millones de mexicanos, hemos sido víctimas de la delincuencia o conocemos a alguien que lo ha sido, es fácil convertirse en “voz” de las víctimas. Y si a esta, devastadora, realidad le sumas el horror del secuestro, podemos llegar a historias tan monstruosas como la de la señora Wallace.

Una mujer madura que se hizo famosa por buscar a su hijo secuestrado. Todos los elementos necesarios para crear un personaje que despierte la mayor solidaridad social. Una mujer que alzaba su voz contra los secuestradores y que terminó lucrando con esto.
Durante los dos sexenios anteriores vimos como la señora Wallace, además de haber sido candidata para el gobierno de la Ciudad de México, acaparaba espacios en medios de comunicación, daba a conocer cifras de secuestro, se convertía en “juzgadora” de los gobiernos estatales y de las autoridades federales.

Lo que muchos no sabían es que este “trabajo social” estaba financiado por el Estado. Que la señora recibía muchos millones de pesos del presupuesto público.

Y ahora resulta, según las declaraciones de su primer marido, que ni siquiera existieron elementos científicos para establecer que su hijo “secuestrado” haya sido asesinado.
A la vez que surgen testimoniales de que ella ordenaba que “torturaran” a presuntos secuestradores detenidos.

¿Por qué hemos podido permitir que estas personas, porque la Wallace no es la única, lucren con su dolor, o con la mentira de su dolor? Porque nos sobran víctimas. Porque los gobiernos han sido omisos o incapaces para confrontar la violencia. Porque las instituciones de seguridad han necesitado de voces supuestamente “autorizadas”, pertenecientes a la sociedad civil, con credibilidad por haber sido víctimas, para darles un aval.

Un juego perverso que la realidad de la Wallace ha sacado a la luz. Una historia digna de la peor ficción policial donde las autoridades estaban a su servicio. Las autoridades federales inventando pruebas de un asesinato que no fue. Suplantación de ADN a sabiendas… porque la muestra de sangre, el ADN, no puede pertenecer a un hijo que es de otro padre, según declaración personal de éste.

¿Y la consecuencia de los supuestos culpables en la cárcel, sentenciados?
Hay un horror consentido. La creación de un monstruo para inventar una imagen. La utilización de la Ley como un pedazo de trapo sucio.

Lo peor, lo peor de lo peor, es que Genaro García Luna es, ha sido el mayor, el mejor experto en la investigación de secuestros que ha existido en nuestro país. Es decir, que no había necesidad de crear estos monstruos, de desvirtuar investigaciones… y que la responsable de todas estas puestas en escena goza de cabal salud y espacio en Televisión.

Ojalá que la apertura de la cloaca de la Wallace nos pueda llevar hasta la verdadera responsable…

Patadas a la gallina de los huevos de oro

Después del Petróleo, corresponde al Turismo traernos divisas y empleo. Somos un país propicio para los viajeros.

O éramos hasta la pesadilla del sargazo. Porque los turistas buscan nuestras playas antes que cualquier otro destino. Playas del Caribe Mexicano situadas mayoritariamente en Quintana Roo.

Cancún, la Riviera Maya, Playa del Carmen son destinos reconocidos en cualquier parte del mundo. El año pasado recibimos, en nuestro país, 41.5 millones de visitantes, la mitad o un poco más de estos llegaron por el aeropuerto de Cancún que tiene mayor número de vuelos que el de la capital.

Estos viajeros nos dejaron, aproximadamente, 22 mil millones de dólares. Que se traducen en pan en muchas mesas humildes, en ingresos para personas que de otra forma no conseguirían empleo por su falta de preparación: Meseros, recamareras, maleteros, taxistas, lavadores de platos, y muchos otros.

Estos, millones, mexicanos ganan dinero por el Turismo. Por eso Quintana Roo es la entidad federativa que mayor número de empleos tiene, es líder nacional con 11 mil nuevos puestos de trabajo en este 2019 que en otras partes del país se vive con tristeza y desesperanza.

Quintana Roo tiene una economía que crece anualmente tres veces más que la nacional, con un 4.9 por ciento este año, mientras que las cifras nacionales disminuyeron. Esta es la realidad del Turismo.

Que vamos a perder.Lo que sería gravísimo para una entidad con graves problemas de seguridad, además. Coctel peligroso sería sumar desempleo y presencia de grupos criminales.
Los viajeros, esa mitad de los que vienen

a México, no llegarán a Quintana Roo si no se encuentra solución al gravísimo problema del sargazo. Es decir, al arribo de toneladas de algas de color café, que tienen un olor muy desagradable al descomponerse en la arena. Los quintanarroenses, si me apuran los mexicanos, no tenemos ninguna responsabilidad en esto. Es un problema mundial relacionado con el calentamiento global.

Este año se espera sargazo por 300 veces más que lo que llegó el año pasado. Se necesitan, según el gobernador Carlos Joaquín, 800 millones. Que tiene que poner el gobierno federal, que ya quitó mucho dinero indispensable para la promoción turística.

El estado invirtió el año pasado 240 millones de pesos, mucho dinero para su presupuesto, para las necesidades urgentes de sus habitantes, para quitar estas algas malolientes de sus playas.

Además de pedir este dinero, el gobernador Joaquín ha insistido en que el sargazo es un problema que debe enfocarse globalmente, que afecta gravemente a varios países que viven del Turismo.

Si no escuchamos su voz, todos, ciudadanos y gobierno, vamos a lamentarnos. Si no se entiende la gravedad de la llegada del sargazo, la peor pesadilla para el Caribe, vamos a perder mucho dinero de ingresos, empleos, desarrollo, calidad de vida para millones de mexicanos… vamos a matar la gallina de los huevos de oro del Turismo. Y lo vamos a hacer en tiempos preocupantes para el país…

La soledad del gobernador

¿Ustedes han escuchado a algún candidato hablar bien del gobierno, de la persona de Carlos Joaquín? Porque yo no. Es como si todo hubiese sucedido en Quintana Roo, en estos dos años y meses, por generación espontánea. Como si los logros estuviesen en un plano muy lejano de su mundo. Como si la realidad del Estado le fuese ajena.
Parecería que los candidatos no han visto las batallas dadas por el gobernador, primera persona del singular, para que Estados Unidos no nos coloque en una lista de sitios que no deben visitarse por el peligro existente. Esto, pese a la lista interminable de ejecuciones, de violencia que vivimos. Un ejemplo de lo que Carlos Joaquín hace en total soledad.
Además, no vemos en estas cruzadas, la de la promoción turística para citar una, a los titulares del ramo. Ni a los empresarios. Ni a todos los que se quejan cada día. Como sucedió en el Tianguis Turístico donde el gobernador parecía el empleado más “movido” frente al beneplácito de sus “acompañantes”. O con su solitaria visita a Washington.
Silencio similar al de los candidatos, el de los colaboradores de Carlos Joaquín. No se diga de los presidentes municipales.
¿Y los críticos, los opositores? Gozan de cabal salud.
Si hablamos de Chetumal, donde un señor invisible dice ser presidente municipal, es el gobernador el que está instalado en bachear las calles. Ya sólo le falta salir a recoger la basura, comenzando por Majagual donde el mal olor tiene que haber afectado las vacaciones de muchos.
La contabilidad, en tiempos de crisis, y vaya que estamos viviendo la crisis de la inseguridad, la crisis del sargazo, la crisis de la baja en visitantes, debe hacerse en sentido contrario. Y alguno, uno entre los candidatos afines a su gobierno, uno entre sus colaboradores, tendría que salir a ponderar todo lo malo que no nos ha pasado, todo lo muy malo que se ha logrado evitar hasta ahora. ¿O es que piensan que Carlos Joaquín da mala sombra?
Todavía es tiempo de poner a la realidad en su verdadero balance, de voltear a mirar a nuestro alrededor como si este gobierno apenas estuviese entrando a su mitad, y no como si ya fuese de salida.

ESE OFICIO DOLOROSO DEL PERIODISMO

Por Isabel Arvide

@isabelarvide en Twitter

FRENTE TIJUANA EN NETFLIX

¿Una historia que comienza con una ceremonia luctuosa donde se nombran a los periodistas asesinados en nuestro país?  ¿Una serie de televisión, Netflix, extranjera, que termina con la contabilidad de los reporteros asesinados mientras la filmaron?
Una ficción que, además, tiene como protagonista a Tijuana. Y que se burla, cuestiona, fustiga con excelencia a Jorge Hank Rohn.
Al terminar el primer capítulo, en automático, uno regresa la imagen para buscar quién la produce, a quién se le ocurrió filmar una historia de periodistas con la veracidad, y hasta el amor tremendo por el oficio. Y el nombre que aparece te convulsiona: Hammudi Al-Rahmoun Font. Te obliga a imaginar que un extranjero, árabe, pueda recrear una redacción en provincia, agobiada por la falta de dinero, apegada a la investigación seria, resuelta a divulgar la verdad con el costo que sea.
Y resulta que no es extranjero.  Es un mexicano.  Un cineasta joven con inmenso talento que se cansó de recrear el mundo de los narcos.
El elenco, encabezado por Damián Alcázar, es excepcional. Ver a Claudette Maillé como la directora-fundadora del semanario, sin sus chinos y su desnudo, cincuentona, es entender la magia de la creación de un personaje. No se diga la personificación del monstruo Hank Rohn, una especie de patrón que todo lo puede, tal vez hasta mandar asesinar a un periodista incómodo. Con la carga de seducción inherente al dinero. Con la violenta expresión de todo lo que puede significar, en una frontera, la corrupción.
¿Qué cuenta la historia? Narra, por eso es tan excepcional, la esencia del periodismo. Nos muestra la vocación a prueba presente en todos los periodistas. El miedo. La violencia. La vulnerabilidad de quienes tienen la deformación existencial de contar verdades.
El riesgo, único, de comenzar a verla es que no puedes apagar la televisión. Porque, además, los escritores nos llevan a la intimidad, con pudor, de los personajes. Y tenemos un asesinato. La colusión de sindicatos con narcotraficantes. Y las autoridades al servicio de los criminales que no tienen rostro pero que todos conocemos.
El hijo ausente que sufre la vocación, ajena para él, del padre periodista, editor, director. Que se deja manipular por el personaje nefasto que representa a Hank. La esposa en segundo plano que terminará llorando a mares, impotente, testigo secundario de la realidad que la rebasa, víctima también de esa vocación que no tiene horario ni límites. Cada uno nos cuenta su verdad.
Quienes quieran saber del periodismo, de su ritmo interno, de su vulnerabilidad, de sus reglas, tienen que ver esta película-serie. Que, también, es muy entretenida.
El telón de fondo es el semanario Zeta de Tijuana que está cumpliendo 40 años. Quienes conocimos, respetamos, tuvimos relación con Jesús Blancornelas vemos, con gran afecto, el trasfondo del periodismo que creó, junto con Adela Navarro que ha hecho la hazaña de sobrevivir a tanto.
Si tienen algún tiempo disponible, véanla. Y pueden sentir cualquier cantidad de sentimientos en las escenas finales que, a final de cuenta, no son sino un pedazo de nuestra realidad.

 

 

Del presidente a los periodistas…

LETRAS DE CAMBIO

ISABEL
ARVIDE

@isabelarvide

En tabasqueño hubiese sido más fácil entenderlo. Porque la utilización del vocablo “prudentes” dejó espacio para todo tipo de manipulación, la que, además, sigue presente en el ánimo de muchos analistas políticos que continúan con la piel muy suave frente a cualquier expresión de López Obrador.
En la “mañaneras” la elección de cuál de los presentes tiene voz es, totalmente, aleatoria. Un día López Obrador decide que hablen los de la segunda fila, de izquierda a derecha.
Otro alguno de hasta atrás, donde no alcanza a reconocer a los periodistas. Y, también, a veces se decide por la primera fila. No hay lugares fijos. Los reporteros se van sentando según van entrando, según el señor de la puerta te permite pasar y los soldados dentro, de uno en uno, te detienen para revisar tu “gafete”.
Por eso la fila, fuera de la puerta de Moneda, comienza a las seis de la mañana. Por eso llegan las señoras gordas a vender café y atole, las mismas que salen corriendo cada diez minutos quién sabe por qué. Hay que formarse de noche para lograr entrar.
El primer mandatario tarda en sus exposiciones. Y los reporteros tienen dos preguntas por turno. Todo este ritual hace más “democráticas” las “mañaneras”.
El lunes un periodista, de uno de esos “medios” que solamente conocen unos cuantos, le preguntó a López Obrador sobre Jorge Ramos. Con expresiones que se han magnificado desde su intervención. Y el Presidente respondió a su manera.
Y se armó la de Troya…
Lo que quiso decir fue que los reporteros que asisten habitualmente a las “mañaneras” no lo están “cuqueando”. No van a provocarlo. No hacen un show de sus preguntas.
No van con mala leche.
Aunque, creo yo, se valdría la mala leche si no hubiese afán de convertirse en merolico que vende suscripciones de su periódico.
En los hechos, el mandatario “defendió” a los presentes de las críticas, así lo dijo, de un columnista que escribió que eran “malos periodistas”.
Luego, a su manera, agregó que la gente está muy consciente, que existen redes sociales, y que los periodistas eran “prudentes” porque si se “pasaban” ya sabían…
Refiriéndose a lo que acababa de decir, a las redes sociales, a la gente que no compra mentiras, a la gente que será la que juzgue a los periodistas que “se pasan”. E insistió: “no es conmigo, no soy yo, es con los ciudadanos”.
Cualquiera que tenga presencia en Twitter sabrá lo mal que le ha ido a muchos periodistas que fueron consentidos del poder en años anteriores, que cobraron mucho dinero según las facturas que se han hecho públicas. En verdad, les va mal con grandes sectores sociales. De eso habló López Obrador.
Y el escándalo se hizo. Ejemplo de la falta de entendimiento entre periodistas que tienen otra visión del mundo, que no escuchan o saben escuchar al primer mandatario, que todavía no se familiarizan con su estilo de hablar…
Cotidianidad de la Cuarta Transformación…

En Twitter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx Página: isabelarvide.com

Otro que se nos va

Cada día los vuelos a Chetumal vienen llenos de personas ansiosas de conocer la capital del Estado, de hacer un “turismo” diferente. Cada vez es más común escuchar relatos de viajeros que estuvieron en la capital y sus alrededores, en Bacalar, en las zonas arqueológicas, en Majahual.

Sin embargo, al subsecretario Simón Levy no le gustó vivir aquí. Tal vez, encontró a Chetumal muy pueblerino para su vida “sofisticada”. Lo cierto es que a pocas semanas del anuncio de su traslado, con la oficina a cuestas, renunció.

Existen dos versiones sobre sus razones “personales”. La que, seguramente, difundió su equipo y que habla de desencuentros con su jefe, de una renuncia aceptada por el primer mandatario e incluso de una nueva posición oficial por anunciarse. Lo que suena a fantasía. La otra versión parecería más real, una campaña orquestada contra Miguel Torruco de la que fue avisado el primer mandatario.

Torruco, no olvidar, es cuate hace muchos años de López Obrador.
El tema del Turismo no marcha tan bien como se pudiese esperar. Hay que reconocer bajas en el flujo de viajeros que recibe el país, comenzando por Quintana Roo. Sin embargo, poco de esta realidad puede adjudicársele a Torruco. Lo cierto es que, por instrucciones de su jefe, canceló en los hechos la promoción oficial, donde había muchos intereses y mucho dinero en juego.

Y no ha ayudado a convencer al presidente de que haya dinero, 125 millones de dólares le pidieron los empresarios en el pasado Tianguis Turístico, para este rubro.

¿Qué papel jugaba Levy? Obviamente no el de la sumisión, tampoco el del segundo plano para decirlo amable en que viven los “subsecretarios”. Que no parecen, además, trabajar con independencia de su jefe directo. ¿Regresará? No lo creo.

Otro que se nos va de Chetumal. Otro funcionario federal que como a algunos funcionarios locales no les gusta vivir en Chetumal… otro que no entendió la calidad de vida de la capital del Estado. Otro que no entendió, punto.

NO QUEREMOS VASALLOS: AMLO

“Esto no es personal… qué hacen los periodistas honestos, que son mayoría, quienes no quieren corromperse… qué opciones, qué alternativas en un gobierno democrático” me respondió el presidente López Obrador a pregunta expresa, en la mañanera del jueves 11 de abril.

¿Qué hacer con la honestidad que parece estorbar nuestras vidas, nuestro desempeño profesional? Esa era mi pregunta.

Este gobierno, inicié, no persigue a periodistas como lo hicieron otros. Y puedo hablar porque me metieron dos veces a la cárcel por una publicación, porque perdí mi casa por defender, ante jueces corruptos, mi derecho a decir una verdad, porque perdí mi trabajo de directora de un diario, SUMMA, al negarme a aceptar censura… enojo presidencial por un encabezado que resultó “profético”: “Decepcionó el Gabinete”. Lo que no se podía escribir en 1994.

Sin embargo, los periodistas honestos, había que decirlo para crear conciencia, para que López Obrador lo supiera, estamos mal, muy mal en este gobierno. Justamente como si la honestidad tuviese que ser castigada.

El gobierno nos cierra puertas a todos los trabajos, alternos, que los periodistas hemos venido haciendo para llevar pan a la mesa: Desde corregir textos, dar clases, cursos, hasta escribir libros. Talacha, chambas que de la manera más legítima hacemos para pagar la renta.

Por qué somos periodistas que no tenemos, pese a más de 40 años de trabajo continuo, no tenemos derecho a jubilarnos, a una pensión, al Seguro Social. Por qué no nos toman en cuenta para las becas de creadores pese a los libros publicados. Somos artesanos de la palabra.

Somos periodistas que, en este gobierno, no conseguimos que nos devuelvan una llamada, tal vez porque hemos sido fustigados, parejo, por el primer mandatario. Que perdemos el valioso acceso a la información por la llegada de jóvenes inexpertos que nunca te han leído, que no saben nada de lo que deben saber.

Dijo AMLO: “¿Cómo, sin cooptarlos, garantizando la libertad, se les apoya?… cómo… salario mínimo profesional… servicios médicos… vamos a tratar el tema… vamos a buscar opciones”.

Hizo hincapié en lo importante, para quienes hemos sido perseguidos, amenazados desde el poder público: “Lo que necesitamos es pensamiento crítico… no queremos vasallos, no queremos la consigna de antes de obedecer y callar”.

¿Habrán oído los jovencitos que sin experiencia están a cargo de las direcciones de comunicación social? ¿Habrán llegado sus palabras a la oficina de Jesús Ramírez Cuevas?  ¿Lo entenderán los desconocidos que niegan, hay que llamar y volver a llamar, hay que esperar y volver a esperar, la entrada a las mañaneras?

Lo cierto, diría importante, es que ya lo dijo el presidente López Obrador. Y que una más de sus preocupaciones será de qué manera, en un gobierno democrático, los periodistas honestos llegamos a tener el respeto, las oportunidades de trabajo, el acceso a la información que merecemos.

Que conste.  No un “WhatsApp” sin sentido.  No la interminable cadena de “asistentes” que no pueden ni transmitir un mensaje.  No la negativa a responder una pregunta. No el ocultamiento de información.  No a la soberbia.

¿Será mucho pedir?

¿Por qué ninguno iba uniformado?

ACAPULCO, GUERRERO. En el Tianguis Turístico es muy fácil saber quién es quién, de qué Estado, porque lo llevan puesto. Incluso algunos con una vestimenta típica, con algún bordado, fácilmente identificable. Los de Nuevo León, valga el ejemplo, traen botas y sombrero. En Quintana Roo perdimos el nombre y la identidad, porque el pabellón es de “El Caribe Mexicano”, ya no del Estado. Y ninguno lleva uniforme, ni la secretaria de Turismo ni las jefas de prensa, excepción en verdad, las dos Serrano.

¿Por qué? ¿Cuáles son los vicios detrás de esto? ¿Piensan que todo mundo los reconoce?
Poca, muy poca gente en el Pabellón de Quintana Roo. De hecho, es el mejor lugar para sentarse si quieres descansar, así de vacías las sillas.

Excepto cuando estuvo el gobernador Carlos Joaquín, ni la jefa de prensa de Turismo se paró por ahí el primer día del Tianguis.En todos los otros pabellones hay entretenimiento. Tlaxcala, además de comida gratis, de la fuerza visual de la reproducción de sus murales, tiene un cuarto oscuro donde puedes tener la impresión de ver luciérnagas. Andan “calacas” por el de la CDMX, hay artesanos en todos, en Jalisco regalan mezcal, en el Estado de México más comida. En Nuevo León, todos con botas, camisa morada, regalan sombreros.

Insisto el más aburrido es el del Caribe Mexicano. Porque Quintana Roo desapareció en una competencia, precisamente, de Estados. ¿Dónde está la camiseta a sudar? Ni camiseta ni voluntad. Por cierto, Haide Serrano vino el domingo y después desapareció.

Carlos Joaquín no paró el lunes. Lo habitual era verlo, literal, correr en los pasillos. Y los demás supongo que, de vacaciones, si es que hubo “demás”. ¿Por qué perdimos nuestra identidad? Tal parece que montar el “stand” era muy aburrido, un requisito a llenar. No importa cuántos atractivos tengamos, a la hora de promocionarlos somos lo que sigue de indiferentes… excepción de Carlos Joaquín que en verdad ha estado “chambeando”. ¿Es suficiente?

¿POR QUÉ NO LLEVARON AL TIANGUIS A PÉREZ ZAFRA?

Cuando vi a Haide Serrano caminar por el pasillo del vuelo de Interjet a Acapulco, ocho de la mañana del sábado, pensé por qué no traerían a Carlos Pérez Zafra al Tianguis Turístico.

Chetumal abandonado durante años, durante gobiernos, ha comenzado a resurgir de sus cenizas gracias a la voluntad del gobernador que reconstruye calles y hospitales, a que López Obrador volteó su mirada al Sureste, al “Tren Maya”, a la mudanza de la Secretaría de Turismo. Y Pérez Zafra que como pescador conoce la zona perfectamente, le dijo en días pasados a Miguel Torruco de un puente…

Para comunicar Ixcalak con San Pedro, Belice.

Lo que me parece la idea más inteligente que he escuchado en años sobre el desarrollo del Sur del Estado. Si pudiésemos traer el tipo de turismo que tiene San Pedro, Cayo Caulker y toda esa zona de Belice, Chetumal, el Sur, cambiarían espectacularmente.

Porque la gente de dinero, de todas partes del mundo, está encontrando en Belice pequeñas poblaciones donde se puede convivir con la naturaleza, con el mar, con sus habitantes, en una perfección muy alejada de los grandes centros turísticos. Para eso viajan, para eso gastan dinero.

La propuesta de Pérez Zafra está llena de lógica y sentido común. Es viable, es barata con relación a otros proyectos de este tipo, y el titular de Turismo lo escuchó con atención.

Pero, me queda claro, no es, no somos diría, santos de la devoción de doña Haide que, en un desplante, grosero, la última vez que me la encontré en Chetumal prefirió ir a sentarse con Pedro Canché, tal vez a hablar de convenios.

El Tianguis es un sitio perfecto para que Pérez Zafra hablase, con la gente del dinero, del turismo, con los empresarios, de su idea. Si hubiese un poco de apoyo.

Por cierto, nunca, en 43 años de desempeño profesional, me había tocado viajar junto a un jefe de prensa, Haide, que ni siquiera tuviese la atención de preguntar si se me ofrecía un taxi, ya no otra cosa, una pregunta educada, como hacen los jefes de prensa siempre.
Arrieros somos y en el camino andamos dicen en mi pueblo…

El sargazo, la gran batalla

El tema, como tantos otros, es nacional.

Lo que olvida, como tantos otros temas, el gobierno federal.

Porque Quintana Roo contribuye con un inmenso porcentaje a los ingresos del país por turismo. Y si el sargazo no se combate efectivamente, con mucho dinero, con mucha imaginación, con mayor interés federal, todos absolutamente todos vamos a perder.

Las algas que destruyen nuestras playas se originan en Brasil, en un mar que se llama, precisamente, “mar de los sargazos”.

O sea, es un problema inmenso que nos llega de lejos. De otro país. Por eso la iniciativa del gobernador para que intervenga la Secretaría de Relaciones Exteriores en gestiones con ese país, y otros de Sudamérica, para detener el alga ahí.

La solución debe darse desde su origen.

El coordinador de asesores del gobernador, Felipe Ornelas, que encabezó los trabajos de 71 investigadores, aseveró que todo lo que se ha hecho hasta ahora “han sido experimentos”. Ellos creen que la mejor solución, la más barata es detener el sargazo en mares internacionales, antes de que lleguen a Quintana Roo.

Por su parte, el gobernador del estado afirma que este problema debe ser incluido en el Fondo de Desastres Naturales. Ninguno podemos objetar esto, es el mayor desastre que podemos vivir, incluso mayor que la violencia.

Si perdemos turistas, todos pierden en el país. Con sargazo tapizando nuestras playas no vamos a tener el mismo número de visitantes, pese a los esfuerzos, inmensos, de Carlos Joaquín.

Se necesitan entre 800 y 1 000 millones de pesos para combatir el sargazo. Que se juntarán con participación del gobierno estatal, federal y la iniciativa privada. Y trabajar con marchas forzadas.

Ante escándalo mediático, Armando Vega Gil se suicidó

¡Cuánta amargura! Qué terrible confusión, qué inmensa pesadumbre, padecen tantas mujeres que buscan protagonismo o venganza por medio de un seudo movimiento, amparado en una supuesta libertad de género, copiado de Estados Unidos, llamado “MeToo”.

En México, este instrumento para denigrar a complacencia, sin ningún límite, ya cobró una víctima: Armando Vega Gil.

Un músico, un artista, escritor, guionista de prestigio que fue acusado, anónimamente, de pederastia. Acusación que redes sociales, medios de comunicación magnificaron en cuestión de minutos sin siquiera conocer el texto completo.

Porque, como sucede con otras acusaciones, en el mayor destiempo una mujer, enferma de frustraciones y soledad, “recuerda” que cuando tenía 13 años el músico la invitó a su casa, con amigas, entabló una plática por mensajería y, dice: “yo no tenía las herramientas para entender que esas miradas lascivas tenían una carga sexual… y si hubiera ido a su casa sola, estoy segura de que ese viejo hubiera abusado de mí”.

Parece un mal texto de una pésima escena de una telenovela barata. Sin embargo, su sobredimensión adquirió un peso infinito para el escritor que, según su testimonio: “tras la denuncia perderé mis trabajos, pues todos se construyen sobre mi credibilidad pública”.
Por eso se suicidó.

Este movimiento, copiado de Hollywood, se ha expresado en nuestro país con denuncias que bordan el ridículo. A periodistas como Pascal Beltrán del Río lo acusan de preguntar a una mujer si lo va a besar. A Pablo Hiriart de enviar un corazón en un mensaje. Lo grave, tanto así como ha quedado establecido con el suicidio de Armando Vega, es que la sociedad, moña, les otorga a estos supuestos una categoría de acoso. Es decir, de agresión contra una mujer para obtener un favor sexual. Y no es así.

Quienes vivieron relaciones tóxicas están utilizando este “MeToo” para vengarse, porque está de moda fustigar a los hombres.

El acoso, las violaciones, la utilización del poder en contra de una mujer existen. Pero no en los términos, de risa, inocentes, estúpidos, corruptos, enfermos en que se manifiestan hoy. Que grave para nuestras niñas saber que sus madres están tan podridas emocionalmente.

¿Cómo puede justificarse una acusación de pederastía en “miradas lascivas” o en el “hubiera abusado de mí”? ¿Quién es responsable de esta ignominia, las mujeres que vomitan sus frustraciones, que acusan sin justificación, el medio para hacerlo “Me Too” igual de podrido? ¿O la sociedad que no analiza, que no lee siquiera un texto completo antes de juzgar, antes de destruir una historia personal?

Armando Vega Gil tenía razón en temer que toda su vida profesional, su trayectoria como escritor de libros infantiles, se destruyese por la magnificación mediática de esta injustificada, inmoral acusación. El suicidio fue su decisión personal. Pero detrás de su muerte, como también detrás de despidos y lapidaciones de prestigios públicos, está una sociedad iletrada manipulada por un grupo de mujeres enfermas.

La Mañanera

La entrada es por la calle de Moneda. Por donde se forman los turistas. Por donde no entran los empresarios “Fifí”. Y la fila se hace desde muy temprano, apenas pasadas las seis de la mañana. Luego un muchacho, joven e indocumentado, poco amable, pasa “lista”. La “talis”, como se le conocía hace muchos años.

Una lista que no permite pasar a quienes tenemos 40 o más años de ejercer el periodismo, que abre la puerta a cualquier otro que lleve un “gafete”, así sea hechizo.

A mí, me repito, me detienen. No valen mis argumentos. Marco el celular de Jesús Ramírez, no contesta, envió mensaje… pasan los minutos, todos se atropellan al pasar, es un decir, la seguridad. Yo debo esperar hasta que mágicos teléfonos den su permiso.

Dentro ya están ocupadas las tres primeras filas. Después descubriría mi pesar, porque el presidente no llega hasta la cuarta fila, no ve las manos que insisten alzarse para preguntar. No existimos.

En cambio, delante de mí hay un señor, voz engolada, que comienza su pregunta trayendo saludos de otros periodistas que están perseguidos pero atendidos. Así dice. Es de un “portal” inexistente.

No fue el primero en poder “cuestionar” al primer mandatario. Antes, un periodista de edad, pero poco experimentado en estas conferencias, tuvo la palabra para perderse en el infinito.

Y antes de esto, antes de que llegase López Obrador, una señora muy amable da instrucciones. La más importante, que no se le entreguen papeles ni peticiones al primer mandatario, que solamente se tienen dos preguntas por turno.

El segundo en preguntar venía de Campeche, de un oscurísimo “portal” de Internet, y preguntó qué opinaba de que los hombres mayores de 40 años no consiguiesen trabajo fácilmente. De entre 40 y 60 años, para ser exacto. Tardó cuatro minutos en esta “pregunta”. Como López Obrador es buen comunicador aprovechó para hablar de la corrupción, tema favorito.

Además de ser buen comunicador, Andrés Manuel es un seductor. Domina la escena de una manera asombrosa. Siempre gana, siempre tiene algo que decir. Está muy cómodo.

El día anterior, Mario Vargas Llosa había hecho declaraciones muy duras, ofensivas, contra su persona, por lo de la carta al rey de España. Su esposa, Beatriz Gutiérrez, había declarado, lapidaria: “Qué vergüenza”. Yo, ingenuamente, mientras esperaba una oportunidad que no llegó, estaba cierta que su opinión era la pregunta obligada.

No fue así. Uno de los “preguntones”, todos fueron “rolleros” excepto dos o tres reporteras, quería saber su opinión del discurso de Salvador Allende en la ONU…
La lección de comunicación presidencial, de profunda incapacidad por parte de los periodistas, duró hora y media. Sin un gesto de fastidio del presidente.

Yo salí sintiendo que era un desperdicio brutal, de pena ajena, que quienes van a estas conferencias no tenga la más remota idea de la realidad, no se preparen, excepto las reporteras a las que conoce por su nombre, no cuestionen, no vuelvan a preguntar, en pocas palabras: no hagan su trabajo.

Porque vaya que Andrés Manuel hace su chamba de comunicador con excelencia…

Los “indios” de Mario Vargas Llosa

Habrá que coincidir, ampliamente, con Beatriz Gutiérrez respecto a los comentarios de Mario Vargas Llosa: “!Qué vergüenza¡”

Es lo menos que puede decirse al escuchar, lacayo en extremo, que el escritor peruano, en un ataque de senilidad, espetó que López Obrador es quien tiene que ofrecer una disculpa por el trato que reciben “los indios”.

Y eso que, vuelvo a referirme al acto de total servidumbre, estaba frente al rey Felipe de España. ¿Cómo se atreve a cometer tal equivocación? Porque desde la secundaria, la mía en la misma escuela federal en que estudió el primer mandatario, aprendimos que se llamó “indios” a los indígenas, a los locales, porque los conquistadores pensaron que habían llegado a India.

¿Así que nosotros tratamos mal a los “indios”? Vargas Llosa con su afición a las revistas del corazón, con su noviazgo de vejez que publicita cada semana, se olvidó de que viene de un país latinoamericano, donde los “indios” han sufrido ancestralmente de discriminación.

Nuestros países, sobre todo en los tiempos de la colonia, padecieron costumbres sociales que colocaban a los indígenas o descendientes de los primeros habitantes en situación de servidumbre. Costumbres atávicas, deleznables que siguieron vigentes por siglos.

Basta leer a Rosario Castellanos para viajar al Chiapas donde las indígenas eran vendidas al mejor postor, donde debían limpiar las casas de los “pudientes” y cuidar a sus hijos desde una edad en que deberían haber estado jugando.

Esa sí que era, mucho permanece en comunidades indígenas de esa entidad, violencia cotidiana, consentida, aplaudida contra las mujeres.

A propósito de nada, por quedar bien con el Rey, por ganar unas páginas de publicidad, Mario Vargas recuerda que en México hay pobres. ¿De verdad, seriamente se vino a percatar hasta hoy? Pobres y explotados que no tienen ninguna relación con la petición de que el rey de España ofreciese una disculpa a nuestro país por los hechos de la conquista.

¿O, es que también Vargas Llosa se llena la boca de piedras para decir, sin vergüenza alguna que estamos, como mexicanos, como país, ofendiendo la alta investidura de su majestad…?

¿Es que de rodillas debemos agradecer a su majestad que hace 500 años nos incorporaron, como dice el escritor peruano, nos incorporaron a la civilización occidental?
¿Qué eran nuestros ancestros, los que daban cátedra de matemáticas, de astronomía, los que construyeron ciudades extraordinarias, burros, animales, una raza inferior?

¿Cómo se atreve a decir que nuestras civilizaciones, que se estudian en todo el mundo, de las que Bernal Díaz del Castillo escribió maravillas, eran una “Torre de Babel bañada en sangre”?

Todo esto motivado por la petición de López Obrador al rey de España, no al gobierno sino al rey, de una disculpa por los hechos violentos, diría que violentísimos, que vivimos durante la conquista. Sí, hace 500 años.

No se pueden contestar agravios del escritor. Simplemente hay que coincidir con Beatriz y decir, con honestidad, con pesar: “Qué vergüenza” …

¿Y Ernesto Zedillo?

¿Por qué el responsable de la campaña de Luis Donaldo estaba en la Ciudad de México? ¿Por qué no había un corresponsal de Televisa? ¿Quiénes estuvieron en Lomas Taurinas y por qué? Entre más rebuscamos entre las memorias, los testimonios, los videos de ese 23 de marzo de 1994, más aumentan las dudas.

Si no fue un complot, si no había mayor número de personas participantes en el atentado, parecía.

Y parecer es tan grave, en estos temas, como ser.

¿Cuántos “culpables” ha encontrado el imaginario colectivo?

En los hechos, otra vez la estructura de cualquier historia policiaca con un crimen solamente hubo dos beneficiarios: Ernesto Zedillo y el general Roberto Miranda. A la vez que hubo cientos de perjudicados por su muerte, encabezando la lista Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís. Y otro que quedó “tablas”: Liébano Sáenz.

Los organizadores del evento asombrosamente no rindieron declaración. No lo hizo José Murat. En cambio, Marcelo Ebrard, que no tenía vela en el entierro, ni con la guerra de Chiapas ni con los temas políticos electorales, sí declaró ante la autoridad.

Y hablando de declaraciones, hay que repasar lo que dijo, volvió a decir Mario Aburto. Lo más importante, lo que ratifica la teoría de que pudo haber sido un “autoatentado” que salió mal, es su declaración de que no tenía intención de matarlo: “… no tenía ninguna intención de hacerle daño al candidato, grave no, sólo herirlo… sólo quería herirlo para que la prensa me filmara”.

Vuelvo a insistir, porque es un testimonio que no debe descuidarse, José Murat fue a ver al candidato presidencial priista Francisco Labastida Ochoa para “ofrecerle” un “autoatentado” que subiera su popularidad… Obvio que el sinaloense lo mando muy lejos.

¿Qué tal, una teoría más que no ha sido analizada ni investigada legalmente, si Murat con algunos de sus “operadores”, recordemos Oaxaca, organizó un atentado que salió mal, que terminó con la muerte de Colosio en lugar de una herida leve, en el pie como inicialmente quería dispararle Aburto según sus declaraciones?

¿Hay un misterio sin descubrir en el atentado contra Luis Donaldo? No, lo que hay son muchas coincidencias, muchas obviedades, muchas confrontaciones por el poder entre los protagonistas.

Y, también, no puede evadirse esta realidad, un infinito descuido en la seguridad. Así como en la “inteligencia” para saber, con anticipación, qué podía pasar en un evento de la gira proselitista. Qué podía esperarse en Tijuana.

Lo hemos publicado en libros, en otros espacios: el general Domiro García era, en el momento de la gira, un experto en seguridad en manejo de multitudes. Que no fue escuchado por Colosio, al que no le permitieron siquiera exponer las razones de seguridad.

Un militar, un hombre que perdió la batalla por Lomas Taurinas con José Murat, que no logró evitar que hubiese ahí, en el peor lugar desde el ámbito de logística y seguridad, un mitin político que ni siquiera hubiese podido tener dividendos electorales…

El cuento de la Beristain, o hasta dónde llegará su incapacidad

La señora Beristain, presidenta municipal por azares de Morena, protagonizó la semana pasada un sainete que viene a establecer, una vez más, su incapacidad política. A la vez que define los pésimos asesores que tiene, que ni siquiera saben consultar Internet para enterarse.

Imposible siquiera imaginar que nombrase como jefe de Seguridad Pública a un policía con tan malos antecedentes, con tan pésima fama pública, pero sobre todo que había trabajado muy de cerca con el grupo de “policías” que participaron en el asesinato del general Tello Quiñones.

¿O es que era tan difícil ubicar, por descolocada que esté la señora, quién es, qué hizo “El Vikingo”? Francisco Delgado, ex jefe de la policía de Cancún, alías “el Vikingo”, fue sentenciado a 10 años de cárcel, en un penal de alta seguridad. Su brazo derecho…

El general Tello Quiñones, hay que recordarlo, fue torturado antes de ser asesinado en Cancún.

¿De todos los policías que hay en el estado, en el país, por qué Laura Beristain nombró a Sidley Loeza? ¿Cuál es su compromiso, con quién?

Y una vez nombrado, frente a la crítica feroz de muchos, yo misma publiqué que estaba instalada en el miasma criminal, decide quitarlo. Le pide su renuncia a cuatro días del nombramiento. Después de su muy torpe defensa, diciendo que 30% de los funcionarios públicos del estado tienen “demandas” como Sidley Loeza.

Lo que no quería aceptar era su inhabilitación, su cercanísima relación con “El Vikingo”, su peor fama pública. ¿Había necesidad? ¿Qué consiguió en esos cuatro días de tener al señor Loeza en la policía? ¿Se detuvieron los asesinatos, dejó de haber violencia en Playa del Carmen?

Lo cierto, incuestionable, es que la señora Beristain no entiende. Y no entiende que no entiende. No se mira a sí misma en el espejo de su incapacidad, de sus “palos de ciego”, no tiene la capacidad de examinar objetivamente sus errores. Por lo que podemos esperar cualquier cosa, cualquier jalada, cualquier nombramiento de un criminal …

¿La policía detrás del atentado contra Rubén Vizcaíno?

Rubén Vizcaíno es un periodista que hace muchos años decidió vivir en Chetumal, miembro de una respetada familia de periodistas reconocida en el ámbito nacional. Como es obvio, naturaleza de reportero, no se caracteriza por la “suavidad” de sus comentarios o sus notas.

En días pasados escribió, con justificada dureza, sobre los resultados que ha tenido Alberto Capella en el tiempo que lleva como secretario de Seguridad Pública estatal. Que están marcados por las ejecuciones, algunas de ellas en una población, capital de la entidad, tan tranquila como solía ser Chetumal.

El mismo policía que ha trabajado en Tijuana y Morelos, que trajo a un equipo muy grande de profesionales de la seguridad, acaba de admitir que no se le pueden pedir resultados en los meses que lleva en Quintana Roo. Que la realidad no se puede cambiar en tan poco tiempo.

Vizcaíno vive en una zona, como la mayoría en Chetumal, de clase media, con comercios cerca, con buenas relaciones con sus vecinos. Cabe mencionar que es muy fácil saber dónde vive cualquier persona, con mayor sencillez si se trata de alguien con perfil público.

Con los aires acondicionados prendidos, el periodista no escuchó el momento en que su casa fue balaceada. Sin embargo, al día siguiente tuvo los testimonios de sus vecinos, y pudo constatar los daños de los balazos.

Para su tranquilidad, como muchos en Chetumal, Vizcaíno tiene cámaras de seguridad en su casa. Una de ellas grabó el momento de los disparos, realizados por un hombre que iba a pie, que sale corriendo después. Lo que resulta doblemente preocupante, vaya que asusta que atenten contra un compañero, es que minutos, muy pocos minutos después de los disparos, la cámara capta un “convoy” de la policía estatal pasar por el portón de su casa.

¿Coincidencia? Corresponderá al fiscal Oscar Montes de Oca, que como Capella viene de fuera, investigar. Lo cierto es que no puede esperarse mucho de esto porque ha declarado que apenas el 10% de las investigaciones se han resuelto.

O sea que Rubén Vizcaíno no tiene muchas posibilidades de que encuentren a quién disparó contra su casa.

¿Fue un aviso? ¿Se trata de una intimidación? ¿Podemos imaginar que alguno de los jefes policiacos que Capella trajo con él, acostumbrado a otra realidad, pudiese haber enviado a alguno a disparar? ¿Es una represalia? Lo cierto es que lo único que tenemos, muchos periodistas, muchos ciudadanos, es preguntas. Y mucho, justificado, temor…

Se instala Laura Beristain en la miasma

A la señora Laura Beristain le gusta el olor de la mierda.

Y se rodea de corruptos para disfrutarlo.

Como no era suficiente con la incapacidad de su secretario de seguridad pública, decidió nombrar al peor de los personajes corruptos en las policías de Quintana Roo, a Sidlley Javier Loeza; inhabilitado por fraude en 2009, corrido de la policía de Lázaro Cárdenas y ligado al “Vikingo”, Francisco Velasco Delgado, que fue procesado por el asesinato del general Tello Quiñones.

Solamente tenía, a la mano, en todo sentido “a la mano”, al director de la cárcel de Solidaridad, que ni siquiera utiliza su nombre verdadero, que debería estar en otra cárcel: José Delgado.

¿Se trata de dinero?, ¿o se trata de entregar el control del municipio a la delincuencia organizada…?

Andrés Manuel vomitaría de enterarse que bajo las siglas de Morena los criminales ganan en Solidaridad.

¿Es incapacidad? No lo creo. Algo peor.

En ese municipio había habido, hasta el 18 de marzo de 2019, 58 ejecuciones. Habrá que sumar las dos de ayer, martes 19. Y lo que se acumule en las próximas horas.

¿No había otro policía con mejor perfil? Otro que no estuviese identificado con la delincuencia organizada, que no hubiese protagonizado los peores escándalos… Tal vez sí, pero no servían, por lo visto, para los intereses de la familia Beristain.

Seguramente la señora que se identificó como familiar de la presidenta municipal al ser detenida, contaba con que el nuevo secretario de seguridad pública estaría dispuesto a “desaparecer” al policía, como amenazó.

¿Había necesidad de nombrar a este personaje nefasto? Supongo que sí, para actividades criminales, para la impunidad, para que siga imperando la violencia. ¿O qué no es para esto que Laura Beristain es presidenta municipal?

Cada quien con su cada cual. Por algo llegó Sidlley Javier Loeza…

La sentencia a Mimenza

Muchos, con su soberbia a cuestas, piensan que amenazar a un periodista es un chiste. Por eso la lección dada, por un juez, a Carlos Mimenza es tan importante. Que lo hayan encontrado “culpable” de ataques a la libertad de expresión sienta un precedente inmensamente sano.

Que va a cubrirnos a todos, periodistas y sociedad.

Además, el juez halló culpable a Mimenza del delito de “amenazas”.

Hay que festejar. Hay que reconocer la voluntad, el valor de Amir Ibrahim Mohamed para denunciarlo, para acudir a todas las instancias, para contratar a un abogado, para asistir a todas las citas con la autoridad. Hay que reconocerle que se comportó como decían las clases de civismo que los ciudadanos debían hacerlo.

Y por eso consiguió que se rompiese el círculo vicioso de impunidad.

A partir de esta decisión del juez, sin importar cuál sea la pena que le impongan, no será tan fácil amenazar a un periodista, y por lo tanto tampoco será simple atacar contra su integridad. Insisto en que esto es una lección.

Mimenza es muy payaso; ni siquiera meditó en el alcance de los mensajes por celular que envió a Ibrahim para amenazarlo. Por eso insistió: “Primera advertencia, guarda la pantalla para que guardes las pruebas de mi promesa”. Y debe haber pensado que con estas amenazas iba a callar las críticas.

Sin la mínima conciencia sobre lo que hacía o decía, sin reconocer que cualquier ciudadano que tenga actividades públicas y/o políticas está sujeto al escrutinio público, debe haber imaginado que con estas amenazas callaba a Amir. Y lo que consiguió fue una sentencia en su contra.

El juicio no fue sencillo. No suelen serlo cuando intervienen celulares o redes sociales. El abogado de Mimenza objetó 23 pruebas y 17 testimonios que presentó el ofendido. Intervinieron peritos de todo tipo.

El esfuerzo que realizó Amir Ibrahim para documentar la acusación no fue en vano. La jueza condenó a Mimenza por “su plena responsabilidad penal en el delito de amenazas, agravado por tratarse de ataques a la Libertad de Expresión, lo cual está probado más allá de toda duda razonable”.

No queda sino congratularnos. Todos. En Plural.

La señorita Villegas

Intencionalmente había evitado escribir sobre la senadora Marybel Villegas. Cuando hay una confrontación pública debe tenerse especial cuidado en ponderar cualquier argumento. El papel del periodista, del analista político no es tomar partido a favor de ninguno.

Sin embargo, la señora ha comenzado a perder sus facultades mentales. Ha renunciado al sentido común. Ha comenzado a tirar miasma sin medir las consecuencias. Primero fue la acusación de que el gobernador Carlos Joaquín gastaba “millones de pesos” en atacarla en los diarios de Quintana Roo.

Cuando es bien sabido que no gasta ni diez pesos en hacer “política” con los medios.

En Quintana Roo los medios de comunicación se las “ven negras” para conseguir publicidad oficial. Conseguir “hablar” con la señora de la “comunicación”, Haide Serrano, es una odisea y en su “criterio” no está la interlocución con medios y periodistas, antes al contrario.

Supongo que habrá excepciones, pero para quienes son, somos voces respetables, no hay un trato de respeto por parte de Haide. Ni siquiera hay un espacio para exponer motivos, y no porque haya tenido un problema de salud, sino de mucho antes. Con ella no se cuenta para nada. Ni siquiera para dar el mínimo seguimiento a una orden del gobernador.

Un cero a la izquierda no orquesta una campaña política en medios.

A eso hay que sumarle el tema presupuestal.

Por lo tanto, es de locos, de ignorantes supinos imaginar a Carlos Joaquín ordenando “golpes” pagados en la prensa, cuando no tiene, en su gobierno, un operador eficiente para tratar a periodistas y medios.

El problema es que la señora Marybel Villegas piensa que estamos en los tiempos de su “chompiritas” Roberto Borge. Que, él sí, se dedicaba a dar línea, a pagar a seudo periodistas, a “controlar” personalmente los medios mediante dinero. Nada más alejado del carácter de Carlos Joaquín, que, además cuida cada centavo.

Ahora la señorita se fue contra las “redes sociales” por el mismo motivo. Acusó a los portales de Internet, entre ellos “CambioQRR” de mi hijo Bruno Cárcamo, en el ámbito local, de atacarla por dinero que viene de las manos del gobernador.
Miente. Miente con todos sus dientes.

Lo que sucede es que Marybel Villegas va dando tropezones políticos muy graves. El más reciente presentarse borracha o drogada en la Tribuna de los Senadores. Hacer el ridículo sin poder pronunciar palabras, titubeando, tirando los papeles que leía. Y esto quedó grabado en un vídeo que circuló ampliamente en las redes sociales, que reprodujeron todos los portales noticiosos de Internet. Lo que es lícito desde todos los puntos de vista.

Que una senadora de Quintana Roo haga el ridículo es noticia, y las “benditas redes sociales” como las ha llamado López Obrador tienen toda la razón en reproducir sus imágenes. No se necesita, siquiera, comentarios al respecto. Es suficiente con verla borracha o drogada.

La señora Serrano no supervisa siquiera la Ortografía o la redacción de los comunicados de prensa bajo su responsabilidad. Imposible imaginar que tenga la capacidad de orquestar una campaña, pagada, además, contra una mujer, hoy morenista, que se ha caracterizado por su verborrea contra el gobierno.

Carlos Joaquín, ya van más de dos años de su gobierno, jamás toma el celular o te manda llamar para “darte línea”, para pedirte que escribas a favor o en contra de alguien. Ni siquiera para quejarse de un comentario crítico. Él fue víctima de estos usos, corruptos, del poder que lo antecedió, y estoy cierta que los repudia.

Bien haría la señorita Villegas en tragarse sus palabras. O demostrar lo que dice. Mejor haría en dejar de pagar tuits publicitados para acusar. Y, todavía mucho mejor haría en dejar de beber o drogarse o tomar pastillas o lo que sea que haya provocado su bufonesco paso por la Tribuna de Senadores, que seguirá en redes sociales, magnificando su incapacidad supina.

¿Qué hizo en 100 días López Obrador?

Si bien la cuenta debe ser en contrario, una enumeración de todas las trampas en las que no ha caído Andrés Manuel López Obrador, lo más importante es que tomó posesión como presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Que se puso a chambear como lo que es, el primer mandatario.

¿No sería lo natural? El tema es que venimos de mandatarios que no entendieron bien esto, o en su caso no quisieron asumirlo con la intensidad brutal que ha mostrado López Obrador.

Son muy pocos días para exigir resultados. Como bien define la excepcional portada del Sol de México del domingo 10 de marzo, el presidente no tiene contrapesos.

Tampoco tiene horario. Tampoco juega golf. Tampoco deja de trabajar al medio día.

Tampoco se ha encerrado en su oficina. Tampoco se ha creído que es el gerente general de una empresa.

Andrés Manuel ha cambiado, con inmensa fuerza, el paradigma del poder presidencial. Le bastó su decisión, unos pocos días, su terquedad, unos cuantos viajes en avión de línea, unos cuantos discursos, detenerse en la carretera, unos cuantos mítines a reventar, apapachar a todo aquel que se le acerca.

Tenemos, a cien días del cambio de gobierno, una nueva interpretación del poder presidencial. Infinitamente accesible, desperdiciado por los periodistas que lo entrevistan cada mañana, apreciado por la gente, fiel a lo que nos contó en campaña que iba a hacer.

Un poder presidencial que no conocíamos. Que únicamente conocíamos en libros de historia.

A su lado hay un grupo de colaboradores que se desdibujan, que llegan a la exageración de Marcelo Ebrard de desaparecer completamente, o la incoherencia de Olga Sánchez Cordero como rutina. Imposible, además, comunicarse con ninguno de ellos, ni siquiera con el “Jefe de Prensa” de la Presidencia, Jesús Ramírez. Ninguno está disponible nunca.

Ninguno responde a ninguna llamada, incluido Alejandro Gertz, pasando por Julio Scherer, llegando a Lázaro Cárdenas.

Parecería que en la medida en que Andrés Manuel se acerca a la gente, se convierte en el mandatario más accesible del planeta; sus colaboradores, excepción de Irma Eréndira, excepción doblemente excepcional del general Luis Cresencio Sandoval, se subieron a un ladrillo de poder.

Junto a ellos, primer círculo de un nuevo poder, los gobernadores abucheados que todavía no entienden de qué lado masca la iguana, los opositores que no se ven, menos se sienten en la realidad nacional.

¿Qué hemos vivido en estos 100 días primeros del sexenio? Contestaría que lo más importante es la asunción al poder de un mandatario. Que tenemos presidente. Que tenemos un presidente que ha roto todos los esquemas con éxito. Que se atreve a responder preguntas cada mañana. Que viaja por todo el país para escuchar. Que sigue respondiendo a quien le habla, en la calle, en una gasolinera, en una fonda, en una fila de aeropuerto.

Que por primera vez tenemos un poderoso sin círculos de poder, sin vestiduras de poder, sin protocolos de poder.

De lo demás, apenas estamos en el comienzo…