Director general: Miguel Cantón Zetina | @MiguelCanton1
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Domingo 19 Agosto del 2018
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Entre Números

Es el momento de México

Los retos de nuestro país son evidentes, no podemos cegarnos a la realidad; hoy en día la corrupción, la inseguridad y la creciente desigualdad, están a la vista de todos. Yo, al igual que muchísimos mexicanos, estoy indignada con nuestra situación; necesitamos un cambio, y lo necesitamos ya.

Por eso, he decidido depositar mi confianza en la única persona capaz de guiar a México a la estabilidad y al crecimiento. Conozco a Pepe Meade desde hace más de 10 años, coincidí con él en el entonces Colegio Nacional de Economistas, entregando un valioso documento económico a Enrique Peña Nieto, quien era el candidato ganador en ese momento. Pepe se desempeñaba como Subsecretario de Ingresos, y desde el principio noté que era una persona totalmente comprometida con su trabajo.

Desde INDAABIN, pude dar cuenta de su gran visión y probada capacidad, pues durante su segunda designación como Secretario de Hacienda conté con su respaldo en proyectos como la red compartida de telecomunicaciones, demostrando una vez más su liderazgo y colocando a México a la altura de las naciones más avanzadas.

No me sorprende que su impecable trayectoria lo haya traído hasta aquí; después de mostrar una y otra vez ser un gran conciliador, constructor de puentes, y un experto en políticas públicas, lo natural sería dirigir esta Nación.

Estos meses de campaña refuerzan en mí lo que conozco de Pepe: que es una persona con un profundo amor por su tierra, cuya aspiración es poner su capacidad al servicio de los mexicanos. Pude corroborar que no es un político tradicional, su fuerza está en su congruencia, en su experiencia, y en la gran calidad moral que inspiran él y su familia.

Me siento muy honrada por formar parte de esta aventura y profundamente comprometida a seguir su ejemplo desde la Cámara de Diputados. Hoy, más que nunca, les pido que pensemos en el país que merecemos, porque un voto por Meade es un voto por México, y éste, es el momento del México que soñamos.

México: ¿Women Power?

A pesar de que las mujeres representamos más del 50% de la población, aún no existen las condiciones económicas, sociales y políticas que nos permitan acceder a una vida de igualdad en todos los sentidos; en pleno siglo XXI el tema de equidad de género ya no debe ser visto como un asunto de justicia social, sino como un tema de eficiencia, de rentabilidad y de economía, que de no atenderse seguirá frenando fuertemente el desarrollo económico.

De acuerdo al Foro Económico Mundial, el mundo tardará más de 100 años en cerrar la brecha de género. Además, en este reporte México tiene una de las más bajas calificaciones con respecto al resto del mundo, pues ocupamos el lugar 66 de 144 países.

En nuestro país hay más de 13 millones de mexicanas que nunca han trabajado. Esto se debe a la dificultad implícita que tienen las mujeres para obtener un trabajo, lo que se traduce en informalidad o en trabajos con una remuneración baja, lo que causa que en promedio ganemos 30% menos que los varones.

Sin embargo también hay cosas buenas, pues gracias a la Reforma Política, impulsada por el Presidente Peña Nieto, la participación de las mujeres en el Congreso de la Unión se ha incrementado de manera importante, aunque aún queda mucho por hacer. Es por esto que incluir a la mujer en la vida económica y asegurarle espacios de liderazgo debe ser una tarea prioritaria en la agenda política y social de nuestro país; de hecho, está comprobado que eso nos permitiría crecer de 3 a 5 puntos de nuestro PIB.

Seamos claros, la brecha entre hombres y mujeres, es un problema estructural, inmerso en la cultura y en el accionar de México; es trabajo de las instituciones, de los legisladores y de los gobiernos trabajar por revertir esta situación. Es por esto que aplaudo a las mujeres empoderadas y talentosas que trabajan día con día para construir un futuro más justo para todas; hoy más que nunca, nuestro país necesita mujeres líderes construyendo el México que nos merecemos.

México de frente al reto global

El escenario internacional se encuentra en una situación delicada. La estabilidad económica global y el orden mundial se han visto sacudidos por el temperamento y arranques del presidente Trump.

 

Durante la cumbre del G7, a la que acuden las economías más desarrolladas del mundo, vimos como el mandatario estadounidense rechazó el acuerdo por un “comercio libre, justo y mutuamente beneficioso”.

 

Recordemos que a principios de este mes sufrimos la misma situación, cuando Estados Unidos decidió imponer tarifas y aranceles que desataron una guerra comercial en contra de México y Canadá, dos de sus principales aliados y con los que mantiene sus más importantes relaciones económicas y políticas.
Mientras que el consenso mundial es tener un sistema comercial a favor de un mercado libre, sin barreras ni subsidios, el resultado de la cumbre del G7 tiene muy nerviosos a los mercados mundiales.

 

Todos los países que crecen a ritmo sostenido tienen una economía fuertemente ligada a las exportaciones; es por esto que debemos analizar si el modelo económico de quienes pretenden gobernarnos está dirigido al proteccionismo y subsidios, o hacia la competencia y el comercio exterior.

 

México debe mantener las condiciones de seguridad, combatir la corrupción, promover y asegurar el acceso al financiamiento para la inversión, además de poner a trabajar todos los motores económicos en cada uno de los sectores estratégicos que hoy tiene nuestra nación, todo con el objetivo de continuar aumentando las exportaciones y el comercio internacional.

 

Debemos reflexionar que los países con menor paz social, menor desarrollo y con los mayores niveles de desigualdad, son justamente aquellos que se han tardado más en abrir sus fronteras al mercado global, a la tecnología y al comercio; y eso no es lo que necesita México.

 

Mi llamado es a no retroceder, avancemos decididamente en la ruta económica que ya iniciamos, de frente al reto global.

La nueva energía: El México sostenible

Hace un par de días tuve la oportunidad de estar en Paraíso, Tabasco, y moderaba un foro que trató entre otros temas, el energético. Llegué a la conclusión de que justamente esta discusión no ha sido de peso en las campañas, a pesar de que México debería ser ejemplo en desarrollo sostenible.

La energía es el pilar en el desarrollo de los procesos productivos y la problemática radica en las fuentes para obtenerla; esto se agudiza cuando el mundo entero enfrenta la compleja situación del cambio climático. A nivel global, las fuentes primarias de energía están encabezadas por los hidrocarburos. En México, de acuerdo a la Secretaría de Energía, dicha proporción es todavía mayor y, sólo un 8% proviene de fuentes renovables; sin olvidar que la meta de generación de energías limpias es de 35% para 2024.

Aunque en nuestro país el compromiso por la generación de fuentes de energía alternas ha avanzado, la velocidad de este proceso no es suficiente. Nuestro México requiere seguir transformando el marco legal para alcanzar este nuevo modelo, acompañado de incentivos económicos, financiamiento para investigación y desarrollo, además del valioso aporte de capital humano. Respecto a este tema es que cuestiono seriamente la propuesta que hace Andrés Manuel de construir dos refinerías; de lograrse, sería en tiempos en que el mundo avanza a la sustitución del petróleo por energías amigables con el medio ambiente.

Insisto en hacer un diagnóstico real y aterrizado a las exigencias actuales, pues requerimos una visión seria, que apueste por el uso de biocombustibles, como biodiésel o bioetanol; así como energía solar, eólica e hidráulica. Hablar de desarrollo sostenible es tener puesta la mirada en el país que le heredaremos a las nuevas generaciones, y de esa manera debemos afrontar la decisión que tomaremos en las próximas elecciones; encaremos los retos ambientales con seriedad para seguir consolidando el México moderno e incluyente que tanto anhelamos.

¿Varita mágica para acabar con la pobreza en México?

Estoy consciente que ganar 90 pesos diarios es insuficiente para tener una vida digna, dado que con salario mínimo no alcanza para adquirir una canasta básica, por tanto, uno de los más grandes retos de nuestro país es mejorar los salarios, pero ¿Cómo abordar este complejo fenómeno? ¿Incrementar los salarios mínimos por decreto es realmente la solución a la pobreza?
En el último debate presidencial pudimos escuchar a los candidatos exponer sus propuestas en torno al tema, que en lo particular me resultaron insuficientes y demagógicas. Todos los candidatos, salvo José Antonio Meade, se pronunciaron por incrementarlo, pero esto es inviable.

El aumento del salario no se da por decreto presidencial, sino que debe ser aprobado por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, misma que debe asegurar que las condiciones económicas justifiquen un incremento. Es un deber de todos analizar la viabilidad de este tipo de propuestas, pues temas como la informalidad no garantizan un beneficio para todas las familias por igual.

Según la OCDE, México tiene las jornadas laborales más extensas y uno de los niveles más bajos de productividad.

El costo real de implementar esta medida sin mejorar la productividad e inversión sería absorbido por las empresas actualmente establecidas, quienes tendrían que elegir entre aumentar sus precios o despedir personal para ser rentables. Incrementar los salarios de los sectores más vulnerables debe ser una prioridad de política pública; implementarlo por decreto sería irresponsable y traería más consecuencias negativas que beneficios.

Hemos tenido un avance importante con la desindexación del salario, pero lo que más necesitamos es escuchar propuestas concretas, no para incrementar un referente de salarios, sino para incrementar la inversión, la productividad y el empleo.

Corrupción: No la causan los empresarios

La corrupción es, sin lugar a dudas, una de las mayores preocupaciones de los mexicanos y el mayor reto que tenemos por delante. Nos impide consolidarnos como un país justo e incluyente y, por supuesto, frena el desarrollo. Es un cáncer que no distingue nivel social, económico o político.

Además, la corrupción tiene un precio muy alto. De acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad, las estimaciones de los costos económicos derivados de la corrupción oscilan entre los 400 mil millones y los 2 billones de pesos. Estas cifras son indignantes, por lo tanto, como sociedad deben convocarnos a promover acciones que lleguen hasta nuestro sistema político, repercutan en el presente, pero, sobre todo, en el futuro de México.

Nos encontramos en tiempos electorales y tal parece que la mejor estrategia para incidir en la decisión de los votantes es adjudicar las causas de este fenómeno a ciertos sectores de la sociedad.

Afirmar que quienes generan 9 de cada 10 empleos son los responsables de este cáncer es una declaración irresponsable y que polariza a la sociedad. Es cierto que la voluntad política del Ejecutivo Federal es imprescindible para combatir la corrupción, pero la realidad es que este hecho no es la única solución. La respuesta está en el marco institucional y en la formulación de políticas públicas modernas y eficientes.

Lo que de verdad no abona al diálogo, ni ayudará a impulsar el desarrollo que necesitamos es achacarle los males de México a quienes promueven el dinamismo de nuestra economía: los empresarios. Si de verdad queremos soluciones, tenemos que comenzar por trabajar unidos como sociedad, no dividiendo, polarizando y enfrentando a la población entre sí.

“México, décadas en crecimiento”

En estos últimos días, el tema de conversación se ha centrado en la idea de que México no ha crecido en los últimos 30 años, algo que me parece inaceptable ya que en realidad nuestro país lleva décadas en constante crecimiento.

 

Considero que lo que realmente debemos cuestionarnos es saber si hemos crecido lo suficiente, si la riqueza generada nos ha permitido mejorar el nivel de vida, y por qué no, saber si vamos por el camino correcto.

 

Según cifras del Banco Mundial, el PIB en México ha crecido por encima del promedio del mundo, teniendo mejores resultados que países desarrollados como es el caso de Estados Unidos, Japón, e incluso algunos países de la Eurozona.

 

México ha progresado a lo largo de los años y hay múltiples variables que respaldan esta afirmación; si hablamos de pobreza, en los años 70 más de la mitad de la población se encontraba en situación de pobreza extrema, cifra que hoy en día se ha reducido a 7.6%.

 

Sin embargo, México sufre de disparidades regionales muy marcadas que debemos de solucionar, si bien las cifras mencionadas demuestran una tendencia positiva, la realidad es que los estados del Sur-Sureste sufren un rezago muy diferente al de otros; casi el 60% de la población de esta región carece de seguridad social, certidumbre patrimonial, y es aún más vulnerable a la inseguridad.

 

Aún hay mucho por hacer; negarlo sería un error. Estoy convencida de que, para trabajar a favor de un México incluyente y con crecimiento económico acelerado, tenemos la enorme responsabilidad de generar propuestas factibles y bien sustentadas, sin caer en remedios hechos a base de espejismos y populismos baratos. No destruyamos lo mucho que hemos avanzado, vamos por buen camino. Un solo mensaje final: ¡Razonen su voto! ¡Hasta nuestro próximo encuentro!

Trump y el peligro del populismo

En días recientes Donald Trump anunció que movilizaría a la Guardia Nacional para proteger la frontera con México.

Ante estos hechos, el Presidente Peña ha respondido como hombre de Estado, situando el interés nacional por encima de cualquier otro, dejando claro que la dignidad de nuestra patria no se negocia.

Ahora bien, las declaraciones de Trump se inscriben a lo que podríamos llamar “el manual del populista”. Me refiero a un líder que utiliza el descontento político para ganar adeptos, a partir de un discurso que polariza y busca dividir a la sociedad entre buenos y malos.

Trump ha hecho de México uno de sus principales chivos expiatorios, y en su ánimo de ganar adeptos, ha ido lastimando una de las relaciones bilaterales más prosperas e intensas que hay en el mundo.

Basta decir que en 2017 el comercio bilateral ascendió a 557 mil millones de dólares, que la frontera es la más transitada del y que más allá de límites territoriales, hoy existe una vibrante comunidad binacional México-americana que genera miles de empleos. Se trata de un intercambio comercial, político y cultural que ha beneficiado a ambos países, y que no obstante, Trump ha denostado con base en mentiras, promoviendo un discurso de odio.

¿Por qué es importante lo anterior? ¿Por qué debe preocuparnos más allá de la relación bilateral?

Pues bien, porque un riesgo similar se cierne sobre nuestro país, donde un líder populista lleva años promoviendo la división de la sociedad y engañando a los necesitados con ocurrencias que difícilmente podrían tener viabilidad financiera.

Hoy México tiene dos alternativas: optar por el trabajo en equipo como sociedad, u optar por quien promete lo que no puede cumplir. La situación en Estados Unidos constituye un serio llamado de atención, y es un espejo donde mirar lo que podría suceder en nuestro país. En otras palabras, Trump, es también un claro ejemplo del peligro que representa el populismo en México.

El papel del Congreso en México

México es un gran país. Somos herederos de una cultura milenaria y una diversidad inigualable.

Nuestro país tiene todas las características de un paraíso; desde las playas y los manglares, hasta la gastronomía y la creación artesanal. Y lo más importante: México cuenta con su sociedad.

Porque somos gente de trabajo. En este bello país, lo que encontramos es esfuerzo, emprendedurismo, ganas de salir adelante y una gran solidaridad.

Al mismo tiempo, tenemos desafíos estructurales. Cinco siglos de historia, de desigualdades que se han ido atemperando, pero que permanecen. Se trata de revertir tendencias injustas.

Se trata de construir un Estado eficaz que pueda mediar entre los diferentes intereses, articulando esfuerzos a favor del bien común. Necesitamos privilegiar la creación de empleo y el poder adquisitivo de las y los mexicanos, con competitividad y productividad.

Para que todo lo anterior suceda, para que México despliegue el máximo de su potencial, es necesario que el Legislativo haga su parte como fuente de soluciones.
Necesitamos un Congreso que ejerza su poder de supervisión y rendición de cuentas. Que contribuya a tener un país más equitativo. Un Congreso que promueva la innovación tecnológica y una economía más incluyente.

Que asuma su corresponsabilidad, y sepa decidir en favor de las mayorías, sin vulnerar los derechos de las minorías. Que asigne y fiscalice recursos de manera transparente y responsable.

Y algo de la mayor importancia: que pueda tender puentes de colaboración con el Ejecutivo Federal y los gobiernos locales, para traducir las demandas sociales en soluciones.

Como Poder representante de la pluralidad mexicana, el Congreso tiene el deber de articular e implementar una visión amplia sobre el desarrollo del país.

De ese tamaño es el papel del Congreso. Por eso es tan importante que en las siguientes elecciones, las y los mexicanos voten de manera informada, contrastando plataformas políticas y distinguiendo entre ocurrencias y propuestas.

Propuestas de un candidato incluyente

México vive un proceso electoral. Se trata de un momento donde el contraste, la libertad de expresión y la participación ciudadana se conjugan para definir los destinos del país.

Como mujer, me llama la atención que en sus discursos, todos los candidatos hablan de la democracia como un valor, pero en sus propuestas, solo uno se ocupa de un sector de la población fundamental para la transformación del país: nosotras las mujeres.

Esa es la visión que expresa José Antonio Meade, quien con sensibilidad social ha delineado una visión concreta, que se acompaña de medidas puntuales en favor de las mexicanas. Y me refiero a ejemplos concretos de lo que propone.

Primero, los créditos a la palabra, que facilitarán que más mujeres arranquemos nuestro negocio y seamos emprendedoras.

Segundo: el otorgamiento de becas con perspectiva de género, para que niñas mujeres continúen con sus estudios y tengan mayor igualdad de oportunidades.
Tercero, la ampliación de los horarios de guarderías, preescolar y primaria, y la mejora en la alimentación y cuidados que se brindan.

Cuarto: impulsar que las trabajadoras del hogar tengan seguridad social.

En suma: me alegro de que haya un candidato que está proponiendo cómo lograr un México más incluyente, donde existan programas y políticas concretas que faciliten que nosotras, las mujeres, podamos desarrollar todo nuestro potencial, y con ello, contribuir a la prosperidad y el crecimiento económico de México.

El modelo económico que México necesita

Los tiempos electorales generalmente nos llevan a escuchar más de lo mismo. Los ciudadanos conocemos los problemas que aquejan a nuestro país y somos conscientes de que necesitamos soluciones, no sólo promesas. Uno de los temas recurrentes ha sido cuestionar si debemos cambiar de modelo económico o conservarlo como ahora; lo que quisiera recalcar enérgicamente es que el modelo actual nos ha permitido mantener la estabilidad económica y generar confianza en los mercados, aunque admito que requiere ajustes para atraer más inversión, y alcanzar el crecimiento económico, sostenido e incluyente que tanto anhelamos.
Los mecanismos para crecer son muy sencillos: es a través de gasto, inversión y del sector externo. En el primer punto, el gobierno debe asegurar que el gasto gubernamental privilegie aquellos programas que permitan una disminución sustantiva del rezago social o la desigualdad, y lo que hemos visto durante esta administración es que se ha destinado preferentemente en desarrollo social, en seguridad social y en educación. Uno de los principales objetivos del gasto social es abatir los niveles de pobreza. Coincido en que aún falta mucho por hacer en el tema, pero habrá que reconocer que en 2014 México tenía 46% de la población en esta situación, y para 2016 ya se había disminuido a 44%, es decir, más de dos millones de mexicanos ya no son pobres.
Respecto al siguiente rubro, efectivamente la inversión pública es una de las menores en la historia de México, pero también hay que decir que como nunca antes el gobierno ha favorecido un entorno propicio para la inversión privada y es ésta es la que verdaderamente genera riqueza. Los proyectos de telecomunicaciones con la red compartida, las empresas que ya están explorando y explotando en busca de yacimientos de hidrocarburos o generando energías limpias, el compromiso para desarrollar las Zonas Económicas Especiales, además de las decenas de proyectos público privados como carreteras, hospitales, cárceles y oficinas, son un ejemplo de que el gobierno federal está resuelto en generar entornos propicios para que haya más inversión, más empleos formales, y por tanto más crecimiento económico.
El último rubro es el sector externo. Aunque mediáticamente la depreciación del peso se ha vuelto un estandarte de los antisistema, la realidad es que la mayoría de los mexicanos no los utilizan. Estas fluctuaciones mantienen competitivas nuestras exportaciones, y sólo afecta al sector del país que consume productos importados, o que produce y da servicios con un alto contenido de importación.
La teoría económica no falla, porque justamente la mezcla de un gasto más efectivo de Hacienda, un entorno con mayor inversión privada y un sector de exportaciones más competitivo, es lo que ha permitido que desde 2010, el crecimiento del PIB nacional sea en promedio de 3.2% anual, mayor al mundial (2.9%) y muy por encima del que tuvo Estados Unidos (2.1%), lo que contrasta con algunos países en franca recesión, justamente por su dependencia a los ingresos petroleros.
Finalizo alertando sobre las recurrentes propuestas de campaña donde los recursos solo cambian de una mano a otra, como bajar salarios o privatizar bienes que hoy son públicos, porque vender el avión presidencial es eso justamente. Necesitamos propuestas enfocadas a generar riqueza y empleos, pero que éstos se repartan equitativamente para disminuir la enorme desigualdad que impera en miles de comunidades. No necesitamos un nuevo modelo económico, necesitamos ajustarlo, redirigirlo, redimensionarlo, para que los objetivos del sistema nos permitan alcanzar el México incluyente que sí es posible.
¡Hasta nuestro próximo encuentro!
*Expresidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, A.C. Sígueme en Twitter @PerezSoraya

¿Por qué es importante que haya mujeres legislando?

Ésta es una ocasión especial porque a partir del día de hoy “Entre números” podrá ser leída en todos los medios de Grupo Cantón en el sureste y centro del país, por lo que quiero iniciar mi columna haciendo un cálido y profundo agradecimiento a Don Miguel Cantón Zetina, Director de este gran equipo por brindarme este espacio. Estimado Miguel, tu amiga y paisana se siente muy honrada y arropada, estoy convencida de que juntos continuaremos incidiendo para bien de los lectores de nuestro país, compartiendo ideas, información crítica y de alto nivel, pero sobretodo y lo más importante, muy cercana a la gente y con ello, motivaremos a nuestras amigas y amigos a seguir consolidando el México que sí es posible, un México incluyente y bien informado.

Ahora bien, el Congreso es, por excelencia, el espacio donde está representada la pluralidad de visiones y puntos de vista que habitan y conviven en nuestro país. Es, o debería ser, la casa de los acuerdos, donde se privilegian las coincidencias por encima de las diferencias. Lo anterior, con el fin de contribuir a generar soluciones incluyentes y de largo alcance a los problemas que aquejan a nuestro país.

El Poder Legislativo no es sólo un órgano de deliberación; también es un espacio en el cual, mediante la creación de leyes, se toman decisiones y se diseñan políticas públicas, sin dejar de mencionar que también es donde se define el presupuesto, que es lo que fija rumbo y prioridades de un gobierno.

En suma, lo que sucede o deja de suceder en el Congreso, tiene grandes implicaciones de cara a los desafíos nacionales, muchos de los cuales, están relacionados con los derechos de nosotras, las mujeres.

Me refiero a obstáculos que enfrentamos en el día a día y que van desde la violencia de género (el 66% de las mujeres de 15 años ha sufrido al menos un incidente de violencia en su vida) o la injusta brecha salarial (una mexicana suele ganar 30% menos que un mexicano por el mismo trabajo), hasta la enorme desigualdad en el acceso a oportunidades (¿en cuántas familias no persiste la idea de que sólo el niño siga estudiando, porque la niña se va a casar y atender el hogar?), y en las organizaciones, las mujeres están predestinadas a puestos de nivel medio o secretariales, o las limitaciones a su participación en la vida pública.

En este último punto, hay que reconocer que, gracias a la reforma político-electoral impulsada por el Presidente Enrique Peña Nieto, hoy a nivel federal hay más mujeres legisladoras que nunca antes, lo cierto es que esta transformación aún debe llegar a cada rincón del territorio.

No se debe perder de vista que las limitaciones al desarrollo de las mujeres, son limitaciones al desarrollo del país, y que México solo puede desplegar todo su potencial económico, en la medida en que lo pueda hacer el 52% de la población, conformado por nosotras, las mexicanas. Las mujeres somos, en muchísimos casos, el sostén de nuestras familias, comunidades y espacios de trabajo, aportamos parte de una visión que enriquece, y por tanto, necesitamos que nuestra voz y experiencia se refleje en los distintos ámbitos económicos, y sobre todo políticos.

Al respecto, la evidencia a nivel nacional e internacional es muy clara: cuando podemos actuar con libertad, ejercer nuestros derechos, emprender, opinar y participar en la toma de decisiones, entonces se genera mayor prosperidad en la sociedad.

Pero para que ello sea posible, hay que vencer muchos obstáculos que en México aún tenemos. Concretamente, hay que vencer prácticas y estigmas que limitan nuestra contribución al bienestar social. Se trata de una tarea de Estado, que no acepta demagogias, voluntarismos, ni decisiones unipersonales. Y en la que, por sobre todo, el Poder Legislativo está llamado a jugar un papel clave.

Por eso el Congreso debe estar integrado por más mujeres preparadas, que hayamos vivido en carne propia la desigualdad, y que tengamos la claridad conceptual, la capacidad técnica y la voluntad política para convocar a la suma de esfuerzos y el diseño de políticas y programas incluyentes que contribuyan a vencer las barreras de género, que no son otra cosa sino barreras al progreso de México.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, A.C. Sígueme en Twitter @PerezSoraya