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Entre Números

“México, décadas en crecimiento”

En estos últimos días, el tema de conversación se ha centrado en la idea de que México no ha crecido en los últimos 30 años, algo que me parece inaceptable ya que en realidad nuestro país lleva décadas en constante crecimiento.

 

Considero que lo que realmente debemos cuestionarnos es saber si hemos crecido lo suficiente, si la riqueza generada nos ha permitido mejorar el nivel de vida, y por qué no, saber si vamos por el camino correcto.

 

Según cifras del Banco Mundial, el PIB en México ha crecido por encima del promedio del mundo, teniendo mejores resultados que países desarrollados como es el caso de Estados Unidos, Japón, e incluso algunos países de la Eurozona.

 

México ha progresado a lo largo de los años y hay múltiples variables que respaldan esta afirmación; si hablamos de pobreza, en los años 70 más de la mitad de la población se encontraba en situación de pobreza extrema, cifra que hoy en día se ha reducido a 7.6%.

 

Sin embargo, México sufre de disparidades regionales muy marcadas que debemos de solucionar, si bien las cifras mencionadas demuestran una tendencia positiva, la realidad es que los estados del Sur-Sureste sufren un rezago muy diferente al de otros; casi el 60% de la población de esta región carece de seguridad social, certidumbre patrimonial, y es aún más vulnerable a la inseguridad.

 

Aún hay mucho por hacer; negarlo sería un error. Estoy convencida de que, para trabajar a favor de un México incluyente y con crecimiento económico acelerado, tenemos la enorme responsabilidad de generar propuestas factibles y bien sustentadas, sin caer en remedios hechos a base de espejismos y populismos baratos. No destruyamos lo mucho que hemos avanzado, vamos por buen camino. Un solo mensaje final: ¡Razonen su voto! ¡Hasta nuestro próximo encuentro!

Trump y el peligro del populismo

En días recientes Donald Trump anunció que movilizaría a la Guardia Nacional para proteger la frontera con México.

Ante estos hechos, el Presidente Peña ha respondido como hombre de Estado, situando el interés nacional por encima de cualquier otro, dejando claro que la dignidad de nuestra patria no se negocia.

Ahora bien, las declaraciones de Trump se inscriben a lo que podríamos llamar “el manual del populista”. Me refiero a un líder que utiliza el descontento político para ganar adeptos, a partir de un discurso que polariza y busca dividir a la sociedad entre buenos y malos.

Trump ha hecho de México uno de sus principales chivos expiatorios, y en su ánimo de ganar adeptos, ha ido lastimando una de las relaciones bilaterales más prosperas e intensas que hay en el mundo.

Basta decir que en 2017 el comercio bilateral ascendió a 557 mil millones de dólares, que la frontera es la más transitada del y que más allá de límites territoriales, hoy existe una vibrante comunidad binacional México-americana que genera miles de empleos. Se trata de un intercambio comercial, político y cultural que ha beneficiado a ambos países, y que no obstante, Trump ha denostado con base en mentiras, promoviendo un discurso de odio.

¿Por qué es importante lo anterior? ¿Por qué debe preocuparnos más allá de la relación bilateral?

Pues bien, porque un riesgo similar se cierne sobre nuestro país, donde un líder populista lleva años promoviendo la división de la sociedad y engañando a los necesitados con ocurrencias que difícilmente podrían tener viabilidad financiera.

Hoy México tiene dos alternativas: optar por el trabajo en equipo como sociedad, u optar por quien promete lo que no puede cumplir. La situación en Estados Unidos constituye un serio llamado de atención, y es un espejo donde mirar lo que podría suceder en nuestro país. En otras palabras, Trump, es también un claro ejemplo del peligro que representa el populismo en México.

El papel del Congreso en México

México es un gran país. Somos herederos de una cultura milenaria y una diversidad inigualable.

Nuestro país tiene todas las características de un paraíso; desde las playas y los manglares, hasta la gastronomía y la creación artesanal. Y lo más importante: México cuenta con su sociedad.

Porque somos gente de trabajo. En este bello país, lo que encontramos es esfuerzo, emprendedurismo, ganas de salir adelante y una gran solidaridad.

Al mismo tiempo, tenemos desafíos estructurales. Cinco siglos de historia, de desigualdades que se han ido atemperando, pero que permanecen. Se trata de revertir tendencias injustas.

Se trata de construir un Estado eficaz que pueda mediar entre los diferentes intereses, articulando esfuerzos a favor del bien común. Necesitamos privilegiar la creación de empleo y el poder adquisitivo de las y los mexicanos, con competitividad y productividad.

Para que todo lo anterior suceda, para que México despliegue el máximo de su potencial, es necesario que el Legislativo haga su parte como fuente de soluciones.
Necesitamos un Congreso que ejerza su poder de supervisión y rendición de cuentas. Que contribuya a tener un país más equitativo. Un Congreso que promueva la innovación tecnológica y una economía más incluyente.

Que asuma su corresponsabilidad, y sepa decidir en favor de las mayorías, sin vulnerar los derechos de las minorías. Que asigne y fiscalice recursos de manera transparente y responsable.

Y algo de la mayor importancia: que pueda tender puentes de colaboración con el Ejecutivo Federal y los gobiernos locales, para traducir las demandas sociales en soluciones.

Como Poder representante de la pluralidad mexicana, el Congreso tiene el deber de articular e implementar una visión amplia sobre el desarrollo del país.

De ese tamaño es el papel del Congreso. Por eso es tan importante que en las siguientes elecciones, las y los mexicanos voten de manera informada, contrastando plataformas políticas y distinguiendo entre ocurrencias y propuestas.

Propuestas de un candidato incluyente

México vive un proceso electoral. Se trata de un momento donde el contraste, la libertad de expresión y la participación ciudadana se conjugan para definir los destinos del país.

Como mujer, me llama la atención que en sus discursos, todos los candidatos hablan de la democracia como un valor, pero en sus propuestas, solo uno se ocupa de un sector de la población fundamental para la transformación del país: nosotras las mujeres.

Esa es la visión que expresa José Antonio Meade, quien con sensibilidad social ha delineado una visión concreta, que se acompaña de medidas puntuales en favor de las mexicanas. Y me refiero a ejemplos concretos de lo que propone.

Primero, los créditos a la palabra, que facilitarán que más mujeres arranquemos nuestro negocio y seamos emprendedoras.

Segundo: el otorgamiento de becas con perspectiva de género, para que niñas mujeres continúen con sus estudios y tengan mayor igualdad de oportunidades.
Tercero, la ampliación de los horarios de guarderías, preescolar y primaria, y la mejora en la alimentación y cuidados que se brindan.

Cuarto: impulsar que las trabajadoras del hogar tengan seguridad social.

En suma: me alegro de que haya un candidato que está proponiendo cómo lograr un México más incluyente, donde existan programas y políticas concretas que faciliten que nosotras, las mujeres, podamos desarrollar todo nuestro potencial, y con ello, contribuir a la prosperidad y el crecimiento económico de México.

El modelo económico que México necesita

Los tiempos electorales generalmente nos llevan a escuchar más de lo mismo. Los ciudadanos conocemos los problemas que aquejan a nuestro país y somos conscientes de que necesitamos soluciones, no sólo promesas. Uno de los temas recurrentes ha sido cuestionar si debemos cambiar de modelo económico o conservarlo como ahora; lo que quisiera recalcar enérgicamente es que el modelo actual nos ha permitido mantener la estabilidad económica y generar confianza en los mercados, aunque admito que requiere ajustes para atraer más inversión, y alcanzar el crecimiento económico, sostenido e incluyente que tanto anhelamos.
Los mecanismos para crecer son muy sencillos: es a través de gasto, inversión y del sector externo. En el primer punto, el gobierno debe asegurar que el gasto gubernamental privilegie aquellos programas que permitan una disminución sustantiva del rezago social o la desigualdad, y lo que hemos visto durante esta administración es que se ha destinado preferentemente en desarrollo social, en seguridad social y en educación. Uno de los principales objetivos del gasto social es abatir los niveles de pobreza. Coincido en que aún falta mucho por hacer en el tema, pero habrá que reconocer que en 2014 México tenía 46% de la población en esta situación, y para 2016 ya se había disminuido a 44%, es decir, más de dos millones de mexicanos ya no son pobres.
Respecto al siguiente rubro, efectivamente la inversión pública es una de las menores en la historia de México, pero también hay que decir que como nunca antes el gobierno ha favorecido un entorno propicio para la inversión privada y es ésta es la que verdaderamente genera riqueza. Los proyectos de telecomunicaciones con la red compartida, las empresas que ya están explorando y explotando en busca de yacimientos de hidrocarburos o generando energías limpias, el compromiso para desarrollar las Zonas Económicas Especiales, además de las decenas de proyectos público privados como carreteras, hospitales, cárceles y oficinas, son un ejemplo de que el gobierno federal está resuelto en generar entornos propicios para que haya más inversión, más empleos formales, y por tanto más crecimiento económico.
El último rubro es el sector externo. Aunque mediáticamente la depreciación del peso se ha vuelto un estandarte de los antisistema, la realidad es que la mayoría de los mexicanos no los utilizan. Estas fluctuaciones mantienen competitivas nuestras exportaciones, y sólo afecta al sector del país que consume productos importados, o que produce y da servicios con un alto contenido de importación.
La teoría económica no falla, porque justamente la mezcla de un gasto más efectivo de Hacienda, un entorno con mayor inversión privada y un sector de exportaciones más competitivo, es lo que ha permitido que desde 2010, el crecimiento del PIB nacional sea en promedio de 3.2% anual, mayor al mundial (2.9%) y muy por encima del que tuvo Estados Unidos (2.1%), lo que contrasta con algunos países en franca recesión, justamente por su dependencia a los ingresos petroleros.
Finalizo alertando sobre las recurrentes propuestas de campaña donde los recursos solo cambian de una mano a otra, como bajar salarios o privatizar bienes que hoy son públicos, porque vender el avión presidencial es eso justamente. Necesitamos propuestas enfocadas a generar riqueza y empleos, pero que éstos se repartan equitativamente para disminuir la enorme desigualdad que impera en miles de comunidades. No necesitamos un nuevo modelo económico, necesitamos ajustarlo, redirigirlo, redimensionarlo, para que los objetivos del sistema nos permitan alcanzar el México incluyente que sí es posible.
¡Hasta nuestro próximo encuentro!
*Expresidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, A.C. Sígueme en Twitter @PerezSoraya

¿Por qué es importante que haya mujeres legislando?

Ésta es una ocasión especial porque a partir del día de hoy “Entre números” podrá ser leída en todos los medios de Grupo Cantón en el sureste y centro del país, por lo que quiero iniciar mi columna haciendo un cálido y profundo agradecimiento a Don Miguel Cantón Zetina, Director de este gran equipo por brindarme este espacio. Estimado Miguel, tu amiga y paisana se siente muy honrada y arropada, estoy convencida de que juntos continuaremos incidiendo para bien de los lectores de nuestro país, compartiendo ideas, información crítica y de alto nivel, pero sobretodo y lo más importante, muy cercana a la gente y con ello, motivaremos a nuestras amigas y amigos a seguir consolidando el México que sí es posible, un México incluyente y bien informado.

Ahora bien, el Congreso es, por excelencia, el espacio donde está representada la pluralidad de visiones y puntos de vista que habitan y conviven en nuestro país. Es, o debería ser, la casa de los acuerdos, donde se privilegian las coincidencias por encima de las diferencias. Lo anterior, con el fin de contribuir a generar soluciones incluyentes y de largo alcance a los problemas que aquejan a nuestro país.

El Poder Legislativo no es sólo un órgano de deliberación; también es un espacio en el cual, mediante la creación de leyes, se toman decisiones y se diseñan políticas públicas, sin dejar de mencionar que también es donde se define el presupuesto, que es lo que fija rumbo y prioridades de un gobierno.

En suma, lo que sucede o deja de suceder en el Congreso, tiene grandes implicaciones de cara a los desafíos nacionales, muchos de los cuales, están relacionados con los derechos de nosotras, las mujeres.

Me refiero a obstáculos que enfrentamos en el día a día y que van desde la violencia de género (el 66% de las mujeres de 15 años ha sufrido al menos un incidente de violencia en su vida) o la injusta brecha salarial (una mexicana suele ganar 30% menos que un mexicano por el mismo trabajo), hasta la enorme desigualdad en el acceso a oportunidades (¿en cuántas familias no persiste la idea de que sólo el niño siga estudiando, porque la niña se va a casar y atender el hogar?), y en las organizaciones, las mujeres están predestinadas a puestos de nivel medio o secretariales, o las limitaciones a su participación en la vida pública.

En este último punto, hay que reconocer que, gracias a la reforma político-electoral impulsada por el Presidente Enrique Peña Nieto, hoy a nivel federal hay más mujeres legisladoras que nunca antes, lo cierto es que esta transformación aún debe llegar a cada rincón del territorio.

No se debe perder de vista que las limitaciones al desarrollo de las mujeres, son limitaciones al desarrollo del país, y que México solo puede desplegar todo su potencial económico, en la medida en que lo pueda hacer el 52% de la población, conformado por nosotras, las mexicanas. Las mujeres somos, en muchísimos casos, el sostén de nuestras familias, comunidades y espacios de trabajo, aportamos parte de una visión que enriquece, y por tanto, necesitamos que nuestra voz y experiencia se refleje en los distintos ámbitos económicos, y sobre todo políticos.

Al respecto, la evidencia a nivel nacional e internacional es muy clara: cuando podemos actuar con libertad, ejercer nuestros derechos, emprender, opinar y participar en la toma de decisiones, entonces se genera mayor prosperidad en la sociedad.

Pero para que ello sea posible, hay que vencer muchos obstáculos que en México aún tenemos. Concretamente, hay que vencer prácticas y estigmas que limitan nuestra contribución al bienestar social. Se trata de una tarea de Estado, que no acepta demagogias, voluntarismos, ni decisiones unipersonales. Y en la que, por sobre todo, el Poder Legislativo está llamado a jugar un papel clave.

Por eso el Congreso debe estar integrado por más mujeres preparadas, que hayamos vivido en carne propia la desigualdad, y que tengamos la claridad conceptual, la capacidad técnica y la voluntad política para convocar a la suma de esfuerzos y el diseño de políticas y programas incluyentes que contribuyan a vencer las barreras de género, que no son otra cosa sino barreras al progreso de México.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana, A.C. Sígueme en Twitter @PerezSoraya