Capacidad autodestructiva de Miguel Ramón

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A lo largo de su vida, Miguel Ramón Martín Azueta ha demostrado cuán autodestructivo puede ser.

Capacidad singular en verdad. Porque igual ha destruido su matrimonio que su fama pública, una lechería o un diario. Negocios y política terminan mal en sus manos. ¿Por qué? Es un misterio digno de estudio psicológico.

Lo cierto es que quiso ser diputado federal. Tal vez por consejos de sábanas blancas, por ambición desmedida cuando tenía una de las posiciones más importantes de este gobierno. Quiso ser diputado federal pensando que el estado, el gobierno, el país eran los de antes. Que, simplemente, se cambiaban las siglas de los partidos políticos…

Y no fue así.

Cualquiera con dos centímetros de previsión hubiese medido el riesgo frente a la fuerza de Andrés Manuel López Obrador en el estado, donde ya había ganado dos elecciones presidenciales pese al dinero gastado por el PRI.

Si no se le ocurrió esto, habría que conocer, él sobre todo, al gobernador Carlos Joaquín. Habría que haberlo oído decir, siempre, que no iba a meter las manos en la elección, que no iba a haber dinero del gobierno para los candidatos. Es decir, debió haber escuchado que ser candidato a diputado federal no equivalía a serlo, a ganar.

¿Fue mal candidato? Supongo, por lo menos su campaña pasó de noche.

Incuestionablemente perdió. Y, vaya que perdió todo, no solamente la diputación federal, sino el rumbo. La ubicación mínima de su realidad.

Porque ahora resulta que es fácil morder la mano que le dio de comer. La de Carlos Joaquín que lo llevó con él, que lo nombró en la posición más importante de su gobierno. Ahora resulta que se llena la boca echándole la culpa a su “amigo” el gobernador de su derrota, y habla de una “decepción” del gobierno del cambio, así le llama textual.
Como si no hubiese sido, hasta hace unos meses, parte de ese gobierno. Y por tanto responsable.

¿Por qué perdieron los candidatos del Frente en Quintana Roo? Supongo que cada cual tendrá su respuesta. Pero, definitivo, no perdieron por Carlos Joaquín, que ha repetido que no pertenece a ningún partido político.

Yo diría que perdieron porque la realidad es más fuerte que cualquier interpretación que se le quiera dar. Porque Morena aglutinó esperanza de millones de mexicanos en todo el país. Era una batalla difícil para cualquier candidato, pero algunos ganaron pese a eso.
No fue el caso de Miguel Ramón. ¿Esto justifica su amargura? Este fracaso no explica sus declaraciones contra el gobernador Carlos Joaquín.

El que traiciona una vez, vuelve a traicionar. Al menos eso dicen. En el caso de Miguel Ramón habría que agregar que su capacidad autodestructiva supera cualquier análisis, ahora golpeando al pesebre, olvidando hasta el mínimo de buen gusto a guardar…

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