Prisiones, “escuelas del delito”

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CANCÚN, Q. Roo.- El psicólogo Cristian Hernández Villarreal realizó un estudio en cárceles del país sobre las relaciones de determinados factores psicosociales, con los niveles de estrés y malestar psicológico en prisión. Una muestra de 60 internos voluntarios de un centro penal respondió una encuesta sobre apoyo social objetivo, clima emocional, valores grupales, sucesos en prisión, participación en actividades en prisión, estrés y malestar psicológico.

En ese contexto, es concluyente al decir que la prisión preventiva influye en el hacinamiento del Centro de Rehabilitación, por cuanto hoy en día es la medida cautelar mayor aplicada, sin tomar en cuenta que la misma afecta el derecho de libertad personal, y a su vez dejando un lado la emisión esta medida, ya que como es de conocimiento público la Prisión Preventiva deberá aplicarse únicamente cuando las demás medidas cautelares fueren insuficientes para asegurar la comparecencia a juicio, ésta se la aplica únicamente en casos excepcionales.

Cuando se dicta la Prisión Preventiva, el procesado o acusado de un delito es obligado a ingresar en prisión, durante el tiempo de investigación, hasta el día de juicio, en el cual se lo declarará culpable o inocente.

El ministro de culto, Natanael Hernández Rivera, quien es un conocido pastor en la cárcel pública, explica que para nadie es un secreto que en las cárceles de Quintana Roo, los motines, la violencia y el hacinamiento son moneda común, hay miles de personas, sin mirar su condición social, que pagan condenas por cometer delitos menores o porque no tuvieron un apoyo legal adecuado; viviendo de esta manera verdaderos infiernos donde los derechos humanos no cuentan, haciendo de las personas que habitan ahí presa fácil de los múltiples atropellos que contra los reos se presentan, “Aquí te pones macho o se te suben, pero si eres abusado la puedes pasar chido (bien)”, señala.

En un análisis realizado por el Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (Ilanud) indica que en esta región “las prisiones, lejos de ser lugares donde los reclusos y reclusas reparan el daño causado y se rehabilitan para volver a la sociedad, se han convertido en depósitos de seres humanos y verdaderas escuelas del delito”, haciendo del habitad de la prisión un lugar donde solo sobrevive el más fuerte ya que una vez adentro se tienen que ganar un lugar y no pueden descuidarse ni cuando duermen, pues todo está lleno de ladrones y asesinos y otras “especies”, testimonio vivo de muchos reos quienes manifiestan no tener ningún plan futuro para cuando cumplan su condena.

OBSOLETA CÁRCEL DE CANCÚN

El Centro de Reinserción Social de Cancún se encuentra a punto de reventar, con una población de mil 800 internos, lo que representa el doble de su capacidad, en unas instalaciones que resultan obsoletas y antiguas.

De esta manera, el problema de hacinamiento es bastante grave en la prisión, con una sobrepoblación del 100 por ciento y esta situación ha prevalecido durante varios años.

Los encargados de la seguridad de la cárcel, en diferentes momentos, han señalado que la única solución es la consolidación del proyecto para continuar la construcción del Cereso en un terreno cerca del poblado de Leona Vicario, en la carretera libre hacia Mérida, en una obra que se encuentra abandonada.

Y es que la sobrepoblación ha generado constantes riñas y hasta fugas de reos, pues el año pasado 13 internos huyeron, la mayoría de éstos brincaron las bardas del penal.

La cárcel de Cancún cuenta con una población de aproximadamente mil 710 hombres y 90 mujeres.
Debido al grave hacinamiento, de 10 a 12 reos ocupan una misma celda y pasan las noches por medio de colgar hamacas unas sobre otras y algunos duermen prácticamente en el piso, según las versiones de algunos familiares.

Tráfico
Los reos de la cárcel de Cancún tienen acceso a prácticamente cualquier cosa. Por lo general, lo más solicitado son las drogas, pero también las bebidas embriagantes, celulares, masajes y sexo servicios. Para esto, han recurrido a diversas estrategias para introducir lo que necesitan, en algunas ocasiones haciendo uso de su ingenio y en otros casos, existe la sospecha de la complicidad de algunos custodios.

Así, las bardas de la prisión no han servido para aislar a los internos, pues no solo las han brincado para darse a la fuga, sino que además tampoco han servido para frenar la entrada desmedida de drogas, principalmente de cocaína y marihuana.

 

CONDUCTAS DESPIADADAS

Cuando una personas es sometida a constante estrés, puede reaccionar de una manera violenta, jamás esperada, es cuando se dan los enfrentamientos entre grupos “sin razón alguna”, porque estas personas no reciben atención psicológica, y dista mucho el objetivo de reinserción social, abunda el especialista en la conducta, Hernández Villarreal.

Luego entonces, agrega, las personas privadas de libertad, son privadas prácticamente de todos sus derechos fundamentales y sometidos a condiciones insalubres y violentas, que constituyen en sí mismas una pena cruel, inhumana y degradante.

Referencia la investigación de la Comisión Latinoamericana por los Derechos y Libertades de los Trabajadores y los Pueblos, que sostiene que las cárceles constituyen para un porcentaje de los detenidos, “el inicio de la escuela que lo graduará de delincuente”, mientras que para la mayoría es “la práctica diaria por ganarle un día más a la muerte”. Los homicidios al interior de las prisiones ocurren en una relación 25 veces más alta que en la vida en libertad, y el número de muertes por suicidio es al menos ocho veces mayor.

Por otra parte, el inhumano hacinamiento de los presos en las cárceles del estado, determinado por el abusivo empleo de la prisión preventiva y por el lento y engorroso trámite de los procesos, determinó que se echase a andar el nuevo proceso de justicia penal acusatorio, pero que no se ve avance por el rezago que existe de los casos del sistema tradicional. (Antonio Alcocer / Martín G. Iglesias / QUINTANA ROO HOY)